Jurídico 


La representación parlamentaria y su razón de ser

La crisis institucional que atravesamos a nivel prácticamente global supone la aparición de diversos movimientos que reclaman que se devuelva el poder al “pueblo”. El problema que implican estas reclamaciones es que se pretenden alcanzar los resultados de una forma totalmente rupturista e inconstitucional.

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El hecho de que la Constitución Española se redactara en 1978 no implica que sus redactores no tuvieran presente escenarios como el que vivimos a día de hoy. Desde luego se tuvieron en cuenta. No obstante, el modificar la “Grundnorm” o Constitución, a la que una mayoría abrumadora de españoles dijeron sí en 1978, es una decisión que no puede tomarse a la ligera. La rigidez que se establece en el texto constitucional no está puesta caprichosamente, tiene un objeto. El objeto que se persigue es, precisamente, que cuando se decida llevar a cabo la reforma de la misma se haga, cuanto menos, con el mismo consenso con la que ésta fue aprobada. La idea del legislador constituyente, esto es el pueblo, es que un proceso de reforma constitucional no supusiera un retroceso en relación a la meta que se había alcanzado en 1978.

Y digo que el legislador constituyente es el pueblo porque éste es el que eligió a los representantes que redactaron la constitución y es quien refrendó el texto constitucional. He aquí la razón de ser de la representación parlamentaria. ¿Se imaginan a los 20 millones de españoles que votaron en referéndum debatiendo artículo por artículo el texto constitucional? ¿Se imaginan a 40 millones haciéndolo ahora? Los que ahora traen a colación que aquél texto constitucional fue impuesto simple y llanamente mienten. Únicamente aluden a esos argumentos con el objeto de tratar de desligarse de las rigideces que impone la Constitución para su reforma, saben que con esas ataduras ellos carecen de toda legitimidad para reformar la Constitución a su antojo y por tanto hacen lo único que pueden hacer, esto es, pervertir el debate.

Es cierto que nuestras instituciones han pisoteado en numerosas ocasiones la legalidad constitucional, pero han sido mucho más numerosas las veces en que se ha respetado. No debemos ignorar que el funcionamiento que ha tenido hasta la fecha nuestra democracia no hubiera sido posible sin ese respeto por el Estado de Derecho. Es importante recordar que tan democrático es un referéndum como respetar la legalidad vigente. Las leyes se aprueban por los representantes elegidos democráticamente y por tanto respetar la democracia implica respetar la legalidad y las reglas de juego que nos hemos dado.

Imagen| Rtve

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