Jurídico 


La promesa de matrimonio

Nos encontramos ante una promesa de matrimonio, tradicionalmente llamada “esponsales”, cuando dos personas manifiestan recíprocamente la voluntad de contraer matrimonio en el futuro. Por lo tanto, se trata de una fase de preparación del matrimonio regulada en los arts. 42 y 43 del Código Civil (en adelante, CC) en la que aún no se ha celebrado matrimonio alguno, pero la promesa ha sido aceptada por ambas partes, manifestando así una seria voluntad y no sólo un deseo.

Comenzando con el análisis del art. 42 CC, vemos que “no se admitirá a trámite la demanda en que se pretenda su cumplimiento”, de modo que las demandas dirigidas a exigir el cumplimiento de la promesa de matrimonio serán inadmitidas. Esto es así, ya que uno de los requisitos básicos del matrimonio es el consentimiento de los contrayentes (art. 45 CC), el cual para ser válido debe ser espontáneo y libre pues no existe obligación jurídica de contraer matrimonio en ningún caso. Por el mismo motivo, se rechaza cualquier introducción de una cláusula penal para reforzar la promesa en caso de su incumplimiento.

El incumplimiento de la promesa de matrimonio puede llevar a la acción de responsabilidad

El incumplimiento de la promesa de matrimonio puede llevar a la acción de responsabilidad

Sin embargo, como la promesa genera una confianza en la celebración del matrimonio es posible que los futuros contrayentes hayan realizado algunos gastos. ¿Qué ocurre con estos desembolsos si finalmente no se celebra el matrimonio? En este caso, el prometido que no ha roto los esponsales o el que los rompe en virtud de una causa que sea imputable a la otra parte (hay una conducta que obliga a apartarse de la celebración), y por tanto, justificadamente, tiene derecho a ejercer la acción de responsabilidad frente a quien incumple la promesa sin causa.

El ejercicio de esta acción dará lugar al resarcimiento de los gastos hechos y las obligaciones contraídas que el demandante haya realizado una vez hecha la promesa de matrimonio (no antes), y en consideración a éste. Aun así, el resarcimiento no comprenderá aquellas obligaciones que pueden resolverse sin ningún perjuicio para quien las asumió, los daños morales (STS de 16 de diciembre de 1996) y tampoco invitaciones y estancias en casa de los padres de uno de los futuros contrayentes por ser consideradas “costumbre generalizada” (STS de 27 de marzo de 1958).

Haciendo referencia a las cuestiones procesales debemos mencionar que el plazo para ejercitar la acción correspondiente es de un año contado desde el día de la negativa a la celebración del matrimonio, para lo cual tendremos que determinar el día en que se produce la negativa ante las posibles discrepancias de ambas partes.

En la actualidad, la promesa de matrimonio apenas tiene relevancia jurídica, de modo que es poco habitual ver algún ejemplo de resarcimiento de daños en caso de la ruptura de noviazgo pero es Derecho vigente y por lo tanto debemos tener en cuenta su regulación y tratamiento.

 

Vía| Sistema de Derecho Civil. Derecho de Familia. Volumen IV. Tomo 1.  Díez-Picazo Luis y Gullón Antonio. Editorial Tecnos, 2012

Más información| Laverdad.es

Imagen| Promesa de matrimonio

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