Historia 


La montaña: El hogar de los Dioses

Vista aérea del Monte Ollmpo

Vista aérea del Monte Olimpo

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha asociado la montaña con el hogar de los dioses. Ya desde las creencias más primitivas, las zonas montañosas han sido respetadas y veneradas. Las primeras sociedades animistas consideraban las montañas como el lugar en el que se refugiaban los espíritus, llegando a enterrar a sus muertos en sus laderas para acercarlos a sus antepasados. El historiador y geógrafo griego Heródoto, aseguraba que el oráculo de Dionisos se halla en las más altas montañas. Su compatriota Hesíodo en su obra ‘La Teogonía’ dice “las altas montañas son la morada que place a los dioses”. Probablemente su altura y dominio como hito geográfico motivó su percepción divina y propició la creación de multitud de relatos mitológicos en torno a ellos en distintas regiones y culturas. En concreto, en la tradición mediterránea encontramos cuatro de ellas.

La mayoría de las personas hoy en día sabemos que los dioses griegos olímpicos tenían su morada en el monte Olimpo. Quizás éste sea el monte más conocido popularmente. Su nombre significa “el luminoso”. Dicho monte (de 2918 metros de altitud) se encuentra en el norte de Grecia, en la frontera entre Tesalia y Macedonia. Los antiguos griegos lo apreciaron desde siempre por ser la montaña más alta de todo su territorio, y la segunda de los Balcanes. Por ello, se ganó rápidamente su título de hogar de los dioses olímpicos, los principales del Panteón, con Zeus a la cabeza. El resto de Olímpicos, cuya supremacía en el mundo de los dioses la ganaron por su victoria contra los titanes, eran: Hera, Poseidón, Ares, Hermes, Hefesto, Afrodita, Atenea, Apolo, Artemisa, Hestia, Démeter y Dionisio.

Zafón (o Safón), la montaña sagrada del dios cananeo Baal, es menos conocida. Con una altura de 1770 metros, está situada en el norte de Siria, en el río Orontes. El nombre Baal significa señor o amo. Se trataba del nombre propio de una divinidad principal, que luego se convirtió en un apelativo común de las deidades semíticas occidentales. Hay manifestaciones locales de este dios atmosférico, al que se solía dar el nombre de la cumbre de la montaña que era su dominio habitual.

Los israelitas, igualmente, también tenían sus montañas sagradas. La primera de éstas era el Monte Sinaí,

El monte Sinaí

El monte Sinaí

ubicado bastante al sur. Este monte no era considerado como el hogar de Dios sino como la montaña a la cuál él había descendido para reunirse con Moisés y darle su Ley a Israel. A pesar del hecho de que un acontecimiento clave de la historia de Israel se había llevado a cabo ahí, textos posteriores, tales como los Salmos, le dedican relativamente poca atención a dicho monte. Tampoco parece haber sido un lugar de peregrinaje, aunque en una ocasión se menciona que el profeta Elías viajó al Sinaí para encontrarse con Dios, aunque en este momento se lo menciona con el nombre de Horeb (1Reyes 19:8).

Tanto los salmistas como los profetas del Antiguo Testamento le prestaron mucha más importancia al Monte Sión. Es curioso como a diferencia de las otras montañas mencionadas anteriormente, Sión no es ni remoto ni particularmente admirable. Constituye el área montañosa de Jerusalén, más concretamente, el monte del Templo. En el Salmo 48:2 se la define como “Bella colina, es la alegría de toda la tierra. El monte Sión, en la parte norte, es la ciudad del Gran Rey”. Esta área de Jerusalén está a más o menos 610 metros sobre el nivel del mar y no domina el área de Judá de ninguna manera como lo hace el Olimpo en Grecia. También, a diferencia de otras montañas, tenía una gran población humana, de manera que no era lejana ni se le otorgaba aspecto de misterio que usualmente se asocia con las montañas de los dioses. El término “Sión” en el Antiguo Testamento, se usaba como un tipo de palabra clave para el reino venidero de Dios (Is 2:2-4). La propia presencia de Sión en una ciudad humana, Jerusalén, era prueba de que el pacto de Dios estaba con el pueblo y de que, a diferencia de los dioses de las otras naciones, su Dios moraba y seguiría morando entre ellos.

Después de lo anteriormente expuesto, no nos debe de extrañar que los grandes templos sumerios guarden gran parecido con la imagen de una montaña. Durante mucho tiempo, la ciudad sumeria fue una ciudad-templo, cuya vida se organizaba en función al templo zigurat. El dios era el verdadero señor de la ciudad, y el jefe del clero era solamente su representante, reinando con este título sobre todos los habitantes de la ciudad. Del templo partía la autoridad, y a él llegaban todos los productos de la explotación económica, para luego redistribuirse al centro urbano. Los templos eran el centro neurálgico de cada ciudad, no es de extrañar que su construcción se volviera cada vez más compleja. Si bien existieron ejemplos anteriores, los primeros zigurat de dimensiones monumentales comenzaron a elevarse durante la tercera dinastía de Ur, alrededor del 2100 a.C.

Distribución del Zigurat

Distribución del Zigurat

El templo de la ciudad Ur, quizá el más grandioso, fue construido en honor a la diosa Nanna, símbolo lunar. Si bien hoy se conserva sólo una parte del monumento, se sabe que originariamente contaba con una base de 62 metros x 43 metros, alcanzando una altura desconocida, aunque superior a los 15 metros que hoy se mantienen. Se componía de varias terrazas superpuestas, con el templo propiamente dicho en su cúspide.

La mayoría de los historiadores sostienen que el zigurat era concebido como una especie de puente entre el cielo y la tierra, un punto físico por el cual los mesopotámicos creían que se manifestaban las voluntades de los dioses. Su estructura piramidal también podría haber evocado a la montaña primordial, que formaba parte de los mitos de la creación sumeria.

Y por supuesto no se nos escapan las pirámides, presentes en varias civilizaciones repartidas por varios puntos del planeta, donde destacan Egipto, Sudán, México y Perú. Pero también hay construcciones piramidales en China

pirámide de Zangkunchong, China

pirámide de Zangkunchong, China

(como la enorme pirámide blanca o la pirámide de Zangkunchong),  en Japón (restos sumergidos de Yonaguni), en Grecia (la pirámide de Hellenikon), en Francia (pirámide de Falicon), en Tenerife (las pirámides de Guimar). Cada una de estas civilizaciones ha construido un tipo de pirámide diferente con usos y justificaciones propias de su cultura, desde monumentos funerarios hasta templos; unas son escalonadas, otras tienen rampas, etc… pero todas coinciden en reproducir la misma forma geométrica.

Pirámides de Guimar, Tenerife

Pirámides de Guimar, Tenerife

 

Por todo ello, la montaña, que sube al cielo, es un factor geográfico cargado de sacralidad, porque es donde confluyen el cielo y la tierra, y por este motivo las montañas son el dominio por excelencia de las hierofanías celestes y atmosféricas, así como la residencia de los dioses.

 

 

 

Vía| elnortedecastilla

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Imágenes| Olimpo, monte Sinaí, Ziguratpirámide de Zangkunchong, Pirámides de Guimar

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