Cultura y Sociedad, Literatura, Moda 


La modelo descalza, de Jordi Sierra i Fabra

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La modelo descalza, Jordi Sierra i Fabra
Siruela 2010

Sinopsis:

Después de una fiesta, Alexia una famosa top model y el modelo Christian van Peebles, deciden marcharse a su hotel.

Pero las cosas se complican a la mañana siguiente, cuando los empleados del hotel escuchan sus espantosos gritos en el interior de su habitación. Christian aparece muerto envuelto en charco de sangre acuchillado en el pecho y ella no recuerda nada de lo que pasó, pero evidentemente ella es la única sospechosa al estar en el lugar del crimen .

Ante todo el revuelo mediático que produce la noticia, Alexia decide desaparecer para encontrar un poco de paz durante la investigación.

Es entonces cuando se encontrará con Jon Boix reportero de la revista “Zonas Interiores” y antiguo novio que luchará por su inocencia aclarando todo lo sucedido, gran colaborador en el tema personal y también en la investigación.

Jon, un afamado reportero mundial, acaba de regresar de un viaje por África, donde ha estado investigando sobre las mafias del mundo de la moda que andan buscando nuevos perfiles para las nuevas pasarelas de moda. A su regreso, se encuentra con la noticia: Alejandra, su ex novia ha sido acusada de asesinato después de una noche de alcohol y drogas.

Los medios de comunicación, que siempre están al acecho, van a dar a conocer todas las glorias y miserias de Alexandra, destapando los detalles más íntimos de sus excesos con las drogas y el alcohol, sus amores efimeros, para vender su vida en cada instante.

Jon, que la conoce hace tiempo cuando aun su carrera no habia despegado, no cree en las presuntas acusaciones, por eso empieza  una carrera contrarreloj para demostrar su inocencia.

Descubre el final de esta trepidante aventura, no te defraudará -como siempre- Jordi Sierra i Fabra, que aquí nos lleva de viaje al mundo de la moda, adentrándose en la visión más realista y cruda que esconde la explotación a la que muchas veces se ven sometidas las modelos, provocando: soledad, anorexia, drogadicción, etc .

Se trata de un viaje que nos lleva a explicar los orígenes de nuestra protagonista, descubriendo los detalles  de cómo se fue adentrando en el mundo de la moda y las condiciones personales que la han llevado a la situación en la que se encuentra en el momento del asesinato.  Tocando temas tan actuales como la influencia de la prensa en la vida pública, la rapidez con la que cambia el mundo de la moda y el olvido al que se someten cuando han sido explotadas durante los años de trabajo en pasarela y revistas .

A eso se añade la dura vida a la que son sometidas las chicas durante ese periodo de su vida, cada vez más jovenes e inocentes .

Jordi Sierra i Fabra ya había tratado el tema de la moda en otra de sus obras: “Las chicas de alambre” , en la que nos presenta a su principal personaje: Jon Boix.

Os dejo el principio de la obra,

AVISO: ENGANCHA ….

 

