Derecho Internacional, Jurídico 


La política exterior de la UE y la primavera árabe

La Política de Vecindad se ha centrado en la estabilidad

El hecho de que la UE haya incorporado 10 países centroeuropeos y de Europa del Este, además de Malta y Chipre (convirtiéndose así en un club de 27 miembros) en menos de dos décadas después de la disolución del bloque soviético es el resultado de un proceso que comenzó en 1991 a través de la relación contractual entre la Comunidad y estos países establecida en los Acuerdos Europeos (AEs). Estos acuerdos fueron concebidos como una función instrumental en el proceso de pre-adhesión. A la hora de evaluar su efectividad, el académico White resalta la idea de cómo la diplomacia preventiva podía obtener mejores resultados que la diplomacia de crisis.

El objetivo primordial de estos acuerdos consistía en proporcionar incentivos que pudieran traer estabilidad a la zona. Estos incentivos contaban con una dimensión política y otra económica. Ambas están estrechamente relacionadas, ya que para conseguir un acceso progresivo al mercado común, estos nuevos gobiernos y sus economías deberían de operar bajo ciertas leyes comunitarias. Este proceso mediante el cual se ejerce una gobernanza externa o global de manera exitosa culminó con la entrada de estos países en 2004 y 2007 al club europeo.

Una situación diferente fue la que se experimentó en los Balcanes Occidentales. El programa de Acuerdos de Estabilización y Asociación (AEAs) de la UE no pudo empezar a funcionar hasta 1996, cuando el conflicto llegó a su fin tras la intervención de la OTAN. El contenido, la aplicación y los desarrollos posteriores de estos acuerdos eran los mismos que en los AEs. Hoy en día, existen países de esta zona que han alcanzado el status de candidato, como Macedonia; y otros cuyas negociaciones han avanzado tanto que su entrada en el club europeo está programada para el futuro próximo, como es el caso de Croacia.

El norte de África y Oriente Medio, entre otras regiones, han sido objetivos de la Política de Vecindad Europea lanzada en 2004 para crear un ambiente próspero en el que los vecinos europeos puedan desarrollar sus economías y gozar de un mayor bienestar social. Los resultados están lejos de alcanzar los objetivos deseados y el por qué de la cuestión es muy fácil de analizar: los países de esta zona no cuentan con el incentivo fundamental, la futura membresía al club; la UE se ha dejado de lado su enfoque estructural, aplicado en los casos de los EAs y los AEAs, y se ha centrado en la estabilidad. Por lo tanto, preservar la estabilidad en estos países ha sido el incentivo que los gobiernos de estos países han tenido para fomentar sus buenas relaciones con los socios europeos. La forma en la que esta estabilidad ha sido puesta en práctica por  la élite autocrática que ha gobernado y gobierna ciertos países de la zona está a años luz de alcanzar los estándares que la UE ha dispuesto en sus Acuerdos de Asociación (AAs) en materia de diálogo político, la promoción de la democracia y la buena gobernanza.

La Política de Vecindad se concibió para hacer frente al atraso de estos países, ya que estaba enfocada a mejorar las relaciones comerciales, promocionar el diálogo político y asegurar los intereses energéticos. Era considerada una buena alternativa después de haber presenciado los múltiples intentos fallidos americanos de exportar unilateralmente democracia a la zona y por ello, la UE decidió a ayudar a construir la democracia desde dentro a través de su Política de Vecindad. A la hora de evaluar este acercamiento, se puede afirmar que su gran fallo ha sido la falta de participación de la sociedad civil. Esta Política de Vecindad ha fracasado estrepitosamente en la región del norte de África y Oriente Medio. La UE ha dejado de lado a este sector de la sociedad mientras ha centrado sus políticas en mantener buenas relaciones con la élite autocrática. Dos razones explican este hecho. En primer lugar, la UE es uno de los mayores importadores de energía mundiales. En términos de seguridad energética podría parecer razonable que los líderes europeos hayan priorizado este acercamiento. Sin embargo, es totalmente contrario a los principios y valores sobre los que la UE se ha construido: por lo tanto, un acercamiento moralmente injustificable. Como resultado, la alta influencia geopolítica en materia de energía dificulta enormemente que la UE pueda pronunciarse con una voz coherente en la región. En segundo lugar, la mayor preocupación del mundo occidental en términos de seguridad ha sido cómo contener el fundamentalismo islámico desde el 11 de septiembre. El temor a que fundamentalistas radicales islámicos pudieran llegar a hacerse con el control de estos gobiernos ha contribuido a que Occidente haya intensificado su apoyo a los autócratas de la región en la última década.

Mientras tanto, dentro de las sociedades islámicas ha cambiado algo: ha emergido una nueva mentalidad post-islámica, que no puede considerarse anti-islámica pero tampoco totalmente libre de tintes religiosos, sino un movimiento que da gran importancia a la religión pero también subraya la relevancia de los derechos civiles de sus ciudadanos. Por ello, los levantamientos que se han producido en esta región pueden identificarse como el abandono de las políticas del mundo árabe de la década de los 80 y los 90. Durante estas décadas existió una relación directa entre una creciente urbanización y la demanda progresiva de derechos, algo que las economías y las políticas de la región no podían apoyar. Consecuentemente, el incremento de una clase media pobre se ha disparado al mismo tiempo que el modelo tradicional islámico de gobierno ha perdido aceptación y legitimidad entre la población de esta región. Las protestas, revueltas y cambios de gobierno que presenciamos estos días responden al siguiente paso racional: dignidad y democracia.

Los acontecimientos que estamos presenciando en estos momentos en la región son atribuibles al acercamiento erróneo y fallido de la comunidad internacional en la que la UE ha jugado un papel fundamental. Si la UE quiere presentarse en el escenario mundial como un actor creíble y coherente, es necesario que cambie completamente su enfoque en materia de política exterior, especialmente en esta región. La primavera árabe presenta una buena oportunidad: ¿será capaz la UE de aprovecharla?  

Vía| Bayat, A. (2011), The Post-Islamist Revolutions, What the revolts in the Arab World Mean, Foreign Affairs.

Más información| Lavenex, S. and Schimmelfenning, F. (2009), EU rules beyond EU borders: theorizing external governance in European Politics, European Public Policy, vol. 16, no. 6, pp. 791- 812; White, B. (2001), Understanding European Foreign Policy, Palgrave, New York.

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