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La organización de los recuerdos

 

Cuando hablamos de recuerdos, hablamos de sentimientos, de sensaciones, de sabores, de olores, de vivencias y de experiencias.

Los recuerdos son únicos

Los recuerdos son únicos

Los recuerdos son marcas de viajes, de cursos, de canciones, de comidas, de  personas o de lugares.
Son también mágicos, inherentes a la persona. Es increíble como habiendo vivido una misma situación, al recordarla, cada uno la rememorará de una manera y con unos matices diferentes.

Esto tiene una explicación en psicología ya que la memoria humana es reconstructiva y es que no recordamos las cosas tal y como sucedieron sino que rememoramos los recuerdos a partir de la información que tenemos. Además toda esta información es modificada e influida por aquello que creemos que sucedió o por lo que quisiéramos que hubiera ocurrido.

Los recuerdos son, por tanto, únicos; y eso es lo que los hace tan especiales.
Creo que es por esto por lo que tendemos a guardar nuestros recuerdos  como pequeños tesoros de lo que fuimos y de lo que vivimos. Los buenos los rememoramos una y otra vez, los disfrutamos e incluso los exageramos. Los malos sin embargo, los intentamos relegar al cajón del olvido de donde normalmente salen cuando menos te lo esperas.

Lo malo de los recuerdos es que con el tiempo se empiezan a difuminar, a perder contraste, a olvidar detalles y a confundirse entre ellos.

Esto no pasa porque sí; sino que los recuerdos “compiten” entre sí para quedarse en nuestra memoria. Tal y como describe Eduard Punset en su blog, “borramos los recuerdos insulsos que compiten por sobrevivir frente a aquellos recuerdos asociados a un objetivo relevante en la vida del individuo y que se asentaron en la memoria a largo plazo.”

Para solucionar todo esto y poner fin a la “competición” de recuerdos, sería fantástico poder guardarlos y clasificarlos en pequeños botecitos de cristal en una alacena para poder destaparlos a nuestro antojo. En un estante bien visible los buenos, para disfrutarlos día sí y día también y en el estante más inaccesible de todos, los malos para encontrarlos sólo cuando fuera menester.

Este sistema nos facilitaría mucho las cosas y nos haría revivir todo tal y como fue, pero haría que los recuerdos perdiesen todo su encanto porque, ¿qué sería de nosotros si no tuviéramos la licencia de magnificar los buenos recuerdos y desterrar todos los malos?

Así que ya sabéis, nada de alacenas llenas de botecitos de cristal, pero sí muchas cabezas llenas de recuerdos.

Vía | Motivación, Eduard Punset

Imagen| Recuerdos

En QAH| Recuerdos, Entrevista a Eduard Punset en QAH

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