Historia 


La muerte en el Egipto Faraónico (I): El mundo de las creencias

Los antiguos egipcios creían en la existencia de un complejo y complicado Más Allá (llamado Duat, Amenti o Necher-Jertet). Era tal su obsesión por ese otro mundo que estaban más preocupados por su futura existencia después de la muerte que por su vida terrenal, de ahí la importancia que le daban a los rituales de embalsamamiento y entierro. Es por ello que he considerado oportuno realizar un especial de cuatro artículos relacionados con el mundo funerario egipcio. En éste primer artículo trataremos el tema sobre el que se sostiene todo el conglomerado funerario, el de las creencias.

Sabemos que con el transcurso del tiempo, la mitología se fue modificando generando diferentes versiones, pero la constante es que cuando la persona moría, el dios del inframundo, Anubis (con cabeza de chacal) guiaba al fallecido por su viaje en el Mas Allá. Una vez allí, el espíritu del difunto debía deambular en un mundo complejo y peligroso, plagado de lugares enigmáticos y sorteando seres malignos. Salir victorioso de esta empresa garantizaba llegar al paraíso.

Los egipcios no quisieron dejar nada al azar, por eso crean el Libro de los Muertos. Cualquier difunto que hubiese tenido en vida una economía desahogada, disponía en su tumba de un ejemplar. El Libro de los Muertos incluye dos cosas fundamentales: una recopilación de conjuros que el difunto (que al morir se convierte en un ser mágico) debe conocer; y por otra parte contiene una guía para pasar correctamente el juicio, para llevar cosas al otro mundo o responder correctamente las preguntas de los dioses.

Juicio de Osiris

Juicio de Osiris

El fallecido requería atravesar una serie de puertas, cavernas y montañas vigiladas por criaturas sobrenaturales y aterradoras, todas ellas podrían ser pacificadas con la recitación de los sortilegios adecuados incluidos en el Libro de los Muertos. Una vez sorteados el difunto llegaba ante el dios de la resurrección, Osiris (con rostro de color verde, por la putrefacción) para ser juzgados por sus actos durante su vida, y saber si merecía o no la eternidad. En este juicio primeramente debía jurar que no había cometido ningún pecado de una lista de 42, mediante la recitación de un texto conocido como la “Confesión Negativa”. Después, el corazón del difunto era pesado en una balanza contra la pluma de la diosa Maat, que encarnaba la verdad y la justicia. El dios de la sabiduría, Tot (con cabeza de ibis) actuaba como escriba, y el dios celeste Horus (con cabeza de halcón) intermediaba entre el difunto y Osiris.

Balanza de Maat

Balanza de Maat

 Si la balanza permanecía en equilibrio significaba que el fallecido había llevado una vida ejemplar; si no pasaba la prueba, el difunto era devorado por la bestia Ammit (una criatura con cabeza de cocodrilo, cuerpo de león y piernas de hipopótamo). Era la segunda muerte y era lo que los egipcios más temían porque implicaba la completa aniquilación. Dejaban de existir para siempre.

Barca de Ra

Barca de Ra

Los bienaventurados pueden subirse a la barca de Ra, que pasa por el inframundo por la noche, y llega al cielo en el amanecer, destino último de estas almas, convirtiéndose en estrellas.

Otros destinos son el horizonte y el inframundo, que a pasar de ser un lugar infernal, era un lugar deseable porque era el reino de Osiris (por eso ya veremos que a pesar de que las pirámides se construyan hacia arriba, las cámaras funerarias se construyen hacia abajo).

Osiris, de la Tumba de Nefertari

Osiris, de la Tumba de Nefertari

Pero Osiris, en su origen no fue siempre el dios del inframundo. Su mito es importante para entender uno de los rasgos más característicos de la cultura del antiguo Egipto y del que hablaremos en el próximo artículo: la momificación. El mito de Osiris es el siguiente: Osiris era el hijo mayor de Nut, la diosa del Cielo, y de Gueb, el dios de la Tierra. Se dice que fue el primer rey de Egipto, hasta el día en que la desgracia cayó sobre él. Seth envidiaba a Osiris, su hermano. Durante una fiesta retó a los invitados a que entrasen en un cofre. Osiris se introdujo en él y la tapa se cerró. Seth hizo tirar el cofre al Nilo y se apoderó del trono. Isis, la mujer de Osiris, encontró el cadáver de su esposo y lo escondió. Pero el malvado Seth se apoderó de él, cortándolo esta vez en catorce pedazos, que esparció en la corriente del Nilo. Tras una larga búsqueda, la diosa hechicera Isis recuperó los pedazos y pacientemente los unió. Con la ayuda de Anubis, el dios de los embalsamadores, le devolvió la vida a Osiris, momificándolo, y se convirtió en el dios de los muertos en el Más Allá.

 

Vía| La memoria del viento

Más información| Viajes y lugares

Imágenes| Juicio de Osiris; Balanza de Maat; Barca de Ra; Osiris

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