Historia 


La Pragmática de Luto y Cera

 

¿Qué es el luto? Es la forma de manifestar exteriormente el dolor causado por la muerte de un ser querido. Su origen lo encontramos en la época de los Reyes Católicos, como consecuencia de la muerte del príncipe Juan en 1497, concrétamente aparece recogido, por primera vez, en un conjunto de leyes que fueron denominadas como la “Pragmática de Luto y Cera”

Obra de Francisco Pradilla, Doña Juana la Loca

Obra de Francisco Pradilla, Doña Juana la Loca

Ya en esta pragmática se recogía que la indumentaria debía ser de color negro, el color de la noche, de la oscuridad, del misterio, de lo tétrico. La muerte ha evocado siempre miedo, y ese miedo se expresa con el negro[1] (antes el color oficial era el blanco) y los actos de dolor medidos y sin plañideras (por llorar demasiado en los entierros), el dolor era algo intrínseco y estaba mal visto su exagerada manifestación. A la viuda se le exigía las lágrimas por la muerte de su marido pero siempre de una forma proporcionada que evitara la exageración.

Otrosì, en quanto toca à los lloros, llantos, i otros sentimientos, que por los dichos difuntos se acostumbran facer, se guarde lo questà ordenado por las leyes de nuestros Reinos, i so penas en ellas contenidas.

La Pragmática incluía normas muy estrictas respecto de las personas que debían guardar el luto, como ocurría a la mujer en el caso de fallecer el marido y convertirse en viuda, que debía permanecer el primer año encerrada en una habitación tapizada de negro, donde no se deja entrar un rayo de sol. Pasado el año, pasaban a otra habitación cuyas paredes tienen tapices algo más claros, pero sin pinturas ni espejo (de los que no podían hacer uso), tampoco de objetos de lujo.

Ordenamos, i mandamos que de aquí adelante por ninguna persona, difunto de cualquier calidad, condicion, i preminencia que sea, se pueda traer, ni poner luto, sino fuere por padre, ò madre, ò abuelo, ò abuela, ò otro ascendiente, ò suegro, ò suegra, ò marido, ò mujer, ò hermano, ò hermana; i por otro alguno, en qualquiera grado de parentesco que sea, no se traiga, ni ponga, ni se pueda traer, ni poner luto, excepto por las personas Reales, i el criado por su señor, i el heredero por quien le dexare.

Otrosì que por ninguna de las susodichas personas, por quien se puede traer, i poner luto, no se traiga, ni ponga ni pueda traer, ni poner sobre la cabeza, cubriéndola con capirote, ò loba, ni en otra manera, ni dentro en casa, ni fuera, ni al tiempo del entierro, ni obsequias, ni en otro alguno, exepto por las personas Reales.

Imagen de un ataúd

Imagen de un ataúd

Cuando moría un vecino un voceador comunicaba por las calles la muerte, esto conllevaba la implicación de los demás habitantes del vecindario que debían participar en el cortejo fúnebre y tenían la obligación de dar el pésame. La puerta de la casa del difunto se dejaba entre abierta para que los vecinos entraran mostrando tristeza en señal de luto y velaran al cadáver.

El luto era tan duro y severo que tuvo que ser modificado por el Concilio de Toledo; y en 1729, Felipe V definió una nueva pragmática de lutos con ciertas medias más flexibles a la hora de exteriorizar la pena por la pérdida, como podrían ser la limitación del luto a seis meses y a los consanguíneos del fallecido o la restricción del uso del color negro en el interior de las viviendas.

 

Vía| Pragmática de Luto y Cera

Más información| Luto.info,  Costumbres españolas de nacimiento, casamiento y muerte.

Imagen| Doña Juana, Ataúd, Principal


[1] Enrique Casas (1947) Costumbres españolas de nacimiento, casamiento y muerte.

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