Historia 


La Muerte en el Egipto Faraónico (IV): Las Tumbas

Las tumbas solían estar situadas en el desierto, pero las casas de los vivos se encontraban en las tierras fértiles que rodeaban el Nilo (único y restringido lugar donde la vida era posible) y estaban construidas con ladrillos de barro, por lo que no se han conservado tan bien como las tumbas de piedra. Ésta es la razón de que hoy conozcamos mejor el mundo de los muertos del antiguo Egipto que el de los vivos. Es lógico imaginar que las tierras fértiles se reservaran a los vivos, en cambio los cadáveres se colocaban en las zonas desérticas.

Debido a la extrema sequedad del clima, el cuerpo de los difuntos se preservaba largo tiempo. Los entierros sucesivos en el mismo lugar provocaron el asombro y admiración al encontrar los cuerpos enterrados anteriormente con apariencia de vida. Surgió de esta manera la creencia de que el alma seguía viviendo si el cuerpo se conservaba. Con el afianzamiento de esta creencia comenzaron a surgir un sinnúmero de prácticas tendientes a asegurar el ingreso y la permanencia en la vida eterna. Muy importante era también

Dibujo de Mastaba

Dibujo de Mastaba

el lugar dónde descansaran esos restos, su morada eterna.

Las mastabas eran las tumbas más antiguas. Se parecían a un prisma con las paredes inclinadas. En el interior había una cámara funeraria subterránea donde se situaba el cadáver. Se accedía a través de un pasillo. Las mastabas o bancos consistían en tumbas privadas generalmente destinadas a la nobleza, dignatarios y altos funcionarios.  Eran construidas de adobe, pero luego fueron realizadas en piedra. Incluían grandes cámaras, pozo funerario y capillas, todo en el subsuelo. La capilla funeraria era imperceptible desde el exterior; en la cámara oserdab era donde se situaba una o varias esculturas del difunto como su doble (ka).

Durante el Reino Antiguo sólo los faraones eran objeto de cultos funerarios y sus cuerpos se momificaban para su eterna conservación. Para ellos se construyeron pirámides, quienes así recibían albergues eternos para su alma, con los lujos y comodidades de su rango. Como moradas eternas de los gobernantes estas construcciones merecían los sacrificios más supremos en tiempo, materiales, y hombres. Esos esfuerzos eran un servicio al rey y constituían las tareas más importantes del Estado. Las pirámides representaron la posibilidad de ascender al cielo, de conectar lo terrenal con lo celestial. La forma piramidal se identificaba con la disposición de los rayos solares. Un antiguo texto religioso dice que el rey usaba los rayos del sol como rampas para subir al cielo. Por la misma vía descendía la energía solar y su poder benéfico se difundía sobre todo Egipto. La idea de perfección celestial estaba implícita en la forma geométricamente pura y en su cuidadosa ubicación en relación al universo: la disposición de la pirámide está vinculada con los puntos cardinales y sus ejes coinciden con esas direcciones.

El formato de la pirámide estaba también relacionado a los mitos del origen del mundo. La pirámide era la representación de la colina o  montaña primordial surgida de las aguas originarias y de la cual, según una doctrina cosmogónica, el dios del sol habría surgido por primera vez. Del mismo modo, el faraón difunto se proponía, partiendo de su monumento fúnebre, proyectarse hacia el cielo y renacer como el sol desde el caos original. El simbolismo de comunicación entre el cielo y la tierra, y el de los mitos de origen, además del formato similar puede conectar las pirámides egipcias con las pirámides americanas o los zigurats mesopotámicos. Sin embargo la función que cumplían era diferente, las egipcias no tenían escaleras porque rechazaban el contacto con los mortales, eran tumbas y no templos como en los otros dos casos.

No conocemos exactamente cómo se construyeron. Los datos más antiguos que se conocen son los que aporta el historiador griego del s. V a.C. Herodoto, quien suponía el empleo de máquinas de madera para colocar las piedras en su lugar. Hoy se ha descartado esta teoría por impracticable, no obstante casi todas las teorías coinciden en el empleo de rampas, con variantes particulares según cada estudioso. La opinión generalizada admite que las pirámides fueron levantadas en sucesivas secciones horizontales o hiladas.

