Jurídico 


La Reforma Constitucional

El pasado martes 27 de septiembre de 2011 fue sancionada por el Rey la segunda reforma que ha sufrido la Constitución Española de 1978 en toda su historia, después de modificarse, por vez primera, allá por 1992. En este artículo no nos interesaremos por el contenido de la reforma sino por el hecho de que la Constitución haya sido reformada.

Llama la atención que en más de treinta años de vigencia de la Constitución sólo se haya reformado en dos ocasiones. Esto es fruto del recelo que provoca en gran parte de la clase política y en la sociedad en general una reforma de la Carta Magna. El fundamento principal de estos escépticos es que, al reformar la Constitución, se está rompiendo con el consenso constitucional alcanzado en la Transición, que concluyó en la promulgación de la Constitución que hoy tenemos, después de haber vivido un largo período de dictadura.

 Pues bien, en modo alguno es cierto que ese consenso constitucional que hubo entonces se rompa si reformamos la Constitución, pues, es la propia Constitución la que prevé mecanismos para su reforma, mecanismos que fueron aprobados e incorporados a ésta, fruto de ese mismo consenso constitucional.

Fue voluntad del constituyente, igual que la plasmación de cualquier otro derecho o disposición presente en la Constitución, el que ésta pudiese ser reformada y modificada, incluso en su totalidad o en sus aspectos más fundamentales. Fue el propio constituyente el que consideró que la Constitución debía ser una norma lo suficientemente sólida y rígida como para sustentar y conformar todo el ordenamiento jurídico español, pero que a la vez tuviese la capacidad de adaptarse y moldearse para poder seguir siendo ese soporte pese a los cambios que se produjeran en la sociedad y en la realidad de cada tiempo.

Para ello, dispuso de dos mecanismos de reforma aplicables en función de la profundidad y entidad de la reforma que se plantee. En cualquier caso, ambos mecanismos exigen unas mayorías más que cualificadas, para poder reproducir de nuevo y de la forma más fidedigna posible el consenso constitucional hallado en 1978, de modo que la decisión de reforma sea absolutamente mayoritaria y la Constitución no quede a expensas de los cambios o vaivenes en del Gobierno de turno. Esto haría que la seguridad en el sistema constitucional se redujera muchísimo, desbaratándose el fundamento de lo que una Constitución significa, que es, precisamente, proteger a los ciudadanos frente al poder político y su arbitrariedad.

El primero de los dos mecanismos lo encontramos recogido en el artículo 167 de la propia Constitución:

Artículo 167.

1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.

2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso por mayoría de dos tercios podrá aprobar la reforma.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

 Este mecanismo es el general, el menos gravoso y menos exigente de los dos.

 El segundo se encuentra recogido en el artículo siguiente y consiste en:

Artículo 168.

1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título Preliminar, al Capítulo II, Sección I del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

Este mecanismo se requerirá cuando lo que se trate de reformar sea la Constitución en su totalidad, su Título Preliminar, alguno de los Derechos Fundamentales o los preceptos recogidos dentro del título referido a la Corona.

Por todo esto, no debemos tener miedo o desconfiar de una reforma constitucional, de hecho, si realmente se detecta la necesidad de llevarla a cabo será algo que redundará en provecho del Estado y de los ciudadanos, ya que acercará la Constitución a la realidad de los ciudadanos, de forma que la propia norma será mejor valorada.

Actualmente, debe plantearse seriamente una reforma constitucional en diferentes ámbitos; como el modelo autonómico, la sucesión al trono y la reforma del Tribunal Constitucional, entre otros.

Vía| Constitución Española

Imagen| Sanción de la Constitución

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