Opinión 


La reincidencia apocalíptica

 

Está cada vez más de moda –recordemos la última cumbre de París sobre el cambio climático- anunciar todo tipo de apocalipsis por gentes que incluso siendo bienintencionadas, la mayor parte de ellas viven de y por tanto por están a favor de cuanto peor mejor.

 

Las predicciones apocalípticas ya no son exclusivas de ámbitos religiosos o de movimientos milenaristas, como lo han sido tradicionalmente, y han acabado por contagiar al mundo occidental ―el mundo de la ilustración y de la razón― y resurgir con especial tesón en pleno siglo XX.

Los Límites del Crecimiento

Los Límites del Crecimiento

 

Así pues, cuando en 1972 el Club de Roma hacía su famosa declaración, “Los Límites del Crecimiento”, o, cuando en 1977, el mismo presidente de los EE UU, Jimmy Carter, declaraba por televisión que las reservas mundiales de petróleo podrían agotarse al final de la siguiente década, no hacían más que reincidir en un infundado coqueteo con los finales catastrofistas, y que no ha hecho más que acentuarse en estos últimos cincuenta años.

 

Con el agravante, por si la reincidencia ya no fuera suficiente motivo de gravedad, de que la obsesión apocalíptica está en contra de la evidencia empírica, ya que el progreso científico-técnico impulsado por las revoluciones tecnológicas está proporcionando unos niveles de bienestar crecientes, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, sin paralelo en la historia de la humanidad. Podría decirse que, para los profetas del mal, cuanto mejor, peor.

 

Hay que recordar al respecto que desde comenzaran a ponerse de moda los apocalípticos el mundo ha experimentado el mayor crecimiento de la historia hasta casi exterminar la pobreza extrema de nuestro planeta; y sin embargo el tal Club de Roma sigue existiendo…

 

Los actuales “cuatro jinetes del Apocalipsis” serían:

 

  • Las sustancias químicas que se vierten a la atmósfera.
  • Las enfermedades pandémicas.
  • El exceso de población.
  • El agotamiento de los recursos naturales.

 

Cada uno de ellos por separado o la combinación de algunos de ellos ha servido de base para escenarios amenazadores, como cuando la revista LIFE anunció en 1970 que los habitantes de las grandes ciudades tendrán que llevar máscaras de gas debido a la polución; o cuando se pronosticó que uno de cada cinco varones podría morir infectado por el virus del SIDA; o que la producción de alimentos resultaría insuficiente para la población mundial; y así otras muchas predicciones que han resultado claramente exageradas, hasta llegar a la última gran amenaza: el cambio climático, y los desastres que conlleva, tal como profetizó urbi et orbi Al Gore.

Life The Problem of People Pollution

Life The Problem of People Pollution

 

A pesar de que esta pauta recurrente de anunciar el desastre quede, una y otra vez, desmentida por la historia, ello no nos debe llevar a creer que no existan problemas, algunos muy graves, que suponen una amenaza seria para la sociedad actual, y que hay que afrontar con determinación. Lo que debemos criticar es el carácter apocalíptico con el que se presentan estos compromisos. En este sentido es interesante destacar que la palabra apocalipsis en su etimología griega significa desvelar o poner al descubierto, y que posteriormente es utilizada en la literatura religiosa judía y cristiana, en forma de género apocalíptico para expresar por medio de imágenes y metáforas expectativas positivas hechos venideros tales como una intervención mesiánica o, en el mundo cristiano, la segunda llegada de Jesucristo.

 

Es mucho después, cuando progresivamente va adquiriendo un tinte negativo hasta el punto que acaba por ser utilizada para señalar eventos catastróficos que presagian el colapso civilizador.

Al Gore portada Time

Al Gore portada Time

 

Cabe preguntarse por qué siguen teniendo tanta credibilidad las predicciones catastrofistas cuando la historia demuestra que nunca se han cumplido. Lo cual no quiere decir que no haya que preocuparse seriamente por el medio ambiente y cuidarlo de la mejor manera posible. Pero hay que hacerlo con racionalidad y evitando un extremismo “binario”: o estamos al borde de la catástrofe o es una patraña. Ni una cosa ni otra, pues se trata de problemas reales pero tratables si se abordan de manera razonable; como por ejemplo, la manera en que se han abordado otras cuestiones, como la malaria.

