Historia 


La Mujer Griega en la Época Clásica (II)

Cerámica con escena de Gineceo

Cerámica con escena de Gineceo

El siguiente punto que debemos abordar dentro de esta serie dedicada a la mujer griega es el de la relación maternal y el trabajo. En la Antigüedad sólo se consideraba parte activa en la reproducción al varón, mientras que la mujer era considerada simplemente como “un receptáculo para la semilla del padre”, donde esperar a que el feto crezca. Esto nos lo comenta Esquilo en una de sus obras, Las Euménides (658-666). De tal manera que una vez nacido el pequeño, pasaba a ser propiedad del padre, y así continuaría siendo en caso de divorcio. Evidentemente, esto suponía mantener la seguridad en un futuro heredero; quedaba, por tanto ligado a la familia paterna.

En cuanto a la obtención de la ciudadanía, existen ejemplos en los que los hijos nacidos de ciudadanos con extranjeras (metréxenos) eran considerados ciudadanos, como era el caso de Milcíades. Posteriormente, Pericles estableció una ley en la que se hacía necesario que la madre también fuera ciudadana, según Diógenes Laercio (2.26), porque el número de ciudadanos estaba creciendo considerablemente. El control de la natalidad explica además que se fomentara la homosexualidad, el acudir a prostitutas, esclavas, o la preferencia por una esposa sexualmente inactiva; incluso algunos estudiosos piensan en la posibilidad del infanticidio como medida en ciertos periodos de paz. E igualmente, cuando el número de población fue decayendo debido a las bajas sufridas en la guerra, la antigua costumbre volvió a resurgir, e incluso, según palabras de Diógenes Laercio “se aprobó un acuerdo por el que un hombre podría casarse con una mujer y tener hijos con otra”; esto se refleja en ejemplos como Calias, Sócrates y Eurípides, que tenían dos esposas cada uno. Esto no quiere decir que la bigamia fuese tolerada en Atenas, simplemente fue una solución a un problema concreto, en un momento concreto: la crisis tras la guerra.

Según estudios realizados por diversos investigadores, la edad promedio de vida para los hombres era de cuarenta y

Mujeres en un altar

Mujeres en un altar

cinco años, mientras que las mujeres vivían de cinco a diez años menos que ellos. Muchas mujeres morían en el parto.

Existe muy poca información sobre técnicas anticonceptivas en el período clásico, pero probablemente las habría. El aborto también era practicado, sobre todo en los casos en los que el sustento económico familiar no podría mantener una boca más. Teniendo en cuenta el debate actual sobre esta cuestión, me parece interesante recalcar que ya Aristóteles (La Política 7.4.10) distinguió entre el aborto antes y después de que el feto tuviese sensaciones y, por tanto, vida, tachando al primero como sancionable.

Teniendo en cuenta las inestabilidades de principios del siglo V a. C. y la seguridad que proporcionaban las murallas, la vida se trasladó a la urbe, sustituyendo a la vida rural. Esto conllevó que las mujeres realizaran sus tareas en el interior del hogar, para no ser expuesta a ojos de otros hombres. Al ser su trabajo menos visible, condujo a una minusvalía del mismo. El fenómeno urbano provocó además una separación mucho más pronunciada entre hombres nobles con los de clase baja, reflejo producido también en el ámbito femenino. En este sentido, las mujeres de clases superiores se encargaban del manejo y mantenimiento del hogar, lo cual se asemejaba con el trabajo de los esclavos, lo que aumentó aún más esa visión desvalorizada, y negativa que se puede observar en el pensamiento de ser mujeres cómodamente echadas sin hacer nada durante todo el día, como dicen los escritos de Jenofonte (Recuerdos de Sócrates 2.7.7-10).

