Especial II Guerra Mundial, Historia 


La roja sobre el Reichstag (ruski también tiene su fake)

A falta de una imagen del cadáver de Hitler -la última, de esta misma semana, es que huyó y actualmente está enterrado en Galicia (!)-, no existe una imagen más elocuente sobre el final de la Segunda Guerra Mundial como la realizada justo hoy, hace 70 años, en pleno corazón de Berlín: los soviéticos izando su bandera, con la hoz y el martillo, en la azotea del Reichstag. ¡Qué momentazo! Lástima que la fotografía esté algo trucada

Si hace algunos meses escribí sobre el aniversario de la archiconocida (y polémica) instantánea que tomó Joe Rosenthal en la cima del Suribachi, hoy -día del Trabajador, con la Internacional atronando de fondo- me toca narrarles el preparado que los rusos hicieron como respuesta a sus ‘aliados’ y futuros enemigos durante la Guerra Fría. Créanme, la rivalidad artística existió y entre potencias, al igual que entre hombres, fue una cuestión de tamaño. Ya me entienden, de la importancia de tenerla (la bandera, entiéndase) más grande y alta que el otro. Nihil novum sub sole

Lo dicho, corría el 30 de abril de 1945 en la asediada capital del Tercer Reich cuando a alguna esteparia mente pensante se le ocurrió la audaz idea de que levantar el gallardete soviético sobre uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad -su simbólico y achicharrado ‘Parlamento’- e inmortalizarlo en una instantánea simbolizaría, pars pro toto, la inminente y definitiva caída del nazismo, o sea: Alles deutsch kaputt! Y hete aquí que justo por allí pasaba, casualidades de la vida, el ucraniano Yevgeny Khaldei (Yuzovka [Ucrania], 10 de marzo de 1917 – Moscú, 6 de octubre de 1997), fotógrafo de la TASS, la agencia oficial de prensa del régimen soviético.

Nuestro protagonista, ávido de fama, se dirigió hacia el Reichstag con la firme idea de ‘hacerse un Iwo Jima’ que le reportara la misma notoriedad que a Rosenthal su foto de los marines sobre el volcán nipón. Con el icono yankee en la retina, su Leica III y una gran bandera soviética -hecha con un mantel y retales– se dirigió presto al terrado del tiempo ha inoperativo Parlamento dispuesto a quedar para la eternidad como uno de los fotógrafos más afortunados de la Historia. Por el camino hacia su gloria se topó con los sargentos Mikhail Yegorov y Meliton Kantaria a los que pidió que le acompañasen, escaleras al cielo, para figurar en el momento culmen de la cruenta batalla de Berlín (16 de abril – 2 de mayo de 1945). Sobre el tejado del señero edificio, último reducto del Reich que defendían las vehementes Waffen-SS, les hizo todo un reportaje cual book de modelos -ponte así, ahora asá, tú cógele que no se nos caiga- posando con la bandera del triunfante Ejército Rojo sobre las estragadas ruinas berlinesas. Concluido el trabajo regresó a Moscú con una sonrisa en la boca: iba a hacerse famoso.

Pocos días después, tras la rendición incondicional de Alemania, la revista Ogonyok publicaba la célebre instantánea donde dos soldados de la Unión Soviética hacían ondear la bandera roja sobre el cielo tudesco, representando, per se, la victoria de los hijos de la gran madre Rusia frente al diablo nazi. La imagen se convirtió en un icono del siglo XX y figura, desde ese momento, en los anales de la Historia como uno de los más efectivos instrumentos propagandísticos de todos los tiempos: la fotografía, como última creación digna del Arte Contemporáneo, al servicio retórico del poder comunista. Por su parte, la bandera, llamada de la Victoria, se arrió para su salvaguarda y hoy día se honra en el Museo Central de las Fuerzas Armadas de Rusia en Moscú. Hasta aquí la versión oficial

Foto nº 2 (retocada)

Alzando la bandera sobre el Reichstag (Yevgeny Khaldei, 2 de mayo de 1945)

Ahora la letra pequeña, porque todo huele a chamusquina. Aunque Berlín, durante la primavera de 1945, sólo estaba defendida por las Juventudes Hitlerianas, ancianos y saldos de unidades supervivientes, la lucha por la ciudad y el simbólico Reichstag fue tremendamente enconada y para el día 30 de abril, presunta fecha de nuestra fotografía, ni esta urbe ni el edificio habían sido conquistadas completamente. Al parecer sí que varios soldados, en distintos puntos, izaron algunas banderas soviéticas sobre el Parlamento como símbolo de Victoria pero al poco tiempo el intenso fuego del enemigo hizo que éstas se vinieran abajo y no pudieron ser inmortalizadas. Todo apunta a que la famosa instantánea de Y. Khaldei es, en realidad, una recreación de los hechos acaecidos durante el 30, pero con la ‘tranquilidad’ que se respiraba el 2 de mayo, una vez reducidos los últimos núcleos de resistencia. A este respecto basta con ver, en la parte inferior de la fotografía, al personal ‘paseando’ por las calles…

Pese a que el sargento de la pilotka que sostiene la bandera pronto se identificó con M. Kantaria y fue condecorado como corresponde a un héroe soviético, tampoco parece que éste fuese el genuino que levantó el gallardete cuando el arreciaba el combate. Por lo visto fue elegido a dedo para la escena por las autoridades soviéticas debido a su origen georgiano, el cual compartía con el tovarich Stalin, considerándose muy oportuno concederle el mérito a uno de sus compatriotas, eso sí, ayudado por un ruso de pura cepa (fraternidad eslava ante todo, faltaría).

