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La pena de localización permanente

Pena localización permanenteHemos escuchado en numerosas ocasiones hablar de un tipo de condena alternativa al encarcelamiento, en la que el preso debe permanecer en su domicilio o en un lugar determinado fijado por el juez, que es lo que hoy en día conocemos por arresto domiciliario. Así, uno de los casos más sonados en los últimos tiempos desembocó en la noticia de que el ex presidente egipcio, Hosni Mubarak, había sido puesto bajo arresto domiciliario por el ejército del propio país, después de que un tribunal penal hubiera decretado la libertad condicional del mismo. Sin embargo, en nuestro país las figuras del arresto domiciliario y del de fin de semana fueron suprimidas años atrás por la LO 15/2003, ley que a su vez introdujo la pena de localización permanente. Dicha pena ha sido interpretada por muchos como una reintroducción de las dos anteriores, fundamentándose éstos en su enorme y evidente parecido, de modo que más que una novedad, la introducción de la pena de localización permanente ha sido y es considerada por la doctrina mayoritaria una fusión o híbrido de los antiguos arresto domiciliario y de fin de semana.

Además de todo ésto, hay que mencionar que la pena de localización permanente sufrió una importante modificación tras la LO 5/2010, de 22 de Junio, que posibilitó el cumplimiento de la misma en centros penitenciarios y el empleo de medios electrónicos para localizar al reo, ampliándose también la duración máxima de la pena hasta los 6 meses (antes eran 12 días), y extendiendo su aplicación a las infracciones menos graves como pena sustitutiva. En relación a la posibilidad de cumplimiento de la pena en un establecimiento penitenciario, hay que decir que esto sólo será posible cuando concurran una serie de circunstancias: la pena de localización permanente sea pena principal, que así se establezca en la sentencia (no vale en auto posterior), que esté prevista expresamente esa posibilidad, y que concurra reiteración en la infracción. Por tanto, la fijación del lugar de cumplimiento puede hacerse en sentencia o en auto posterior, salvo cuando se trata del establecimiento penitenciario, en cuyo caso sólo puede hacerse en sentencia.

Entrando más en profundidad en el análisis de lo que supone esta pena, gran parte de la doctrina está de acuerdo en que la denominación escogida para la misma, “pena de localización permanente”, no es la correcta dado que no existe concordancia entre el nombre y su contenido. Se considera que al preso no se le obliga a estar localizado, como se podría interpretar en un primer momento, sino a permanecer de modo permanente en un lugar determinado, de modo que las semejanzas con el arresto domiciliario son bastante claras. Así pues, la doctrina entiende que el término “localización permanente” hace referencia más a la necesidad de que el reo se halle localizado en todo momento, y no tanto a la privación de la libertad que prohíbe al reo salir de su domicilio o del lugar fijado por el juez, como finalmente implica dicha pena.

En cuanto al contenido de la pena de localización permanente, algunos autores han considerado que ésta no obliga al condenado a permanecer de forma continuada en el domicilio o en otro lugar fijado, sino que con la autorización del juez se pueden llevar a efecto salidas de ese lugar siempre y cuando éstas estén debidamente justificadas. Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en la necesidad del reo de asistir a determinadas prácticas religiosas propias de la confesión a la que pertenece. Otros autores consideran, por el contrario, que esto carece de sentido ya que es el juez mismo el que determina en un primer momento el carácter continuo o discontinuo del cumplimiento de la pena, de modo que alterar dicho régimen con posterioridad implicaría dejar sin efecto y sin sentido esa previsión ex ante de continuidad o no.

Entre las formas de cumplimiento de la pena existen tres alternativas: continuado, discontinuo o en fines de semana. El artículo 37.2 del Código Penal recoge que el condenado puede solicitar, cuando las circunstancias lo aconsejen, que la condena se cumpla durante los sábados y domingos o de forma no continuada. De este modo, pese a que la regla general es el cumplimiento continuado o ininterrumpido de la pena, se permite aprovechar parte de las ventajas que proporcionaba el antiguo arresto de fin de semana, permitiéndose cumplir la condena también durante esos días con el fin de evitar posibles perjuicios laborales o familiares. Lo que no cabe en ningún caso es el cumplimiento en unidades temporales inferiores a 24 horas.

Otro aspecto importante es el seguimiento y control del cumplimiento de la pena, que puede ir desde los métodos más tradicionales, como un agente de autoridad vigilando el lugar del cumplimiento, hasta medios electrónicos como bien apunta el artículo 37.4 del Código Penal. La primera consiste en asignar a agentes policiales para que acudan regularmente al domicilio del penado o lugar designado para la ejecución para comprobar que el sujeto se halla efectivamente presente. Por el otro lado, una de los previsiones más relevantes introducidas por la LO 5/2010 en esta materia es precisamente la relativa a la posibilidad de acordar la utilización de medios electrónicos que permitan la localización del reo. El problema en este aspecto es que el ya citado artículo 37 no enumera las posibles formas de control del cumplimiento de la pena, por lo que en este punto se está a la espera de un desarrollo normativo que clarifique los distintos medios de control que se puedan llevar a cabo.

Vía| Indret

Más información| ReformaPenal

Imagen| Localización permanente

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