Existen teorías en las que se expone que la mujer ejercería el control en el oikos, como expresa la profesora María Dolores Mirón Pérez cuando dice: “Si a este mundo interior se vinculaban las mujeres, y al exterior los hombres, espacio donde éstos ejercían su poder, cabe preguntarse si igualmente las primeras establecían su dominio en el ámbito doméstico. Es decir, si paralelamente al poder público masculino en el ámbito de la ciudad, había un poder o una autoridad femenina en el interior de la casa”. El dominio del hogar le corresponde al marido, quien para poder dedicarse a las tareas públicas, delega esa responsabilidad en la persona de su esposa.

Mujeres griegas lavando ropa

Mujeres griegas lavando ropa

Pero también se ocupaban del cuidado de sus hijos, de atender a las esclavas enfermas, de confeccionar ropas o preparar los alimentos. La mujer respetable no iba en busca de agua a la fuente, eso era trabajo de las esclavas, ya que suponía salir fuera de la casa, al igual que tampoco iban al mercado, pues suponía manejarse con dinero, lo cual, según el pensamiento antiguo, era demasiado complejo para una mujer. De hecho, a aquellas mujeres que podían tratar con asuntos económicos, Sócrates dice que “han desarrollado una mente masculina” (en Jenofonte, Económico, 9-10). Este tipo de “cumplidos” podría ser relacionados con la asimilación que tienen aquellas diosas griegas que han decidido ser independientes del mundo masculino, como son Atenea y Ártemis, por ejemplo, que aún siendo mujeres, tienen debido a su divinidad y su curiosa forma de vida, atributos masculinos.

Las mujeres pobres sí trabajan fuera de la casa, realizando tareas domésticas, sobre todo en tareas relacionadas con el vestido (lavar, tejer…), pero también como nodrizas o parteras. Algunas mujeres llegaron a conseguir una buena fortuna por su trabajo, e incluso algunas mujeres extranjeras llegaron a dedicarse al comercio, pero no es lo normal para una ateniense. Tampoco podían comprar ni vender tierras. En los siglos V y IV a. C., las mujeres podían adquirir propiedades con sus dotes, por donación o por herencia, pero sus propiedades eran siempre administradas por varones.

Se dice que el trabajo más antiguo de la Humanidad es la prostitución. En Atenas había un buen número de mujeres que se dedicaban a ello desde el período arcaico. Los burdeles eran regidos por esclavas, ya que eran propiedad del Estado. Había prostitutas esclavas y libres, pero éstas últimas debían estar registradas y pagar un impuesto especial. Había una jerarquía dentro de la profesión: las de más alto nivel eran llamadas hetairai (“compañera de hombres”). Muchas de ellas además de ser hermosas eran educadas, tenían formación intelectual y talento artístico; un paralelo más cercano de ellas serían las geishas japonesas. Una de estas heteras fue Aspasia, amante de Pericles, y posteriormente de Lisicles. Las relaciones entre prostitutas y hombres casados eran permitidas legalmente, y existen muy pocas objeciones de las esposas sobre esto (destaca la petición de divorcio de la mujer de Alcibíades por este hecho, pero el divorcio nunca llegó a realizarse, probablemente porque su dote era sumamente cuantiosa, y Alcibíades se hubiera visto obligado a devolverla). Las prostitutas eran las únicas mujeres atenienses que ejercían un claro control sobre importantes sumas de dinero. Ellas sí eran más dadas al infanticidio. Contrariamente al resto de la sociedad, ellas preferían a las niñas antes que a los niños, pues ellas podrían sucederlas. También solían comprar jóvenes esclavas o recogían a niñas abandonadas de las calles.

 

Vía| S. B. POMEROY, diosas, rameras, esposas y esclavas. Mujeres en la Antigüedad clásica, 1990. A. IRIARTE GOÑI, De amazonas a ciudadanos. Pretexto ginecocrático y patriarcado en la Antigua Grecia, 2002. D. Mirón Pérez, Autoridad femenina en el espacio doméstico de la Atenas clásica, en Las mujeres y el poder. Representaciones y prácticas de la vida., Madrid, 2000.

Imágenes| Gineceo; altar; ropa

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