Especial II Guerra Mundial, Historia 


“La Muerte Blanca”: el mejor francotirador de la Historia

Estos días está de moda Chris Kyle, aclamadísimo francotirador que, con instrumentos de muerte muy avanzados, consiguió abatir a 160 personas durante la guerra de Iraq. Eso le ha valido al menos una película y unos cuantos libros sobre su figura. Desgraciado es el epílogo trágico acontecido.

Sin embargo, Simo Häyhä, apodado “La Muerte Blanca”, superó con creces ese número hasta alcanzar los 505 enemigos abatidos (llegó hasta 540 contando los no confirmados), convirtiéndose en el francotirador con más bajas de la historia. Pero, ¿cuándo ocurrió esto?

En una entrevista de 1998 se le preguntó si lamentaba haber matado a tantas personas y, mirando con serenidad a su interlocutor, afirmó: “Hice lo que se me ordenó lo mejor que pude”.

En una entrevista de 1998 se le preguntó si lamentaba haber matado a tantas personas y, mirando con serenidad a su interlocutor, afirmó: “Hice lo que se me ordenó lo mejor que pude”.

El 30 de noviembre de 1939 los rusos decidieron invadir Finlandia por no ceder esta a sus presiones. Si bien es usual señalar lo favorecedor que es el invierno para los rusos, hay un dicho que en este caso viene muy bien: encontraron la horma de su zapato. Fue un invierno muy duro, con temperaturas de -40ºC que los finlandeses podían aguantar mejor que los rusos.

450.000 rusos atacaron, pero Finlandia solo tuvo tiempo para movilizar a 180.000 hombres entrenados con tácticas de guerrilla, uso de esquíes para desplazarse, un estudio profundo de la geografía del lugar y camuflaje (todo ello bajo la dirección de Carl Gustaf Mannerheim, que posteriormente se convertiría en presidente de Finlandia). Los finlandeses atacaban a grupos aislados, y en esos ataques destacaban los francotiradores, que causaron terror entre los rusos.

En 115 días de guerra, Häyhä sumó 505 enemigos muertos, y los rusos dieron tumbos de fracaso en fracaso, cayendo en numerosas trampas y avanzando a trompicones y a coste de numerosas bajas, lo que causó la ira de Stalin, que destituyó al general al cargo y envió 600.000 hombres a una nueva ofensiva el 1 de febrero de 1940. Esta vez el apoyo abrumador de la artillería derrumbaría las defensas finlandesas.

Simo Häyhä con la cara deforme tras la explosión. 1940.

Simo Häyhä con la cara deforme tras la explosión. 1940.

Simo Häyhä no utilizaba mira telescópica para no ser delatado por el reflejo del sol y para evitar que se empañase o rompiese por la temperatura. Además, solía compactar la nieve frente a él para que al disparar no se removiese. Por si fuera poco, se llenaba la boca de nieve para evitar que el vaho le delatase. Su baja estatura, 1.60, jugaba en su favor a la hora de camuflarse.

Por cierto, sus cifras ascienden entre 150 y 200 más cuando se añaden las muertes causadas con un subfusil de más corto alcance.

El 6 de marzo fue herido en la cara por una bala explosiva, tras evitar casi todos los planes elaborados por los rusos (que incluía ataques de artillería) para acabar con el hombre cuyo nombre los soldados rusos susurraban con miedo. Sin embargo, pese a perder un trozo importante de la cara, sobrevivió, y vivió hasta 2002, muriendo con 96 años de edad.

En colaboración con QAH| Ad Absurdum

Vía| Trotter, William R., Frozen Hell: The Russo-Finnish Winter War of 1939/40, Algonquin Books of Chapel Hill, 2000

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