Historia 


La Monarquía Hispánica en la batalla de Lepanto

Introducción

Cuadro sobre la Batalla de Lepanto

La batalla de Lepanto fue un combate naval que tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 cerca de la ciudad griega de Náfpaktos (Lepanto en italiano y de ahí al español). Se enfrentaron en ella la armada del Imperio otomano contra la de una coalición católica, llamada Liga Santa, formada por la Monarquía Hispánica, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya.

Antecedentes a la batalla de Lepanto

El camino hacia la batalla de Lepanto comenzó cuando el Imperio Otomano ocupó la isla de Chipre en septiembre de 1570. Fue en ese momento cuando la República de Venecia empezó a buscar la ayuda de otras potencias cristianas del Mediterráneo para frenar la expansión turca. El Pontífice Pio V fue el primero en mostrar su ayuda a los venecianos, ya que veía la lucha contra el turco como una cruzada contra el infiel. Aunque el Papa mandó enviados a todos los gobiernos cristianos para pedirles que se unieran en una Santa Liga para hacer retroceder a las fuerzas otomanas, su mayor esperanza era la Monarquía Hispánica y Felipe II.

Cuadro que representa la batalla de Lepanto

Tras unas negociaciones con el Papado por las que recibió unas concesiones financieras, Felipe II se unió a la Santa Liga en mayo de 1571 en la creencia de que, como miembro más poderoso, podría dirigir la estrategia a seguir por la gran flota. La firma oficial de la creación fue en Roma en base a una serie de condiciones: por un lado, el monarca español pagaría la mitad del presupuesto operativo, mientras que Venecia, el Papado, y algunos otros aliados italianos pagarían la mitad restante, y, por otro lado, sería Don Juan de Austria quien comandaría la flota castellana combinada de 200 galeras, 100 embarcaciones de transporte y 50000 soldados, a reunirse en Mesina.

La batalla de Lepanto

A finales de septiembre, los almirantes otomanos decidieron pasar el invierno en el golfo de Lepanto, pues suponían erróneamente que sus enemigos no iniciarían operaciones militares a esas alturas del año. Don Juan de Austria partió de Mesina con la mayor flota cristiana de la Historia: 280 galeras, entre veinte y treinta naves, y seis barcos de guerra de nuevo diseño, las galeazas. El primer destino de la flota fue Corfú, pero, al no encontrar las guarniciones turcas, bajaron hasta el golfo de Lepanto.

Antes del amanecer del 7 de octubre de 1571, toda la flota otomana (230 galeras y unas 70 naves más ligeras) zarpó de sus posiciones defensivas siguiendo órdenes del sultán, Mehmet Sököllük. Aproximadamente unos 170.000 hombres, entre remeros y combatientes, lucharon en la batalla de Lepanto, y al atardecer, 60.000 de ellos estaban muertos o heridos. El mar quedó completamente cubierto de decenas de barcos rotos y hundidos, y teñido por la sangre de miles de cadáveres flotantes. Aunque sufrieron la pérdida de 7500 muertos y unos 20.000 heridos, la victoria de la Santa Liga fue contundente, debido a que habían capturado 117 galeras y 13 galeotas, 400 piezas de artillería y unos 3500 prisioneros, además de haber liberado a unos 15.000 esclavos de las galeras otomanas.

Impacto de la batalla de Lepanto

Cuadro alegórico de la batalla de Lepanto hecho por Tiziano

Cuadro alegórico de la batalla de Lepanto hecho por Tiziano

El gran éxito de la Santa Liga encabezada por la Monarquía Hispánica va a tener un gran impacto cultural que va a quedar reflejado en multitud de textos e imágenes propagandísticos desde ese último tercio del siglo XVI y a lo largo de todo el siglo XVII. En el caso de Felipe II, toda la campaña se va a centrar en realzar dos ideas: por un lado, que este gran triunfo se consiguió bajo el inmejorable liderazgo castellano, y, por otro lado, el incansable compromiso de los reyes de la Monarquía Hispánica en la defensa de la Cristiandad católica.

El principal ministro del rey, el cardenal Diego de Espinosa, llegó incluso a comparar Lepanto con la destrucción del ejército del faraón en el Mar Rojo. Felipe II encargó al pintor genovés Luca Cambiaso seis grandes lienzos que conmemoraran la batalla y que estarían destinados al palacio de verano del Escorial, haciendo presencia alegorías y dioses como la Fama, la Victoria, Neptuno, la Fortuna o Belona. La victoria en la batalla de Lepanto coincidió además en el mismo año con el nacimiento de su hijo varón Fernando (1571-1578), lo que el rey vio como un indudable signo del favor divino a la monarquía.

En colaboración con QAH| Historiae Heródoto

Vía| FLORISTÁN, A. (2005): Edad Moderna: Historia de España. Ariel, Barcelona; BOUZA, F. (1998): Imagen y propaganda: capítulos de historia cultural del reinado de Felipe II. Akal, Madrid.

Imagen| Cuadro de la batalla de LepantoCuadro de la batalla de Lepanto; Alegoría de Lepanto

En QAH| La legitimación del poder en Felipe II; La batalla de Lepanto y el rezo del rosario

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