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La “Operación Barbarroja”: la traición de Hitler a Stalin

En mi anterior publicación Cuando el nazismo y el comunismo se dieron la mano narré uno de los episodios más relevantes previos a la 2º Guerra Mundial, el pacto Ribbentrop-Mólotov, que terminó durante esta gran contienda con la llamada “Operación Barbarroja”.

Esta operación, que fue preparada por Hitler en los meses anteriores, se emprendió en la madrugada del 22 de junio de 1941, cuando con más de tres millones de soldados alemanes comenzó la invasión de la URSS, iniciándose así la mayor ofensiva contra Hitler a su rival ideológico: Stalin, quien no creyó en un primer momento lo que estaba ocurriendo en su frontera occidental, a pesar de que sus servicios secretos ya le habían informado de las pretensiones de Hitler. Mólotov, ministro de exteriores, se lo comunicó inmediatamente a Stalin; según cuenta el diplomático Valentin Berezhkov, intérprete de Stalin durante las reuniones más cruciales de la 2º Guerra Mundial:  “Stalin se quedó mudo, no podía ni hablar, se sentó y quedo en silencio por cierto tiempo, comprendió que Hitler le había engañando”.

Tras invadir Noruega, Dinamarca, Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo –pero tras su fracaso en Gran Bretaña-, Hitler estaba deseoso de expandirse por el este del continente europeo y cumplir el sueño de uno de los personajes históricos que más admiraba: Napoleón Bonaparte.

Hitler asumió los riesgos que conllevaba esta ofensiva a quien hasta hace poco era un país intocable por el acuerdo que traté en mi anterior publicación. La población de la Unión Soviética era el doble que la de Alemania, y su amplio territorio –superior al resto de Europa–, dificultaría las comunicaciones y el suministro de materiales. A nivel militar, la URSS también era superior, tanto en hombres, como en fuerzas acorazadas; sin embargo, Alemania tenía más desarrollada su fuerza aérea y los mandos del ejército de Stalin habían sufrido numerosos cambios tras la purga militar de 1937-1938.

Hitler y sus principales generales.

Durante las primeras semanas, el ejercitó ruso cosechó derrota tras derrota. En tierra rusa ya se encontraban cuatro millones de soldados alemanes, 3.000 aviones y 4.500 tanques, que se abrieron paso por las llanuras rusas con cuatro objetivos muy claros: al norte Leningrado, donde se encontraba la gran maquinaria industrial rusa; al sur Stalingrado, con grandes reservas de petróleo, y Sebastopol, donde se encontraba la salida al Mar Negro; y en el centro Moscú, capital de la Unión Soviética. Esta ofensiva supuso la alianza de Churchill con la URSS para enfrentarse ya de forma oficial a un enemigo común. Stalin ordenó como cuestión patriótica la movilización general y la técnica de la tierra quemada, que consistía en quemar todo aquello que no pudiera ser defendido ante el enemigo y que este lo pudiera utilizar en  beneficio propio.

En noviembre de 1941, los nazis ya se encontraban a las puertas de Moscú, un millón de soldados soviéticos habían sido hechos prisioneros, pero debido a la llegada del gran invierno ruso, la situación cambió. El llamado general invierno cogió desprovisto y mal equipado al ejército de Hitler, que atrasó el ataque a Moscú. Con el suelo totalmente helado, el 4 de diciembre el ataque alemán sobre Moscú quedó detenido y dos días después comenzó la contraofensiva rusa.

A finales de 1942, Hitler tampoco logró tomar Stalingrado eliminando así la posibilidad de acabar con la URSS. En esta última batalla decisiva, la de la ciudad de Stalingrado, sus habitantes aguantaron defendiendo su ciudad a la espera de la llegada del invierno, en este caso de 1943, su mejor aliado contra el ejército alemán. Un testigo, Georgi Zabortsev, relata: “Los alemanes tenían un aspecto lamentable. Carecían de uniforme de invierno. Estaban envueltos en mantas raídas e iban sin afeitar, sucios y llenos de piojos”.

Finalmente, en febrero de 1943, el ejército alemán, que había soportado condiciones infrahumanas a causa de las bajas temperaturas y las difíciles comunicaciones con Alemania, se rinde y los soviéticos pasaron al contraataque en todos los frentes, comenzando así el principio del fin del Tercer Reich alemán.

Vía| Canal Historia, Las grandes batallas de la Historia (Capítulo 22). Barcelona. Circulo de lectores (2009).

Más información| Operación Barbarroja

Imagen| Google

Manuel Mariscal Zabala Escrito por el sep 18 2012. Archivado bajo Cultura y Sociedad, Historia.





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Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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