Jurídico 


La ocupación en el sector jurídico

Cada curso decenas de miles de jóvenes españoles deciden estudiar Derecho. El estudiante de Derecho suele tener en mente dedicarse al ejercicio de la abogacía, que puede llevarse a cabo de manera libre –en despachos de abogados, principalmente, o también en consultoras o auditoras– o en el sector público –como abogados del Estado–. ¿Pero qué otras salidas profesionales tiene un recién graduado en esta carrera universitaria?

En efecto, la gran mayoría de los recién graduados en Derecho tratan de incorporarse a despachos de abogad200516901-001os. La aparición en el mercado español de los grandes despachos colectivos hace escasas décadas ha alterado la condición que el abogado tenía antes de su llegada, cuando se mantenía al margen de estructuras productivas propias de la economía capitalista.

Estos grandes despachos de abogados –verdaderas empresas, atendiendo a la cantidad de abogados que trabajan en ellas– ofrecen la oportunidad de formar parte de las operaciones y los asuntos jurídicos más relevantes del momento y de ejercer para distintos tipos de clientes, en su mayoría grandes empresas líderes en su sector. Todo ello en un hábitat  poblado, mayoritaria y habitualmente, por profesionales muy cualificados. A esto se suma un sueldo atractivo y fuertes posibilidades de promoción. Los requisitos generales para acceder a estas empresas suelen ser un expediente académico sobresaliente, un nivel excelente de inglés y, preferiblemente, de otros idiomas, además de estar en posesión de un máster.

Otra posibilidad de ejercer la abogacía es mediante la oposición al cuerpo de la Abogacía General del Estado-Dirección del Servicio Jurídico del Estado, órgano directivo de los servicios de asistencia jurídica al Estado y otras instituciones públicas. Esta oposición es una de las más exigentes que existen hoy día y prepara a verdaderos especialistas del Derecho para la defensa y el asesoramiento de entidades públicas. El principal inconveniente que presenta es la cantidad de temas a preparar para los exámenes oficiales y las escasas plazas que, al igual que en muchas de las conocidas como “oposiciones de prestigio”, suelen convocarse.

Por supuesto, el recién graduado en Derecho no tiene por qué dirigir sus pasos hacia el ejercicio de la abogacía. La carrera abre otras puertas en el mercado laboral, tanto en el ámbito privado (asesoramiento de empresas como abogado in-house) como en el público (en Justicia –Juez, Fiscal, Secretario Judicial–, Hacienda, Registro y Notariado, Trabajo y Seguridad Social, etc.).

El deseo de introducirse en el mundo empresarial, involucrarse directamente en el negocio de la compañía mediante su asesoramiento jurídico  y tener relación directa con otros departamentos de la empresa (como el de marketing y comunicación, las distintas unidades de negocio, o el departamento financiero), la preferencia por trabajar para un cliente único, y la búsqueda de una mayor conciliación entre su vida profesional y su vida personal, son algunos de los factores que empujan cada vez a más jóvenes graduados a sustituir el tradicional despacho de abogados por el departamento jurídico de una empresa. De esta forma, aunque debe alertar de los riesgos posibles de una acción determinada, el abogado de empresa también debe ayudar a la empresa a buscar la alternativa que sea factible en Derecho y, simultáneamente, más adecuada para la estrategia de negocio de la compañía.

Las salidas profesionales para los estudiantes de Derecho no acaban aquí. También son un perfil muy cotizado en la industria financiera, donde no es difícil encontrar exalumnos de una facultad de Derecho; en otras áreas de la empresa, como responsable del departamento de Recursos Humanos de grandes compañías –también en despachos de abogados–; o, incluso, como directores o socios de una empresa, que puede ser su propio despacho, junto con otros recién graduados. Una aventura arriesgada, pero no menos apasionante y divertida en los tiempos que corren.

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