Patrimonio 


La rehabilitación arquitectónica del Museo Arqueológico Nacional

‘En la actualidad es habitual dedicar construcciones históricas especialmente protegidas a nuevos usos de museo y fomentar así la conservación de bienes muebles e inmuebles, pero el éxito de este proceso reside en saber valorar el aroma del edificio original y lograr mantenerlo tras la intervención’.

Juan Pablo Rodríguez Frade

Sala de Hispania Romana bajo el patio histórico.

Defensor de las arquitecturas sin sello de autor y especializado en museos, exposiciones y rehabilitación de todo tipo de espacios culturales, la afirmación situada sobre estas líneas es parte del discurso principal de Juan Pablo Rodríguez Frade -Madrid, 1957-, arquitecto de prestigio nacional que ha consolidado su renombre tras haber capitaneado del 2008 al 2013 la rehabilitación integral del Museo Arqueológico Nacional, tarea que comprendió tanto la renovación total del edificio como el diseño de su museografía. ‘En la rehabilitación arquitectónica existen dos conceptos clave’, asegura Frade,- ‘el primero aclara que las nuevas funciones que se incorporan a un edificio han de adecuarse a su forma preexistente‘ -continúa- ‘garantizando además que se empleen técnicas y soluciones constructivas reversibles, que permitieran al edificio volver a su condición anterior en un futuro hipotético’.

Pero además de estas nociones generales sobre rehabilitación, la renovación de un museo de esta talla requiere esfuerzos y destrezas añadidas para armonizar gran cantidad de factores, virtud que Frade ha sabido encontrar en el uso prudente de la tecnología al servicio de la exposición y una reforma integral equilibrada, con un resultado de gran naturalidad en el que el público de cualquier generación encuentra una forma de disfrutar a la par que aprender.

Acceso al Museo tras la reforma.

Acceso al Museo tras la reforma.

Primer edificio de Madrid en ser construido con estructura metálica y caracterizado por poseer una planta rectangular horadada por cuatro grandes patios interiores, el edificio actual del Museo Arqueológico Nacional fue concebido en estilo neoclásico por Francisco Jareño y Alarcón y erigido entre 1866 y 1892 con un uso original como ‘Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales de Madrid‘. Su fundación, promovida por Isabel II, fue motivada por la necesidad de disponer de un gran museo estatal donde, al igual que en otros países europeos en el siglo XIX, se pudieran conservar, clasificar y exponer todos los hallazgos arqueológicos, etnográficos y de artes decorativas del país.

Zona de descanso en el interior del acceso.

Zona de descanso en el interior del acceso.

Este gran coloso presentaba problemas de diversa índole, cuyos síntomas podían englobarse en una sola dolencia: obsolescencia aguda. El paciente tenía problemas de accesibilidad, sostenibilidad y disfuncionalidad, además de poseer un discurso museístico dispar y desfasado. Tras la convocatoria de un concurso de ideas por parte de la Administración, el proyecto de Frade resultó ganador. Propuso una astuta estrategia que resolvería los achaques que las numerosas reformas parciales no habían logrado curar en esta construcción decimonónica.
Para paliar los problemas de accesibilidad, Frade propuso que se accediera al edificio a través del primer sótano, consiguiendo, además de que la nueva entrada fuera accesible a personas con discapacidad mediante una rampa lateral, preservar intacta la imagen de la fachada y la escalinata de la entrada monumental. Gracias a esta decisión, todos los servicios vinculados al visitante -taquillas, cafetería, tienda, consignas-, también en planta sótano, liberan las salas nobles del edificio para ser utilizadas como soporte de la exposición permanente.

Puesta en escena de la Dama de Elche.

Puesta en escena de la Dama de Elche.

La medida sostenible estrella consistió en cubrir los dos patios históricos con unas ligeras monteras de vidrio, mejorando el comportamiento térmico del edificio y regalando más de tres mil metros cuadrados nuevos a la exposición. La ruta de la visita recupera dinamismo y espectacularidad con la implantación de unas escaleras voladas a ambos lados de los patios, cuya función no solo se limita a comunicar de las cuatro plantas del museo en un alarde arquitectónico, sino que sirven como balcones que observan a vista de pájaro las esculturas de las salas de Iberia e Hispania Romana.

Sala de Grecia.

Sala de Grecia.

La museografía se contagia de ese respeto histórico para dar intensidad a la relación entre obra y visitante a la vez que preserva en óptimas condiciones de temperatura, humedad y seguridad las piezas exhibidas. Los discretos tonos tabaco de los expositores y los delicados acentos de luz sobre las piezas realzan la lectura del espacio y de las colecciones, enriquecidos con ciertos hitos que salpican la visita: las estaciones táctiles para invidentes sobre las cuales reza un curioso cartel de ‘prohibido no tocar’ y la intencionada pincelada escarlata que tiene el fondo escenográfico de la Dama de Elche, pieza reina del Museo.
El interior se remata con una pátina terrosa hecha de mármol travertino en suelos y de viva madera de Merbau en paramentos y techos, materiales nobles que dotan de calidez y unidad toda la intervención, transformando el antiguo gigante deteriorado en una valiosa joya propia del siglo XXI que hoy se clasifica entre los mejores museos europeos y rehabilitaciones de buen gusto.
Para más información no dudéis en pasar por la Calle Serrano, número 13.

Más información| Museo Arqueológico Nacional

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En QAH| La historia de un Museo de Historia

Vídeo| YouTube: Museo Arqueológico Nacional

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