Historia 


La otra cara del desembarco de Normandía

 

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Lancha de desembarco estadounidense

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo una serie de batallas claves que decidieron la marcha de los diferentes frentes que abarcaba el conflicto. Así como Stalingrado y Kursk otorgaron la iniciativa al Ejército Rojo en el Este, o El Alamein devolvía en África el impulso a los británicos, el éxito del desembarco en Normandía y la apertura del segundo frente continental –largamente reclamado por Stalin a las potencias occidentales– supusieron un auténtico golpe letal a las aspiraciones del Tercer Reich. El pasado 6 de junio conmemorábamos su septuagésimo aniversario.

ANGLETERRE - GUERRE - LEURRE

Tanque hinchable

Y para llevar a cabo el que sería el mayor desembarco anfibio de la historia no bastaban las operaciones militares y estratégicas que definía la Operación Overlord (que incluía el cruce del Canal de la Mancha, la Operación Neptune), sino que era preciso contar con el factor “sorpresa” y para ello fue fundamental la llamada Operación Fortitude, una de las medidas de diversión más ambiciosa de la historia de la guerra. La Operación Fortitude pretendía dispersar la atención de los militares alemanes por varias posibles zonas de desembarco mediante la creación de divisiones ficticias, con tanques hinchables y aviones de cartón. Aunque el caso más conocido fue la creación del falso I Grupo de Ejército de los Estados Unidos, comandado por George S. Patton, y que amenazaba directamente la región de Calais (Fortitude Sur), también se creó de la nada un 4º Ejército Británico, supuestamente asentado en Escocia (Fortitude Norte), y que se preparaba para atacar Noruega, distrayendo así a numerosas unidades germanas que pudieron ser más útil al Reich en Francia. Además, se crearon formaciones nuevas, como la 2ª División Aerotransportada británica, y dos cuarteles generales militares mantenían una incesante actividad de radio para convencer a los nazis del pleno funcionamiento de estas instalaciones. Y para añadir más calado al engaño fue vital la participación del espionaje, bien voluntariamente, como el papel jugado por el espía español Garbo en el caso de la Operación Fortitude; bien involuntariamente, como fue el caso de la espía alemana conocida como “Bronx” a la que se utilizó para dar credibilidad a la Operación Ironside, que esgrimía un supuesto desembarco en el Golfo de Vizcaya de la 11ª División Acorazada estadounidense, proveniente de las Azores, dos semanas después del Día D.

Crossword set by Leonard Sidney Dawe

Crucigrama de Leonard Sidney Dawe

Obviamente, el trasiego de hombres y material que recorría Gran Bretaña era imposible de disimular, así como los ejercicios militares de ensayo para las distintas fuerzas asignadas a sus correspondientes playas, aunque ni la población ni los propios soldados conocían cuál iba a ser su objetivo final. Sin embargo, las alarmas se dispararon para el servicio de inteligencia inglés por la vía menos esperada: la sección de crucigramas del Daily Telegraph. Leonard Sidney Dawe era un maestro de física que llevaba años encargándose de dicha sección y que, seguramente, nunca imaginó ser el centro de una investigación por espionaje. Todo se desarrolló a lo largo del mes de mayo de 1944, cuando en sus crucigramas empezaron a aparecer algunas de las palabras claves de las operaciones aliadas con vistas al desembarco. El 2 de mayo utilizó la palabra Utah, una de las playas destinadas a los norteamericanos; veinte días después, el 22 de mayo, fue Omaha, la otra playa asignada a los estadounidenses; la semana siguiente, el 30 de mayo, se trató de Mulberry, nombre de los puertos artificiales que debía instalarse en Normandía; y los días 1 y 2 de junio, con el Día D a la vuelta de la esquina, empleó los términos Overlord y Neptune, como se llamaban la operación de desembarco propiamente dicho y la de cruzar el Canal, respectivamente. Estas coincidencias obligaron al servicio de inteligencia a arrestar al señor Dawe, pero aparentemente su conocimiento de estas palabras no iba más allá de ser recomendaciones que sus alumnos le habían hecho y que habían escuchado en los entornos de los campamentos militares del sur de Inglaterra.

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A la izquierda, Winston Churchill, Primer Ministro británico, y, a la derecha, Charles de Gaulle, líder de la Francia Libre

No fue la única dificultad que debieron superar los Aliados en los primeros días de aquel histórico mes de junio. A los retrasos en la fecha, provocados por las adversas condiciones climatológicas, se sumaron algunas diferencias políticas e ideológicas entre sus grandes líderes. Las relaciones ya se habían tensado por la orgullosa negativa de las tropas de la Francia Libre a utilizar un sistema de codificación por radio británico o estadounidense pese a que los galos eran muy antiguos y, en su mayoría, conocidos por el enemigo. Tanto fue así que el jefe de los Servicios Secretos de Inteligencia recomendó a Churchill que los franceses guardaran silencio radiofónico todo el Día D. Por otro lado, aunque el Primer Ministro británico consideraba imprescindible colaborar con el general De Gaulle, Roosevelt se negaba a reconocer el gobierno provisional que éste decía representar. El 4 de junio llegaba el líder de la Francia Libre a Gran Bretaña y Churchill le reconocía que lo había traído a Inglaterra para que pronunciara un discurso por radio a la mañana siguiente. Esta declaración abrió una acalorada discusión, tratando varias cuestiones políticas y civiles que dejaron claro que la opinión de De Gaulle no podría equipararse a la del presidente de los Estados Unidos, y la situación fue a peor cuando el general galo leyó el discurso y supo que no se reconocía bajo ningún concepto la autoridad del gobierno provisional. No sólo se negó a leerlo en la radio, sino que ordenó a los oficiales de enlace franceses que no acompañaran a las divisiones británicas y americanas, y Churchill, en un estallido de rabia, se planteó abiertamente detenerlo y encerrarlo por “traición en plena batalla”.

Éstas han sido algunas de las curiosas historias que rodearon al desembarco en Normandía. Hay muchas más, pero tratar de narrarlas todas sería una odisea casi tan grande como la que vivieron aquellos soldados frente a las costas francesas en la mañana del 6 de junio de 1944.

 

Via| BEEVOR, Antony: La batalla de Normandía, Barcelona, Crítica, 2009;

Más información| BLOND, George: El desembarco en Normandía: El Día D, Barcelona, Plaza y Janes, 1964; Curistoria.com.

Imagen| Lancha de desembarco; Tanque hinchable; Crucigrama; Churchill y De Gaulle.

En QAH| El ejército fantasma de Patton; Garbo, el espía que engañó a Hitler; ¿Quién fue el hombre que nunca existió?

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