Especial Abdicación, Historia 


La monarquía electiva visigoda

Debate, quizá interminable, el que estos días se ha incrementado con motivo de la repentina noticia de la abdicación del rey Juan Carlos I en España. Acérrimos defensores de la Monarquía apoyan el actual sistema, mientras que partidarios de la República exigen poder elegir a la máxima autoridad del Estado. Curiosamente, durante buena parte de la Alta Edad Media, en España los pueblos godos instauraron unos reinos que durante cierto tiempo se basaron en la elección, y no en la sucesión hereditaria. A este sistema se le conoce como monarquía electiva.

J. A. Ribera y Fernández. Siglo XIX. Wamba renunciando a la corona (Detalle)

J. A. Ribera y Fernández. Siglo XIX. Wamba renunciando a la corona (Detalle)

Los godos, pueblos de origen germánico, comenzaron poco a poco a penetrar en el territorio de un Imperio Romano ya muy perjudicado en su parte occidental a partir del siglo IV. Llegaron a Hispania tras trazar una línea que descendía desde tierras escandinavas hasta los Balcanes, donde podríamos situar el nacimiento del término visigodo, para después cruzar la Galia. Durante estos movimientos migratorios, ejercieron como mercenarios al servicio de Roma, y sus primeras incursiones en Hispania fueron, de hecho, para enfrentarse a esos pueblos que habitaron la Península hasta los años de transición entre los siglos IV y V: alanos, vándalos y suevos. De todos ellos, fueron los suevos los que más resistieron, siendo vencidos por Teodorico II en el año 456, a pesar de que se mantuvieron desplazados en el noroeste de la península algún tiempo más. La importancia de los visigodos crecía al mismo ritmo que menguaba la de la dominación romana en las zonas galas e hispanas, cuyo definitivo verdugo fue Eurico, que ascendió al trono tras asesinar a Teodorico II, su propio hermano. Cierto es que podríamos decir que el verdadero sistema de traspaso de poder entre los godos a lo largo de su historia, bien pudiera considerarse el regicidio.

El acontecimiento que causó que los visigodos centraran su reino en Hispania, abandonando el sur de la Galia, fue la derrota de Alarico II en la Batalla de Vouillé, frente a los francos, liderados por Clodoveo, en su coalición con los burgundios de Gondebaldo, en el año 507. La fecha exacta en la que se establece Toledo como capital del reino visigodo no está del todo clara, pero se ubica en algún momento durante el reinado de Atanagildo, entre los años 555 y 567. La definitiva hegemonía visigoda en España llegaría con Leovigildo, cuando en el año 585 acaba con el espacio suevo que permanecía en la actual Galicia.

Ilustración sobre el IV Concilio de Toledo

Ilustración sobre el IV Concilio de Toledo

Desde que sus gentes se habían estado moviendo por el corazón de Europa, en la administración de los pueblos godos había estado presente una política propia, encabezada por la figura de un rey elegido en una asamblea de hombres libres, al estilo germánico. El rey era el jefe supremo del reino, y gozaba de poderes judiciales, legislativos, militares y administrativos. El Liber Iudiciorum, o Lex Visigothorum fue un libro de leyes creado por Recesvinto en torno al año 654, y en él ya se plasman estos datos, además de informarnos de que el propio rey estaba también sometido a las mismas leyes que el pueblo. La monarquía visigoda no era una monarquía absoluta, sino que el rey debía sujetarse al Derecho para ser tenido como tal. Podemos considerar la monarquía electiva como principal sistema de acceso al trono, aunque quizá fuese más apropiado hablar de sucesión irregular. La elección del monarca, si bien era tal, electiva, lo cierto es que sólo asumía como candidatos a los miembros de un determinado linaje. Hubo intentos de varios reyes para convertirla en hereditaria. Podríamos hablar de verdadera monarquía electiva a partir del IV Concilio de Toledo, celebrado el 5 de diciembre del año 633 bajo el reinado de Sisenando, donde se especificó en la que se considera la primera constitución escrita de España, que a la muerte del rey, el sucesor sería elegido por todos los magnates y obispos reunidos en un concilio común. A pesar de todo, en no pocas ocasiones quien no estaba de acuerdo con la elección del rey recurría a la espada para poner fin al reinado, y a las amenazas para imponer su opción en los concilios.

Será por ello que terminó siendo tan larga la lista de reyes godos. Ya en el siglo VIII el reino visigodo se encontraba fragmentado en diferentes grupos de nobles, que se enfrentaban proclamando rey a quien querían. Momentos turbios que acabarían por poner fin al reino visigodo, con el punto de inflexión que supuso la Batalla de Guadalete, el prólogo de la invasión musulmana.

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| Enciclopedia Historia de España. Tomo IV. Los Visigodos

Imagen| Cuadro, Ilustración

En QAH| Especial Abdicación

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