Derecho Mercantil, Jurídico 


La protección de las denominaciones geográficas de los productos alimenticios

Me encuentro orgulloso y honrado de participar a esa iniciativa tan original de un grupo de jóvenes entusiastas y emprendedores, animados por el espíritu de aprender, sin esfuerzo y de un modo casi lúdico, algo nuevo cada día.

A través de una plataforma interactiva que permite compartir sus conocimientos sobre diversas ramas del saber, cada cual se vuelve a su vez  profesor y alumno, se aprende y se enseña simultáneamente.

Apoyo ese proyecto con muchísima ilusión, y espero que la comunidad QAH siga creciendo.

La protección de las denominaciones geográficas de los productos alimenticios.

De conformidad con el Derecho de la Unión europea, de aplicación en el conjunto de sus Estados Miembros, está rotundamente prohibido inducir a error al consumidor en cuanto al origen geográfico de los productos alimenticios. Deberán inflingirse sanciones administrativas y/o penales a todo aquel, que por medio de un etiquetado erróneo, haya inducido a confusión sobre el mencionado origen.

Este principio aparentemente simple y absoluto cubre sin embargo una realidad más bien compleja.

Así, en primer lugar, existen dos casos en los cuales la indicación, en el etiquetado de un producto alimenticio, de una referencia geográfica que no corresponde en absoluto a la realidad no es reprensiva.

El primer caso, y el más simple, cubre las “denominaciones de fantasía”. Por ejemplo, si un productor de helados localizado en Jaén pusiera en la etiqueta de su producto “Siberia” o “Alaska”, su objetivo no sería de proporcionar al consumidor una indicación concreta sobre el origen del helado: un consumidor medianamente informado es normalmente consciente que se trata en este caso de una denominación imaginaria, destinada exclusivamente a sugerir de manera metafórica  el frescor intenso de dicho helado.

El segundo caso, bastante más complejo, se refiere a las “denominaciones genéricas”. No se deberá perseguir a un fabricante si, por ejemplo, produjera en Helsinki un queso con leche de vaca llamado “Camembert” y eso aunque el pintoresco pueblo normando de Camembert haya dado su nombre a dicho queso célebre mundialmente, creado allí a fines del siglo XVIII.  Pues el vocablo “camembert” se percibe en la Unión europea como una denominación genérica, tras haber perdido, progresivamente, su vínculo geográfico inicial. Al día de hoy, camembert es simplemente el nombre común de un producto que se puede elaborar en cualquier lugar del mundo, y forma parte del patrimonio gastronómico universal (A este respecto, la apreciación del carácter genérico de una denominación constituye técnica y jurídicamente un ejercicio extremadamente complejo y delicado. Véase por ejemplo la “saga” relativa a la apreciación del carácter genérico del queso de origen griego “Feta”, que siguió un procedimiento jurisdiccional “apasionante” que duró cerca de una década (véase la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europa de 24.10.2005, y las conclusiones muy interesantes del Abogado General  Jarabo-Colomer sobre el asunto).

Fuera de los dos casos ya mencionados, deberán las autoridades de control en cada Estado Miembro de la Unión sancionar las indicaciones de origen engañosas, para proteger adecuadamente a los consumidores y asegurar la lealtad de las transacciones comerciales. Sin embargo, dichas autoridades deberán averiguar si se trata de una indicación de procedencia “simple” o “calificada”.

Una indicación de procedencia simple se refiere al origen real de un producto alimenticio, haciendo abstracción de prescripciones cualitativas. Así, la indicación “cerveza de Varsovia” puede designar de igual manera una cerveza negra, rubia o ambarina, con un contenido en alcohol muy variable y con métodos de producción potencialmente muy diferentes, basados tal vez en la utilización de materias primas  heterogéneas. En el mismo contexto, la indicación “ternera de París” no proporciona por sí misma ninguna garantía en lo que se refiere a la raza bovina o a su alimentación, al modo de cría extensivo o intensivo etc. Así, el consumidor que inicialmente hubiera podido apreciar tal producto que reviste un origen geográfico específico no tendrá la  certeza de encontrar las mismas cualidades específicas si volviera a comprar un producto que invoque un origen geográfico similar.

Al contrario de lo que precede, una indicación de procedencia calificada establece una correlación entre el origen geográfico de un producto alimenticio y la calidad específica de éste. Dicha correlación sólo se puede imponer por vía normativa a nivel de la Unión Europea (Véase el Reglamento (CE) No 510/2006 de 20 de marzo de 2006, que no cubre sin embargo los vinos y las bebidas espirituosas, amparados por una legislación distinta), cuya legislación  vigente permite registrar sea “indicaciones geográficas protegidas” o  “denominaciones de origen protegidas”.

Estos vocablos cubren conceptos vecinos, teniendo como denominador común asegurar un nexo real e indisociable, entre una denominación geográfica y el terruño de donde procede el producto alimenticio en cuestión, avalado por un pliego de condiciones precisas: cualquier productor que desee utilizar tal denominación geográfica protegida a nivel europeo, deberá escrupulosamente respetar dicho pliego de condiciones.

A fines de 2011, se cuentan 1040 denominaciones geográficas protegidas respecto a productos alimenticios en el seno de la Unión Europea, entre las cuales 152 denominaciones españoles tales como Manchego, Jamón de Huelva, Mazapán de Toledo, Cabrales, Turrón de Alicante, etc. A tal fin se encuentra la base de datos DOOR de la Unión Europea que contiene el listado de estas indicaciones y reproduce los pliegos de condiciones vinculantes de cada una de ellas.

 Imagen| Camembert

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