Pirámide escalonada

Pirámide escalonada

El faraón Zoser (hacia 2650 a.C.), primer rey de la III dinastía, inició la costumbre de ser sepultado en un monumento piramidal. El arquitecto Imhotep construyó la tumba en forma de pirámide escalonada en la meseta de Saqqara.. La hazaña de elevar a tal altura este edificio inspiró admiración y respeto entre los contemporáneos de Zoser a tal punto que Imhotep fue elevado a la categoría de semidiós, con poderes mágicos y continuó siendo adorado durante siglos. Los escalones tienen una acentuada pendiente por lo que su ascensión era completamente imposible. El monumento funerario incluyó, además de la pirámide, a un conjunto de edificios dedicados todos ellos a venerar al faraón muerto y a conducir su alma hacia el cielo para superar a la muerte.

Una descendiente del rey Zoser se casó con Snefru, fundador de la IV dinastía. Siguiendo la idea inaugurada por su suegro, Snefru edificó tres

Pirámide de Kefrén

Pirámide de Kefrén

pirámides hacia 2590 a.C. La primera de ellas, ubicada en Meidum, también fue escalonada, pero las otras dos, ubicadas en Dashur procuraron alcanzar la forma piramidal perfecta. El primer intento se concretó en la llamada romboidal o quebrada, que es la que tiene el revestimiento mejor conservado de todas las pirámides de Egipto. Finalmente se logró la pirámide geométricamente pura. A esta le siguen las famosas pirámides de Guiza: la de Keops, Kefrén y Micerino (donde también encontramos la famosa esfinge, animal real y guardián que protege el acceso al complejo funerario del faraón Kefrén). Sus dueños les dieron nombres a sus imponentes complejos: “Keops pertenece al horizonte”, “Grande es Kefrén” y “Divino es Micerino”. La notable diferencia de altura entre las dos primeras y la de Micerino está indicando un debilitamiento del poder del faraón y de sus recursos económicos.

A partir del Reino Medio se dejaron de elevar pirámides, pues resultaban excesivamente onerosas tanto en su construcción como en su mantenimiento. A diferencia de lo que sucedía en el Reino Antiguo, todo egipcio que tuviera los medios necesarios podía hacerse momificar y tener su propia tumba. Los difuntos se enterraron a partir de este momento en tumbas excavadas en la roca, denominadas hipogeos.

Tumba de Hapshetsut, en Deir el Bahari

Tumba de Hapshetsut, en Deir el Bahari

Dentro de la montaña se abrían corredores, vestíbulos y escaleras. Las vías de acceso eran muy complicadas para desalentar a los ladrones de tumbas. La prosperidad conseguida por Egipto en el Imperio Nuevo permitió a muchos de sus habitantes decorar lujosamente sus tumbas. Constituyen, por sus pinturas y diversos tesoros, uno de los conjuntos artísticos más valiosos de la cultura egipcia. Las más importantes son: las tumbas de los faraones, disimuladas en los acantilados del Valle de los Reyes, lugar de escondite para los muertos y sus tesoros; las de reinas y príncipes muertos jóvenes en el Valle de las Reinas y las tumbas privadas que pertenecían a particulares adinerados y de elevada condición social. La tumba más importante y conocida mundialmente de este periodo es la de Tutankamón. También se elaboraron los llamados semiespeos, mitas construcción, mitad excavación en roca, como es el caso de la tumba de la reina faraón Hatshepsut.

 

Más información| Tanatopedia; Egiptoatuspies

Imágenes| Mataba; escalonada; Kefrén; Hatshepsut

En QAH|La muerte en el Egipto Faraónico (I): El mundo de las creenciasLa muerte en el Egipto Faraónico (II): El proceso de momificaciónLa muerte en el Egipto Faraónico (III): El FuneralLos enterramientos en el Antiguo Egipto: de la mastaba a la pirámide (I)

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