 

Se llegaron a hacer predicciones apocalípticas en el sentido de que, por los efectos del cambio climático, la malaria llegaría a ser una pandemia a escala mundial. Tal cosa es evidente que no ha sucedido debido, principalmente, a que el uso de pesticidas y, en general, el progreso sanitario han contrarrestado el efecto que el aumento de la temperatura podía suponer por hacer más favorable el hábitat en donde se desarrolla el mosquito que la produce y convertirse, así, en pandémica.

 

En definitiva, lo que demuestra la historia es que la humanidad a través de la tecnología y la innovación no solo es capaz de superar desafíos, por muy irresolubles que estos pudieran parecer según los profetas del Apocalipsis, sino que, además, es capaz de hacerlo consiguiendo que cada vez más gente viva mejor.

 

Veamos algunas pruebas empíricas que desmienten a los evangelistas de el apocalipsis medio ambiental:

En los últimos dos siglos la producción por persona se multiplicó por 18 y desde 1950 la pobreza global se ha reducido más que en los 500 años anteriores. Sólo en la primera década de este siglo China ha sacado de la pobreza a más de 200 millones de personas.

ONU objetivos de desarrollo sostenible

ONU objetivos de desarrollo sostenible

Hace un cuarto de siglo la ONU situaba en la pobreza a uno de cada dos habitantes del mundo en desarrollo. Hoy uno de cada cuatro y la renta de dichos países se ha multiplicado por cinco desde 1950.

 

Si hace un siglo el 75% de los nacidos estaba condenado al analfabetismo, hoy sólo lo está un 12%, mientras que el acceso a agua potable y servicios sanitarios básicos ha mejorado en la misma proporción. Los malnutridos de los países en desarrollo se ha reducido desde el 50% en 1950 a menos de un 16% de ahora.

Los niveles de CO2 han aumentado inexorablemente desde 1700, así como todos los indicadores de bienestar humano que se acaban de citar.

 

La innovación tecnológica y el libre mercado – la globalización de la economía- han obrado estos milagros así como que la esperanza de vida haya pasado de 30 años en 1900 a 50 en 1960 y 69 en la actualidad.

 

En 2008, una propuesta para que no se ratificara por parte de EE.UU. el Protocolo de Kioto recogió las firmas de mas de 30.000 científicos.

 

El registro de temperaturas más antiguo del mundo, que data de 1659 en el centro de Inglaterra, puso de manifiesto un incremento de temperatura de 2,2º en menos de 36 años a principios del siglo XVIII; sin embargo el incremento de la temperatura global en los últimos 100 años, según el informe del IPPC apoyado por una red de 2.500 científicos, solo fue del 0,7%. . Además, desde 2001 no se han detectado aumentos.

 

Profesor Lindzen del MIT

Profesor Lindzen del MIT

Para el profesor Lindzen del MIT la relación directa entre el incremento de emisiones de CO2 y el aumento de la temperatura es muy débil.

 

 

Las catástrofes derivadas de una subida del nivel del mar, favoritas de los agoreros, están desmentidas por la realidad; además no es cierto que las subidas del mar se produzcan por igual ya que en Estocolmo el nivel ha bajado 50 cm los mismos que ha subido en Nueva York sin que tengamos noticias de la evacuación de la ciudad.

 

Las supersticiones climáticas siguen erre que erre campando por sus anchas quizás porque la gente las acepta –acríticamente, por supuesto- más guiada por sus emociones que por la razón.

 

En este sentido, puede resultar oportuno acabar diciendo, por si ayuda a rebajar esta obsesión recurrente, que incluso la predicción más apocalíptica de todas: que la tierra acabará desapareciendo a causa del big bang (después de la fase de expansión vendrá una de contracción que engullirá todo el universo), está siendo cuestionada por la teoría del ‘multiverso’, que implicaría su expansión infinita. En conclusión, no resulta ocioso recordar, por si nuestra argumentación no fuera suficientemente contundente, que en el derecho penal la reincidencia agrava las penas.

* Twitter| @jbanegasn
* Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”

* En QAH| Otros artículos de Jesús Banegas
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