Coaching y Desarrollo Personal 


La paradoja de la elección

 

Hace no mucho, una amiga a la que le encanta leer, descubrió que yo escribía de vez en cuando y me preguntó que si escribir no me parecía muy difícil. En ese momento no supe muy bien qué responder. Le dije que no, que en principio no me parecía muy difícil, supuse que habría gente a la que le costaría más, y gente a la que le costaría menos, del mismo modo que las matemáticas resultan más fáciles a unas personas que a otras. Sin embargo, la pregunta que me hizo se me quedó revoloteando en la cabeza. Ciertamente escribir presenta algunas dificultades pero, ¿cuál es el principal obstáculo al que nos enfrentamos? Tras darle algunas vueltas, recordé un vídeo de una conferencia impartida por Barry Schwartz que había visto hace algún tiempo. Entonces me di cuenta de que el principal obstáculo al que nos enfrentamos al escribir es elegir el tema. Escribir es prácticamente imposible cuando no sabemos sobre qué lo vamos a hacer y hay tantos temas que podemos elegir que a veces no somos capaces de escoger.

Ahora olvidemos que estamos hablando de escribir y traslademos este problema a otros ámbitos de nuestra vida. ¿Encaja? Pues ese es el punto de partida del libro “La paradoja de elegir” de Barry Schwartz (Título original: “The paradox of choice, why less is more”). Durante años las civilizaciones occidentales industrializadas hemos seguido el siguiente paradigma:

Si queremos maximizar el bienestar de los individuos de una sociedad, debemos maximizar su libertad. Y para maximizar la libertad individual, debemos maximizar las alternativas.

A priori no hay nada malo en esta idea. Seguramente en su origen, y durante décadas, fue completamente cierta. Creo que nadie podría negar que tener la posibilidad de comprar alimentos o ropa de diferentes calidades a diferentes precios permite que cada uno asignemos nuestros recursos de una forma coherente con nuestras ideas, aumentando de esta forma nuestra libertad individual. Pero, ¿existe un punto de saturación?Elegir

Desde el punto de vista económico no existe. Durante muchos años las empresas han competido realizando lanzamientos de amplias gamas de productos que cubrieran diferentes necesidades o especializándose en un solo producto para reducir sus costes y conseguir dominar un segmento del mercado. La aparición de la radio y la televisión potenciaron la importancia del Marketing y la publicidad creando una nueva forma de competir y crear diferencias entre los productos cuando éstas ya eran menos tangibles. A día de hoy ya no se trata de diferentes productos a precios distintos que facilitan al consumidor escoger la mejor asignación de sus recursos, sino que la diferencia de precio entre algunos productos es nimia y es la publicidad la que determina su compra.

Desde el punto de vista del bienestar sí existe, y lo hemos alcanzado. Como dice Barry Schwartz, hemos llegado a la paradoja de que la amplitud de las posibilidades que tenemos está teniendo efectos negativos en nuestras condiciones de vida. Principalmente destaca tres efectos:

Parálisis. Es la imposibilidad de dar una respuesta. Cuando somos conscientes de todas nuestras alternativas somos incapaces de decidir y empezamos a evaluar cada una de ellas para dar con la “respuesta correcta” o permitimos que otra persona o un acontecimiento externo decida por nosotros.

Reducción de la satisfacción. La amplitud de posibilidades que tenemos hace que el coste de oportunidad de cada decisión sea muy alto, haciendo que siempre nos preguntemos si realmente acertamos tomando la decisión que tomamos. Además, se traslada la responsabilidad del mercado a uno mismo, por lo que tendemos a culparnos de las malas decisiones cuando las cosas no salen como esperábamos (pensamos que entre nuestras alternativas tiene que existir una que funcione mejor).

Aumento de las expectativas. Nuestras expectativas sobre el resultado aumentan con el número de alternativas, ya que la lógica nos dice que si podemos elegir entre varias opciones alguna tiene que ajustarse a nosotros a la perfección.

La solución que propone el autor es reducir individualmente el número de alternativas, construir una especie de pecera en la que podamos movernos con más facilidad pero yo me pregunto ¿no caemos en esto casi sin darnos cuenta? Vivimos en un país y apenas sabemos lo que pasa en otros. Elegimos las marcas que no gustan y rara vez exploramos otras. Nuestro peluquero, nuestro corte de pelo, nuestro estilo… Si bien ésta es una alternativa que puede funcionar, ¿existen otras? Y al hacer esta pregunta vuelvo hacer girar la misma rueda de la elección, ¿podemos parar de elegir?

Os dejo con Barry Schwartz para el que quiera ahondar en sus ideas. La charla contiene algunos ejemplos que pueden ser muy ilustrativos.

 

 

Vía| Barry SchwartzThe paradox of choice“, conversaciones con Elena López

Imagen| Elegir

Vídeo| Conferencia “La paradoja de elegir”

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