Historia 


La prehistoria japonesa (III): Período Kofun

El Daisenryō-Kofun, tumba dedicada al Emperador Nintoku (16º emperador de Japón), es la tumba más grande de Japón; fue hecha en el siglo V y se encuentra en la ciudad de Sakai, prefectura de Osaka.

El Daisenryō-Kofun, tumba dedicada al Emperador Nintoku (16º emperador de Japón), es la tumba más grande de Japón; fue hecha en el siglo V y se encuentra en la ciudad de Sakai, prefectura de Osaka.

Sabías que… El período Kofun (300-552/650/710) recibe su nombre de los túmulos funerarios empleados durante esta etapa. Tumbas realizadas a modo de grandes montículos de piedras que cobijaban en su interior cámaras funerarias con los cuerpos de los grandes soberanos o señores del Japón. Se construyeron sobre todo entre los siglos IV y V, aunque todavía fueron empleados durante el siglo siguiente. Localizados principalmente en la región de Yamato, en el triángulo Nara-Kioto-Osaka y en la prefectura de Okayama.

El origen se encuentra en las tumbas de período Yayoi, pequeños montículos de planta rectangular de imitación china. Muy relacionados con “el mito de las montañas”: en el sintoísmo las montañas son lugares sagrados donde viven los kami –deidad- y sirven de plataforma desde la cual los muertos abandonan la vida terrestre para vivir eternamente en el cielo.

En principio esto túmulos serán de planta sencilla (cuadrada, circular o rectangular) pero con el paso del tiempo se irán volviendo más elaboradas combinando formas para crear la plata llamada “ojo de cerradura” como la del emperador Nintoku en Sakai, prefectura de Osaka (fin. S.IV). El centro del montículo albergaba la cámara funeraria  a la que se accedía a través de pasadizos realizados en piedra desde el exterior. En las paredes de piedra se pueden observar pinturas de temática muy variada, desde la vida cotidiana a ritos funerarios. El ajuar funerario contenía objetos cotidianos que simbolizaban su poder en vida. El exterior de las tumbas solían estar rodeados por fosos concéntricos. Inicialmente se plantaban árboles en el montículo pero posteriormente se sustituyó por hileras de pequeñas esculturas cerámicas llamadas haniwa.

La obra japonesa Nion Shoki nos cuenta la leyenda de los haniwa, pequeños cilindros de barro, huecos, que se clavaban en la tierra para servir de drenaje, evitando los corrimientos de tierras durante la época de lluvias. Con el tiempo estas figurillas de barro se irán haciendo mucho más elaboradas y adquieren un nuevo significado como símbolos de poder y riqueza del difunto. Y además servirán de barrera entre el mundo de los muertos y el de los vivos. En el sintoísmo la muerte es impura, por lo que había que mantenerla alejada del “mundo puro”.

Si en el periodo Yayoi se había producido la estratificación de la sociedad, en este periodo se intensificará el proceso y podemos hablar de tres grupos muy diferenciados: los clanes familiares llamados uji, artesanos organizados por oficios en comunidades llamadas be, y los esclavos. Algunos de los clanes guerreros fueron haciéndose cada vez más poderosos manteniendo mayores ejércitos que a su vez podían conquistar mayores territorios en los que producir más y tener excedentes con los que poder comerciar con la vecina Corea y mejorar su tecnología gracias al acceso a metales y técnicas. El clan de Sujin de Yamato va a adquirir una posición preeminente, incorporando clanes enemigos a cambio de puestos dentro de la estructura del reino dominante. Unificando de esta forma el país por primera vez, aunque no podamos aún hablar de la formación de un estado sino más bien de una especie de confederación de clanes.

Bibliografía| Aykens, C., Higuchi, T., Prehistory of Japan, New York, ed Academic Press 1982.

Imágenes| W.Commons

En QAH|La Yakuza, historia de la mafia japonesa, La ocupación japonesa de china

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