Cultura y Sociedad, Patrimonio 


La Olympia de Manet: símbolo de polémica y modernidad

Todo el mundo conoce una de las obras más famosas del pintor francés Édouard Manet, Olympia (1863), pero quizás no todos sean conscientes de cuánto supuso esa pintura para los avances artísticos acaecidos durante la segunda mitad del siglo XIX. Por ello es siempre fructífero reflexionar sobre una obra tan atrayente, seductora y polémica como esta.  Manet pintó este cuadro durante el año 1863, y éste fue presentado en el Salón de 1865, consiguiendo crear una gran polémica a lo largo de todos los círculos artísticos del París decimonónico. Los expertos más conservadores la criticaron duramente, y solo los pintores más jóvenes que compartían los ideales pictóricos de Manet apoyaron su postura.

Jean-Auguste-Dominique Ingres, "Odalisca con esclava", 1839.

Jean-Auguste-Dominique Ingres, “Odalisca con esclava”, 1839.

Si analizamos la pintura, por un lado tiene una composición muy clásica, que recuerda a otros grandes iconos artísticos como puede ser la Venus de Urbino de Tiziano o la Maja desnuda de Goya. Manet presenta a una mujer blanca desnuda y recostada sobre un diván, símbolo repetido en numerosas ocasiones dentro de la tradición iconográfica del desnudo europeo, y en este caso además acompañada por su dama de color y un gato negro. La pintura de Manet también tiene influencias de la estampa japonesa, tan de moda en París durante esos años, ya que las figuras se recortan sobre un fondo muy plano que resta volumetría a la escena. Incluso se encuentran influencias directas de otros artistas contemporáneos, como Ingres, cuya obra Odalisca con esclava (1839) es bastante similar. Sin embargo, aunque ambas imágenes son parecidas, ¿por qué la de Ingres maravilló a los críticos del momento y la de Manet los escandalizó?

Edouard Manet, "Olympia" 1863

Edouard Manet, “Olympia” 1863

La clave está en que Ingres esconde el desnudo de su pintura bajo una narración mitológica, pero Manet presenta en cambio una mujer desnuda que es de carne y hueso, real, y que en ningún caso se relaciona con otros relatos alegóricos. Todo ello impedía que la obra se pudiese leer, es decir, que el espectador encontrase la historia sobre la que se había inspirado el pintor, ya que no existía. Manet colocaba como protagonista a una mujer desnuda real, contemporánea, que nos mira de modo desafiante, y a la cual en principio no conocemos. En el cuadro no hay otras claves que permitan dar un significado a la pintura, y por lo tanto la única respuesta pasaba por aceptar que la mujer era una prostituta, adquiriendo así la obra un aire soez y mundano. El hecho de que los espectadores no pudiesen responder a quién era esa mujer, por qué había sido representada desnuda y qué quería decir el autor con todo ello hizo que la pintura fuese rechazada por gran parte de la crítica del momento.

Sin embargo, aunque la obra no supiese entenderse en su momento, hoy en día se ha convertido en uno de los iconos más importantes del arte contemporáneo. Y es que Manet no intentaba esconder una historia con esta pintura, sino pintar una escena de su tiempo, sin mayores pretensiones. Manet ha sido considerado el padre del arte moderno, precisamente porque fue el primero en eliminar de su pintura cualquier rastro de narración, rompiendo así con todos los cánones de la tradición clásica del arte. Sin duda, este es uno de los lienzos que abrirían el camino hacia los cambios que desembocarían en el arte contemporáneo, donde la imaginación del artista sustituirá a los modelos narrativos e iconográficos de la tradición clásica.

 

Vía| AZÚA, Félix de. “La ruptura del pacto” y “Manet le quita la palabra a Goya”, en Cortocircuitos. Imágenes mudas. Madrid: Abada, 2004, pp. 69-79 y 83-90.

Más información| NÉRET, Gilles. Édouard Manet: el primero de los modernos. Köln: Taschen, 2005.

Imagen| Ingres, Manet

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