Ciencia, Neurociencia 


La reserva cognitiva

Se ha descubierto que mucha gente después de morir, al hacerle la autopsia, muestra la devastación nerviosa de la enfermedad de Alzheimer, sin embargo durante su vida no habían mostrado ningún síntoma. ¿Cómo es posible? Resulta que esas personas siguieron manteniendo ocupado su cerebro hasta una edad avanzada, permaneciendo activos en sus carreras, estimulando su cerebro mediante ejercicios, aprendiendo cosas nuevas cada día, enfrentándose a situaciones diferentes y estimulantes, en definitiva llevando a cabo actividades que conservaban su población nerviosa en plena forma. Y al permanecer mentalmente vigorosos construyeron lo que nos neuropsicólogos llamamos la reserva cognitiva. No es que la gente cognitivamente en forma no padezca Alzheimer u otras enfermedades neurodegenerativas; es que sus cerebros cuentan con una protección contra los síntomas y estos pasan más desapercibidos o se evidencian mucho más tarde. Aun cuando se degraden partes de su cerebro, poseen otras maneras de solventar los problemas. No se quedan atascados buscando una sola solución, sino que, gracias a haberse pasado toda la vida buscando y elaborando estrategias redundantes, poseen soluciones alternativas. Cuando se degenera alguna parte de su población nerviosa, prácticamente ni siquiera se la echa de menos.

Este fenómeno no es exclusivo de la afectación cerebral debida al paso de los años o a las enfermedades neurodegenerativas, también vemos como en pacientes que sufren un daño cerebral sobrevenido, pongamos por ejemplo un ictus, el papel de la reserva cognitiva es muy importante. En todos estos casos, el cerebro no se encuentra en plenas condiciones, está dañado y por tanto su rendimiento no puede ser el mismo que hasta ahora, porque determinadas funciones se encuentran alteradas. Sin embargo, vemos en la práctica clínica que aquellas personas con una sólida reserva cognitiva que sufren una lesión cerebral, se sobreponen de forma mucho más eficiente a esta situación, logrando incluso en ocasiones suplir los déficit actuales gracias a esas otras habilidades preservadas; esto ocurre porque en estos cerebros es más posible que ocurra un mecanismo compensatorio, dónde redes neuronales alternas pueden subsanar el daño patológico ayudando a reemplazar las redes afectadas.

La reserva cognitiva, y la solidez en general, se alcanza cubriendo un problema con soluciones que se solapan. Como analogía pensemos en “un manitas”. Si posee varias herramientas en su caja, perder un martillo no supone el final de su carrera, puede usar la palanca o la parte plana de la llave inglesa para paliar la ausencia. El manitas que solo posee un par de herramientas está en peor situación. Por lo tanto, debemos preocuparnos de surtir del mayor número posible de herramientas nuestra valiosa caja, no estancarnos, hacer de la inquietud nuestra bandera y querer aprender cosas nuevas cada día, mantenernos activos y ser flexibles a los cambios, de esta manera sin darnos cuenta, el día de mañana estaremos mucho mejor protegidos frente al inevitable declive cognitivo.

Más información| Incógnito, las vidas secretas del cerebro. David Eagleman

Imagen| Engranajes cerebrales

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