Jurídico 


La parodia, ¿un arma de doble filo?

¿Quién no recuerda a la familia Simpson cruzando el famoso paso de cebra de Abbey Road o a personajes televisivos imitando a celebrities o incluso a personalidades históricas o políticas? La parodia de portadas de discos, películas o personajes son interpretaciones humorísticas que forman parte de nuestras vidas.

¿Pero qué es la parodia? Podríamos definir la parodia como una crítica humorística de una obra con intención de ser jocosa. Y aunque en España no existe una noción jurídica del concepto de parodia, la Real Academia Española la define como ‘Cualquier imitación burlesca de una cosa seria‘.

Cuando se recrea un personaje o un hecho, mediante el empleo de recursos irónicos, u otras obras, ya sean musicales, audiovisuales, literarias etc. normalmente no se necesitará el consentimiento del autor de la obra preexistente, siempre y cuando se reúnan unas serie de requisitos.

¿Cuáles son estos requisitos? El artículo 39 de la Ley de Propiedad Intelectual (TRLPI) establece que ‘No será considerada transformación que exija consentimiento del autor la parodia de la obra divulgada, mientras no implique riesgo de confusión con la misma ni se infiera un daño a a obra original o a su autor’.

Parodia Álbum Abbey Road-The Beatles

Parodia Álbum Abbey Road-The Beatles

Leído el artículo, ¿qué puntos importantes podemos extraer?

  1. Que se trate de una obra ya divulgada. Para que la parodia sea considerada lícita es necesario que la obra que se quiere parodiar, haya sido previamente divulgada ya que si explotamos una parodia realizada sobre una obra que no ha sido divulgada, estaríamos infringiendo el primer requisito que nos impone la ley.

  1. Que no exista riesgo de confusión entre la obra originaria y la obra parodiada. No puede haber un riesgo de confusión entre ambas obras. Si el público confundiese una obra con la otra, estaríamos compitiendo deslealmente con la obra preexistente e infringiendo el segundo punto del artículo 39 TRLPI.

  1. Que no infiera en un daño a la explotación normal de la obra preexistente o a los intereses legítimos de su autor. Si se daña la reputación o el honor del autor de la obra preexistente, la parodia no podrá justificarse. Ésta se caracteriza por el resultado paródico de una obra, por lo que el componente clave, será la nota de humor que se incluye en la misma a modo de crítica.

Cumplidos estos puntos, puede que nos surjan más dudas acerca de la parodia y sus consecuencias. ¿Desaparece la obra preexistente con la aparición de la parodia?¿Y si el autor de la obra parodiada pretende retirar su obra del comercio? Pues bien, lo más importante a saber es que la obra preexistente no desaparece ante la aparición de la parodia. Y es que al tratarse de una actividad imitativa, la parodia necesitará tomar siempre como modelo una obra preexistente y conocida por el público. Esto implica la transformación de una obra que ya ha sido divulgada, lo que a su vez supone el nacimiento de una obra nueva y distinta. Si el autor de la obra preexistente desea ejercer el derecho de retirada, únicamente afectará a ésta y no a la parodia. Es decir, la obra nueva no desaparece.

Llegados a este punto, podemos concluir que la parodia es un límite a los derechos de autor, que en determinados casos, permite usar sin pedir permiso obras protegidas. Pero en determinados casos, la parodia puede llegar a convertirse en un arma de doble filo y dañar una obra de forma irreparable. Por eso, lo realmente complicado es delimitar esa finísima línea que separa la parodia de la infracción.

Vía| Ley Propiedad Intelectual

Más información| BloguerLaw

Imagen| Los Simpson-Abbey Road

Vídeo| YouTube, Lady Gaga-Born This Way (parodia)

 

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