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La oportunidad perdida

 

El sábado 7 de septiembre se celebraba en Buenos Aires la elección de la ciudad olímpica para el año 2020. Esa tarde, las redes sociales eran un hervidero (sobre todo en Twitter), criticando casi todos los aspectos de la delegación española. Hasta que llegó la auténtica protagonista, Ana Botella. Con su famosa frase por todos conocida, se creó un movimiento de mofa y burla por todo Internet que todavía hoy dura.

Lo cierto es que el ridículo que hizo la alcadesa de Madrid, no sólo el sábado en la presentación, sino también en las anteriores ruedas de prensa, no es más que el reflejo de un país. Un país que está devastado por la crisis financiera internacional y por nuestros errores del pasado. Así como cuando en la década pasada, subidos en la cresta de la ola del crecimiento algunos hablaban del milagro español, hoy esos mismos, hablan de la tragedia del euro y de los malos que son los alemanes.

Pero lo cierto es, que al igual que hace 100 años, durante la Primera Guerra Mundial, España tuvo la oportunidad de industrializarse por completo gracias a su neutralidad en la contienda y al aumento exponencial de sus exportaciones, hoy también perdemos una oportunidad de oro para colocarnos al rebufo de los grandes países. Sí, España es un país grande, el cuarto de la Euro Zona, pero tiene una infinidad de carencias y lastres que somos incapaces de deshacernos de ellos.

Empezando por todos los agentes públicos, desde el Gobierno hasta la Universidad, pasando por los mal llamados agentes sociales. España ha tenido cinco años de crisis para aprovecharlos y hacer grandes reformas en los principales aspectos del ámbito económico y social.

La oportunidad perdida

La oportunidad perdida

El mercado laboral español es el peor de occidente, con una excesiva regulación e impuestos al trabajo, que hacen que al mínimo estornudo de la economía global la tasa de paro suba estrepitosamente. El sistema productivo español es incapaz de absorber los trabajadores que el país genera. En el pico alto del ciclo económico, España tenía una tasa de paro del 7.95% (tercer trimestre del 2007), una cifra muy elevada para algunos países en épocas de recesión. Se pueden imaginar lo que piensan cuando ven la cifra actual.

Dentro del tema del paro, también podemos meter la educación. Sinceramente, debemos hacer una reflexión profunda de la educación que tenemos, tanto a nivel universitario como secundaria. Nos pasamos estudiando alrededor de 20 años, para no salir preparados al mercado laboral. Esto es una realidad como la vida misma. La educación, sobre todo en las etapas superiores, debería estar ligada a la demanda del mercado laboral. La generación mejor preparada se tiene que ir fuera o, el que pueda, gastar aún más recursos en tiempo y dinero en cursos que le acerquen a la realidad empresarial para poder trabajar en lo “suyo”. Debemos introducir grandes reformas, como por ejemplo, el cheque escolar o alguna clase de incentivo que permita a los centros educativos competir entre sí para mejorar los servicios ofrecidos a los alumnos.

Todos estos problemas no sólo vienen provocados por la clase política y dirigente del país, que se encuentran más o menos cómodos con la situación actual, sino también por una sociedad española reacia a los grandes cambios.

En esta pequeña reflexión solo he introducido una mínima parte de los grandes problemas de España, que una vez más, teniendo la oportunidad de la crisis para resolverlos, no hacemos más que acentuarlos o por lo menos perpetuarlos.

Y no hay mejor metáfora de la realidad española que la presentación de Madrid 2020 en Buenos Aires, un país que se cree moderno, pero que tiene unas instituciones anquilosadas y alejadas de la realidad del siglo XXI.

Cada oportunidad perdida, supondrá una infinidad de arrepentimientos.

Vía| Juan Pescador Rodriguez.

Más información| Danke Merkel, buen papel.

Imagen| España.

En QAH| La punta del iceberg, España: signos de recuperación.

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