Economía y Empresa, Finanzas 


La política de dividendos en las empresas

El pasado miércoles todos escuchábamos como Telefónica anunciaba su decisión de cancelar su dividendo a 2012 con intención de retomarlo el año próximo. La propia empresa justificaba esta medida como una iniciativa que contribuiría al proceso de desapalancamiento de la compañía y al refuerzo de su liquidez. Este hecho nos puede llevar a preguntarnos: ¿de qué manera establecen las empresas su política de dividendos? ¿De qué manera esta decisión empresarial afecta al valor de las acciones?

Teóricamente, los 4 puntos clave que determinan la fijación de los dividendos según los economistas Brealey y Myers (1998) son:

       – Las empresas tienen unos ratios objetivo de pago de dividendos a largo plazo. Las empresas maduras con beneficios estables normalmente reparten una alta proporción de dividendos, en cambio, las empresas en crecimiento tienen tasas de repartos más bajas.

      – Los directivos se centran más en los cambios en los dividendos que en los niveles absolutos.

      – Los cambios en los dividendos siguen a aumentos a largo plazo en las ganancias sostenibles.

      – Los directivos normalmente son reacios a hacer cambios en la política de dividendos que puedan tener que ser cancelados.

En estos cuatro pilares se sostiene la teoría de que los dividendos quedan descritos en términos de una media ponderada de los beneficios pasados. Los dividendos dependen de los beneficios actuales de la empresa y de los dividendos del año anterior, que a su vez dependen también de los beneficios y del dividendo del año anterior…

A lo largo de los años se ha mantenido una discusión acerca de la relevancia o la posible irrelevancia de la política de dividendos en la riqueza del accionista y en el proceso de valoración de la empresa dando lugar a diferentes corrientes de pensamiento:

– Teoría tradicional: Alta relevancia de los dividendos en la valoración de la empresa. Los partidarios de esta vertiente defienden ratios elevados de dividendos basándose en que los repartos elevados aumentan el precio de las acciones.

– La política de dividendos es irrelevante en mercados de capital perfectos (Modigliani y Miller): Los cambios en la política de dividendos no afectan ni a la cuantía del rendimiento total que el inversor espera obtener ni al grado de incertidumbre asociado a dicho rendimiento. Su análisis se estructura en que un aumento en el dividendo se vería compensado por una reducción exactamente igual en el precio ex dividendo de la acción, de forma que la riqueza de los accionistas nunca se vería afectada por la política de dividendos.

– Un aumento en el pago de dividendos reduce el valor de la empresa: Se sostiene que ya que los dividendos tienen mayor gravamen que las ganancias de capital, las empresas deben pagar el mínimo dividendo líquido posible.

Pero, ¿cuáles son las políticas de dividendos en la práctica?

Un tanto por ciento fijo del total del beneficio neto anual: El dividendos se fija con respecto al volumen de beneficios, por lo tanto existe un dividendo variable con respecto a la variación del volumen de beneficios. En la práctica, cuando el importe absoluto de dividendos disminuye, la cotización de las acciones puede evolucionar negativamente.

Un dividendo anual constante por acción: Implica que cuando los beneficios son altos, las reservas serán altas, pero cuando los beneficios son bajos o menores que el montante necesario para atender los dividendos, éstos últimos tienen que hacerse con cargo a reservas. Este tipo de política la llevan  a cabo empresas sólidas, eficientes y equilibradas, pero es muy complicado de llevar a cabo en tiempos de crisis.

Un dividendo anual constante con ajustes: Es una política idéntica a la anterior pero con la especialidad de que además del dividendo fijado, los años en que la empresa haya ido bien reparte un dividendo complementario.

Un dividendo variable cada año con respecto a los resultados obtenidos: Cada año se decide qué hacer dependiendo de los resultados. El inconveniente de esta práctica es que la incertidumbre es máxima para el inversor, ya que en el fondo no existe una política de dividendos establecida.

Vía| J. Jimenez Caballero, C. Pérez López, A. de la Torre Gallegos . Dirección Financiera de la Empresa. Ed. Pirámide. 2009

Imagen| gurusblog

 

 

 

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