Pero lo más interesante de la fotografía es que además de ser un montaje teatral, ésta fue retocada, con oscuridad y alevosía tras su revelado en Moscú, en al menos dos conocidos aspectos. Y la suerte es que se han conservado las dos versiones para jugar al ‘busca las diferencias’.

Foto nº 1 (sin retocar)

La fotografía original…en la que se ven los dos relojes que llevaba el sargento Mikhail Yegorov y mucho menos humo de fondo.

El primer arreglo, y más ‘gracioso’, puede verse cerca de las manos del suboficial que sujeta a su amigo para que no se abra la crisma durante el posado. Como se aprecia claramente, en la toma primigenia, el militar lleva en cada muñeca un reloj. Por arte de magia -y los balbuceos del proto·Photoshop- en la imagen que se hizo pública sólo porta uno. Las autoridades soviéticas consideraron que no procedía que todo el mundo conociera que sus muchachos, aparte de luchar por la Libertad contra los Malos, también se dedicaban al pillaje… (por no hablar de las violaciones sistemáticas -secundando la otra vieja tradición de Las Troyanas– narradas en el diario Anonyma del que existe una escalofriante y no muy conocida película que les recomiendo). El otro apaño forma parte del paisaje, para dotarlo de mayor dramatismo se coloreó el fondo con un par de columnas de humo negro alzándose al cielo, en un perfecto maridaje épico con la ruina del skyline berlinés mostrando la terrible devastación de la guerra. Qué duda cabe, de esta manera la foto adquiría mayor decoro y capacidad emotiva y así la hemos conocido hasta la caída del Telón de Acero.

Tras la desaparición del régimen soviético el mundo se hizo oídos de ‘la verdad’ (en Historia, siempre entre comillas) y otros soldados -Alyosha Kovalyov, Abdulkhakim Ismailov, Mikhail Minin- recibieron honores por la toma del Reichstag y el izamiento de banderas. Paradójicamente peor suerte corrió nuestro fotógrafo. Tras la caída del Reich, cubrió los juicios de Núremberg realizando algunas célebres instantáneas de los jerarcas nazis, pero en 1948 el que fue llamado Robert Capa de la URSS no se libró de la represión estalinista a los hebreos. La fama que ambicionaba, traducida en reconocimiento internacional, no le llegaría hasta entrados los años 90’ del pasado siglo. En una ceremonia celebrada en Perpignan,  a la que también asistió J. Rosenthal, el homenajeado señaló la ironía histórica de ambas fotografías: dos banderas, dos victorias, dos imágenes (manipuladas)…realizadas por dos judíos. El Führer debe estar revolviéndose en su incógnita tumba…Ya han pasado 70 largos años desde aquel 2 de mayo de 1945. Todo ha cambiado mucho. Hoy día cualquier asociación de la rica Alemania con el Comunismo sólo hace aflorar sonrisas sardónicas. Dudo mucho de que Frau Merkel vaya a celebrar el aniversario de esta señera obra de arte…

Una última reflexión… ¿Nos hemos parado a pensar cuántos muertos hay detrás de cada una de estas dos fotografías? ¿Cuánta sangre derramada para que ondee bien alto el pabellón de turno? Conocemos los iconos, ahora sabemos de su manipulación, pero los cadáveres no salen en las imágenes pese a su eterna inmovilidad…En una ocasión oí decir a Pérez-Reverte que la bandera ‘sólo es un trapo. Coincido al 100% con él. Y parafraseando a Carlos Goñi -y, ya que estoy, adaptándolo un poco a mis intereses- puedo afirmar y afirmo que hoy día, el único trozo de tela por el que merece la pena morir es la sábana que, cada noche, cubre el cuerpo de nuestras progenitoras…¡por aquello de que mañana es el Día de la Madre!

Vía| ANTILL, P., DENNIS, P., Berlin 1945. End of the thousand year Reich, Oxford, Osprey, 2005; BEEVOR, A., Berlín. La caída: 1945, Barcelona, Crítica, 2002; DOVAL, G., Fraudes, engaños y timos de la historia, Madrid, Nowtilus, 2011; HERNÁNDEZ MARTÍNEZ, J., Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Inédita, 2004; NAKHIMOVSKY, A., NAKHIMOVSKY, A., Witness to history: the photographs of Yevgeny Khaldei, New York, Aperture, 1997; WARREN, L. (Ed.), Encyclopedia of Twentieth-Century Photography. Volume 1 A-F, Oxon, Taylor & Francis, 2006.

Más información| Una breve pero muy interesante reflexión sobre la emotividad del montaje frente a lo ‘aséptico’ de las verdaderas tragedias puede leerse en la entrada ‘Falsificaciones’ del magazine El Hype.  Nuestros lectores, que manejen el cirílico, también pueden profundizar en la historia de la bandera en la página web del Museo de las Fuerzas Armadas de Rusia.

Imágenes| Alzando la bandera sobre el Reichstag (fotografía original); Alzando la bandera sobre el Reichstag (fotografía retocada).

En QAH| Especial sobre el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

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