Cultura y Sociedad 


“La Peregrina”, una perla real y hollywoodiense

Cuando paseamos por las salas de un museo, muchos ojos nos suelen mirar con altivez; no, no estamos hablando de los típicos eruditos que se creen saber más de las obras allí expuestas, sino de aquellos que, en su bidimensionalidad, son capaces de hacernos sentir incómodos, meguados o inferiores. Estamos hablando, cómo no, de los monarcas que nos miran con ojos congelados en el transcurrir de los siglos, reyes y reinas de los que nos imaginamos sus hazañas y desventuras, sus grandezas y miserias, pero… ¿alguna vez hemos reparado en sus aderezos, en sus joyas?

Hablar de joyas con historia es citar la perla llamada “La Peregrina”, otra vez foco de todas las atenciones, ya que se subastará en enero en la casa Christie’s y que, hasta su muerte, fue propiedad de la actriz Elizabeth Taylor, quien creo un vistoso collar para lucirla con diamantes y rubíes.

La perla, llamada así por su forma peculiar y rara que asemeja una lágrima, fue encontrada en un archipiélago de Panamá en 1515, pasando a manos de Felipe II sobre 1580 y, desde entonces, fue muy apreciada por los monarcas españoles, quienes la llevaban unida a un broche con el también famoso diamante “El Estanque”.

Esta joya era heredada generación tras generación, apareciendo en numerosos retratos de los monarcas, hasta que en 1808 José Bonaparte llegó a España y, como buen amigo de lo ajeno, requisó todas las joyas de los Borbones. La perla viajó con el monarca intruso a Estados Unidos y volvió a Francia para pasar a manos de Napoleón III quien, aunque amigo de grandes fastos, la tuvo que vender por problemas económicos en 1848; pasó a manos de un marqués inglés y su esposa la lució en alguna que otra fiesta, siempre muy preocupada por la perla, que era tendente a desprenderse del engarce que la sujetaba.

Ya en el siglo XX, fue Alfonso XIII quien se interesó por recuperar la joya familiar para su esposa, pero la joyería londinense R. G. Hennell & Sons, que había comprado la joya por 35.000 libras, no llegó a un acuerdo con el Rey, pasando a manos de millonarios americanos hasta que en 1969 salió a subasta. Se abrió entonces la polémica: la reina en el exilio Victoria Eugenia insistía en que la auténtica perla estaba en su poder, mientras que Alfonso de Borbón y Dampierre, intentaba comprarla para regalársela a su abuela. Sin embargo, la familia real española no pudo hacer frente a los 37.000 dólares que pagó Richard Burton, quien se la regaló a su pareja en su cumpleaños, curiosamente el trigésimo séptimo – a 1.000 dólares el año-.

Hoy día la perla espera nuevo dueño, aquel que pueda superar su precio de salida de dos millones de dólares. Mientras sus primas lucen en otros cuellos –entre ellos el de la Reina Sofía, que tiene la perla que Victoria Eugenia creía auténtica-. Seguramente echará de menos los ojos violetas que inundaron las pantallas de cine y, es muy probable, que en el silencio de su color blanquecino, rece para lucir en esbeltos cuellos y no en la caja fuerte de un banco.

Vía| “La Peregrina hace escala en Madrid” El País, 2o de septiembre de 2011

Más información| My love affair with jewelry, Elizabeth Taylor

En QAH| La Razón de ser de Hollywood (I)

Imagen| Velázquez y la Peregrina

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