Coaching y Desarrollo Personal 


La rutina me persigue

 

El hombre, desde el principio de los tiempos, ha mantenido varias luchas importantes: contra el clima, contra sí mismo, contra el que dirán, contra el paso del tiempo. Pero vamos a centrarnos en una igual de longeva que las mencionadas anteriormente: la lucha del ser humano contra la rutina. Esa vieja compañera de viaje que no hemos elegido, ¿o sí?

La rutina me persigue

La rutina me persigue

Siempre se habla de ella de manera despectiva, como si la rodease permanentemente un halo, no de gloria, sino de fracaso. Sin embargo, la gran mayoría de las personas viven en una constante apertura de puertas hacia la rutina, puesto que contratando una hipoteca, contrayendo matrimonio o firmando un contrato de trabajo, nos estamos metiendo de lleno y, voluntariamente, en rutinas casi de por vida.

Entonces, ¿la rutina es impuesta o elegida? En un principio se podría pensar que es la primera opción, es decir, forzada e incitada por una sociedad consumista, materialista y arcaica. En cambio, tras un sucinto análisis, se puede afirmar que en muchas ocasiones somos nosotros mismos quienes no sólo la elegimos, sino que deseamos dichos hábitos cotidianos, ansiando una propiedad o un mismo trabajo de manera indefinida.

Además si no es así, se es tachado de diferente y casi apartado del grupo, ya que todavía hoy en el 2013 quien no desee los cánones prefijados de lo que se define como normal, es un incomprendido.

Cambiar de trabajo a una edad ya avanzada y sin necesidad, se tilda de inconsciencia, no poseer casa fija se ha llegado a definir como locura y no casarse de poco responsable. Pero jamás se toman dichas acciones como sellos de identidad respetables, que usa alguna gente como herramientas para salir victorioso de esta eterna batalla que mantenemos con la vieja rutina.

No obstante, ¿y si la rutina no es el perseguidor sino que se trata de el perseguido? ¿y si la necesitamos más de lo que la criticamos? entonces, ¿de qué nos quejamos?

Propongo que no sea ni un concepto ni el otro, sino que veamos lo rutinario como un compañero de viaje que nos acompaña a nuestro lado, de igual a igual y necesitándonos mutuamente, porque a pesar de que protestemos de lo cotidiano cuando nos falta se echa de menos, ¿por qué será?

 

Imagen │Despertador

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