Patrimonio 


La pintura de castas en Nueva España

Dentro de una sociedad no igualitaria, la especificidad y la singularidad, entre diferentes grupos sociales, tiende a acentuarse para dar legitimidad a un modelo sociopolítico marcado por las élites. En el caso de los virreinatos vinculados a la corona hispánica, las pinturas de castas no sólo marcan las diferencias de los individuos dentro del proceso de mestizaje que se dio en estos territorios, sino que también dan testimonio de la gran diversidad americana ligada al gran arte europeo.

La pintura de castas es un género exclusivamente americano desarrollado, principalmente, en el virreinato de Nueva España a partir del XVIII, también llamado, Siglo de las Luces. Durante la Ilustración, el afán recopilador y enciclopédico del conocimiento, se extendió hacia aquellos lugares que no habían suscitado interés documental con anterioridad. Este fue el caso de América. El exotismo siguió conviviendo con estas nuevas formas de clasificación de individuos, flora y fauna, ajenos al modelo occidental, siempre desde un punto de vista colonial.

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Pintura de castas de Luis de Mena (C. 1750). Museo de América, Madrid.

Se trata de series de pinturas, agrupadas generalmente en 16 cuadros, como la famosa serie de Miguel Cabrera, o en una sola pintura con diferentes escenas, como es el caso del anónimo del Museo Nacional del Virreinato de Tepotzotlán en México o la pintura de castas de Juan de Mena en el Museo de América de Madrid, rodeados de elementos como los frutos de la tierra en la parte inferior o la virgen de Guadalupe en lo alto.

Lo común en este género pictórico americano es la representación del núcleo familiar y su mestizaje. De esta manera aparecen siempre los progenitores con el fruto de su unión: uno o varios de sus hijos e hijas. Las razas más representadas son principalmente aquellas que surgen de los principales troncos étnicos dentro de la sociedad novohispana, es decir, blanca o española, indígena y africana. En la gran mayoría de los casos, siempre aparece una pequeña cartela dentro del lienzo que ilustra este proceso a ojos del comitente que encarga la obra, por lo general, para formar parte de sus colecciones como símbolo de pertenencia a la élite virreinal en América y España.

La designación utilizada para dar nombre a las diferentes castas varía en tanto que el proceso de mestizaje se va haciendo más complejo, aunque siempre aparecen los cinco primeros grados: de español/a e indio/a, nace mestizo/a; de mestizo/a y español/a, nace castizo/a; de castizo/a y español/a, nace español/a; de español/a y negro/a, nace mulato/a; de español/a y mulato/a, nace morisco/a.

Los nombres más alejados de estos primeros cinco u ocho estadios, van adquiriendo denominaciones aleatorias según las diferentes regiones, ya que no tienen ningún tipo de base científica. Por tanto, nos encontramos con nombres como: de español/a y albino/a, nace “torna atrás”, De indio/a y mestizo/a, nace “coyote” o “Tente en el aire” y mulata/o, nace “no te entiendo”, entre otros.

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Muchas de estas pinturas se encuentran incompletas y sin autoría. Las series más conocidas y de mayor calidad son las Ignacio de Castro, José Joaquín de Magón, Andrés de Islas, y por supuesto, Miguel Cabrera. En general presentan un gusto particular por los detalles, que vemos en la indumentaria, objetos o adornos que portan o que están a su alrededor, con un marcado carácter realista de temática costumbrista. En algunos casos se enfatiza las características raciales de las figuras como su color de piel. En su mayoría se trata de escenas familiares representados en interiores dentro de ambientes domésticos o de trabajo, pero también dentro de paisajes idealizados con los frutos típicos del continente americano, animales y útiles, ya que la casta determinaba su pertenencia a una clase social. A pesar de su carácter amable y familiar, las castas inferiores aparecen representadas con gestos violentos, vestidos con harapos o bebiendo. No debemos olvidar que se trata de un ejercicio de poder a través del arte. Por tanto, se pretende mostrar al resto del mundo que en la américa hispana existía un mestizaje alentado por las élites, pero también controlado. Era una América en donde todo el mundo tenía cabida, siempre que no se saliera de la norma.

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Pintura de castas de pintor desconocido (1775-1800) Museo de América, Madrid.

La pintura de castas nace con un claro sentido paternalista en tanto que la sociedad blanca era adulta y la indígena o negra, infantil, argumento picaresco y evolutivo. La raza inferior era la población negra por su condición de esclavo no por su raza. En todos los casos, la casta pasaba de un individuo a otro por línea materna. En el mundo anglosajón no existe este proceso de mestizaje, ya que se trataba de una forma de colonización diferente y su mezcla era accidental.

En el siglo XIX los antropólogos consideraron la pintura de castas como documentos etnográficos. Durante mucho tiempo fueron considerados un testimonio veraz. Su producción refleja un interés erudito, pero también político y religioso. Este interés siempre existió, como vemos, en el caso del magnífico retrato de Andrés Sánchez Gallque “Los mulatos de Esmeraldas” fechado en torno al año 1599 y que representa a don Francisco de Arobe y sus hijos don Pedro y Domingo, tres zambos, cambujos o lobos, y no mulatos, como se pensó entonces.

Este cuadro es una síntesis entre el estilo europeo realizado por un artista de origen indígena a tres individuos que visten indumentaria europea, armas africanas y adornos faciales de los pueblos indígenas de la zona. Se trata de una gran obra que además tiene la particularidad de contar una gran historia: don Francisco de Arobe fue el jefe de un cacicazgo dominado por afrodescendientes que junto a sus compañeros, consiguió huir de la esclavitud y dominar un extenso territorio gracias a las alianzas con los indígenas de la costa selvática del actual Ecuador.

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“Mulatos de Esmeraldas” de Andrés Sánchez Gallque (1599) Museo de América, Madrid.

El cuadro es un retrato privado que representa a unos individuos singulares, fruto del mestizaje en América, con gran dignidad tras la pacificación del territorio por parte del oidor Juan de Barrio Sepúlveda para el rey Felipe III. A pesar de ello, su intención es presentar a unos súbditos, anteriormente díscolos, ante el poder de la monarquía, con el sombrero en la mano y en actitud de vasallaje propio de los modelos renacentistas, tanto italianos como flamencos, que llegaron al Nuevo Mundo.

Las pinturas de castas, al igual que “Los mulatos de Esmeraldas”, ponen de manifiesto la necesidad de otros discursos dentro del arte, lo que culminaría en los 80 del siglo pasado con las teorías poscoloniales, pero también la pluralidad y la gran riqueza cultural que caracteriza a todo el continente americano.

Vía| Sabau García, María Luisa. México en el mundo de las colecciones reales. Vol. 4. México: UCOL, 1994 / Gutiérrez Usillos, Andrés. “Nuevas aportaciones en torno al lienzo titulado Los mulatos de Esmeraldas. Estudio técnico, radiográfico e histórico”. Madrid: Anales del Museo de América, 2012.

Más información| Anales del Museo de América

Imagen| Luis de Mena Miguel Cabrera Anónimo Andrés Sánchez Gallque

En QAH| En arte plumario de la América prehispánica y virreinal Los biombos novohispanos en tres continentes

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