Capítulo 1

Llegar a tu casa después de un largo viaje en avión es… lo mejor del mundo.
No importa que vengas de un país exótico, que todo haya ido bien, que los aviones hayan salido a su hora, que el trabajo haya sido de primera y las sensaciones perfectas. No importa nada. Aunque lo eches de menos, aunque ya pienses en el siguiente viaje, aunque tu vida sea volar y disfrutar del mundo, llegar a casa no tiene parangón con nada.
Además, no venía precisamente del lugar más civilizado. Tener cobertura con el móvil, después de varios días sin ella, significaba estar de nuevo conectado con la maldita Aldea Global. Y no es que yo sea un fanático de la globalización, al contrario. Pero son los tiempos, y hay que vivir de acuerdo con ellos.
Dejé la bolsa del equipaje y la de las cámaras en el suelo, respiré mi aire más familiar, pensé en mi cama…
—Hola —me dije a mi mismo.
Lo primero, abrir un poco las ventanas, para que circulara el aire. Lo segundo, quitarme los zapatos y la ropa, ponerme cómodo. Lo tercero echarle una ojeada al correo, por si me encontraba algo urgente o novedoso. Lo cuarto escuchar los mensajes del contestador automático. Exactamente nueve. Y para todos los gustos. Desde amigos preguntándome dónde estaba y por qué no contestaba al móvil hasta amigas interesándose por mi salud.
El último era de mi madre.
—Bienvenido. Llámame cuando llegues.
El mismo mensaje que el del SMS leído en el aeropuerto, nada más aterrizar y recuperar la cobertura. Lacónico y directo, como no podía ser menos. La había llamado, no sólo porque fuera mi madre, sino porque el tono era más bien el del trabajo, el de Paula Montornés, dueña y directora de Zonas Interiores, nuestra revista. Y cuando empleaba ese tono…
Pero ella también tenía su móvil desconectado.
Lo probé de nuevo.
Fui a la memoria, activé su número y esperé.
—Lo siento. Ya sabes cómo va esto. Te llamo si me dices quién eres.
—Mamá, soy yo —le dije al buzón de voz—. I’m home.
Dejé el móvil junto al teléfono fijo y por un momento vacilé sin saber qué hacer. Tenía que deshacer la bolsa y poner la ropa para lavar, pasar las fotos al ordenador, cenar algo, ducharme, enterarme de cómo estaban las cosas…
No tenía sueño. El dichoso jet-lag. Y no es que hubiese mucha diferencia horaria aunque el viaje desde el África profunda hubiese durado trece horas. Me fui directo a la ducha para relajarme. Sí, ya sé que dicen que cuando llegas de un viaje no has de tomar una ducha ni meterte en una bañera con agua caliente, porque es malo. Pero no sé de nadie que se haya muerto por eso y a mí me apetecía una ducha. Diez minutos bajo un chorro dan para que te olvides del mundo entero.
Salí envuelto en una toalla y entonces me derrumbé en mi butaca favorita, delante de mi equipo de imagen y audio. Pantalla gigante para televisión, películas, DVD’s, y el resto integrado por un grabador, reproductor, música… Le di al mando a distancia de la tele y lo primero que vi fue lo de siempre. Es decir, lo de siempre antes de irme.
El país seguía igual. Y el mundo.
Los mismos políticos diciendo las mismas cosas, poniendo las mismas caras y gritando las mismas estupideces sin sonrojarse ni recordar que las hemerotecas solían desnudarles a cada momento. Las mismas guerras cada día con el contador de muertos en aumento. Los mismos locos armamentistas y los mismos falsos profetas con sus bocas llenas de dioses. Las mismas vergüenzas internacionales. Lo único diferente era que los niños que salieron por la pantalla, víctimas de conflictos o hambrunas, aún estaban vivos, mientras que los últimos que vi antes del viaje probablemente ya estarían muertos.
Ser periodista es fantástico, lo mejor, pero también es muy duro.
Sobre todo si tienes un compromiso, si te inmiscuyes, si no eres indiferente, si tomas partido y se te rebelan los higadillos ante las atrocidades constantes de las que eres testigo, directo o indirecto, y que se enfrentan a la pasividad de tantos, desde los miserables del G-8 hasta los destructores ambientales.
Siempre recordaba a uno de los jefes de las tribus amazónicas el día que dijo: “Cuando hayáis destruido el último bosque, agotado el último océano, aniquilada la última especie animal, os daréis cuenta de que el dinero no se come. Y entonces será demasiado tarde”.
Le quité el volumen a la proyección televisiva y cogí de nuevo el móvil.
Era raro que mi madre lo tuviera desconectado.
A no ser que se encontrara en un teatro, un cine, una cena… o una cita.
Pensé en ello.
Y sonreí.
Ojalá Paula Montornés tuviera una cita. No buscaba un padrastro, pero sí me hubiera hecho ilusión que ella recuperase el pulso de su vida fuera de Zonas Interiores.
La revista era su casa, su mundo. Ella y yo.
Gajes de ser hijo único.
—Que conste que te he llamado dos veces —le dije al buzón de voz—. Me voy a la cama en quince minutos y desconectaré. Hasta mañana.
Estaba acabando el mensaje cuando en la pantalla apareció ella.
Alexia.
Alejandra Galvany.
Me quedé con el móvil en la mano y mi habitual aspecto de tonto viendo aquella imagen tan habitual y, al mismo tiempo, tan especial para mí.
Mi Alexia, aunque para mí sería siempre Alejandra.
Lo extraño era que saliera en un telediario, un informativo de media noche, no en un programa del corazón. Desde luego no daba la impresión de que el tema fuese alguno de sus pases de moda en cualquier lugar del mundo, ni su fama como top internacional, ni tampoco que hablaran de ella por un premio o un escándalo con su más reciente ligue.
Alejandra estaba muy seria.
Lloraba.
Y la rodeaban varios policías.
Tardé demasiado en reaccionar y subir el volumen del televisor. Para cuando lo hice, la noticia tocaba a su fin. Alcancé a escuchar unas últimas palabras:
—…el asesinato, el baño de sangre…
Y finalmente el párrafo de despedida:
—…la famosa top model internacional, protagonista este año de destacados campañas publicitarias y reina de las pasarelas de Milán, París, Nueva York, Tokyo y  Londres, había desfilado estos días para los más reputados creadores del Salón de la Moda de Barcelona. Del lujo a la cárcel mientras la investigación sigue abierta.
“Asesinato”, “Baño de sangre”, “Cárcel”.
Me quedé hipnotizado, convertido en una estatua de piedra delante del televisor, que de pronto cambió de tema y empezó a soltar imágenes de fútbol.
Por eso el inesperado zumbido del móvil, que seguía en mi mano, me sobresaltó tanto que casi me dio un infarto.
Era mi madre.

Es una novela descarga (43)apasionante de un afamado y prolífico escritor como es Jordi Sierra i Fabra.

De fácil lectura y con una gran historia de fondo que hoy en día sigue siendo noticia.Sería adaptado para leerlo en el grupo de alumnos de 4º de la E.S.O. para comentarlo en grupo y ver el debate que puede producir .

Os dejo para terminar el booktrailer de Campo de fresas , un libro del mismo autor sobre el tema de las drogas que creo que también puede interesaros

Espero que os guste.

Inma

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