Patrimonio 


La mesa mágica de Tintoretto

Autorretrato de Tintoretto

Autorretrato de Tintoretto

Con motivo de la exposición monográfica de Tintoretto de hace unos años en el Museo del Prado de Madrid, la primera celebrada fuera de Venecia desde 1937 y la más completa de la historia, tuvimos ocasión de revivir el milagro de la perspectiva, que reverdeció las posibilidades de la pintura gracias al genio matemático del arquitecto renacentista Filippo Brunelleschi y el pincel revolucionario de Massacio.

Entre las pinturas expuestas, llama la atención una obra maestra —que forma parte de la colección permanente del museo— titulada El lavatorio, que fue traída a España desde Londres por el embajador de Felipe IV en Inglaterra tras comprarlo en la almoneda de Carlos I y depositarlo en El Escorial. El cuadro, de enormes dimensiones —210×533 centímetros—, fue concebido para verlo lateralmente, lo que explica que los actores principales, Cristo y San Pedro, estén situados en un extremo.

En el centro del cuadro, eje central de la perspectiva, una mesa con un blanquísimo mantel sirve de puente entre los blancos del grupo de Jesús, San Pedro y San Juan y el blanco de las formas arquitectónicas. Pues bien, si dos espectadores se sitúan, uno junto al otro frontalmente al cuadro a la altura de la mesa, observarán ésta de frente. Y si se separan lateralmente, uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda, sin perder de vista la mesa, verán que el frente de la mesa ¡persigue a ambos!

El lavatorio de Tintoretto

El lavatorio de Tintoretto

¿Cómo es posible que, desde los dos extremos del lienzo, dos observadores sigan viendo la misma mesa de frente? La respuesta a esta visión aparentemente mágica de la mesa la da la perspectiva inventada por Brunelleschi, que descubrió la ley matemática que permite reflejar pictóricamente el hecho de que los objetos, al alejarse de nuestra vista, disminuyen de tamaño.

Brunelleschi

Brunelleschi

Tintoretto, bien conocido y admirado por Velázquez, fue un consumado maestro de la perspectiva, hasta el punto de habernos legado una de las grandes obras maestras de la pintura, y no sólo por razones técnicas: también por ser un pionero de “la pintura dentro de la pintura”. El perro que aparece en el cuadro en un primer plano, expresión máxima del naturalismo, es copia de un original de Jacopo Bassano —Museo del Louvre— y antecedente del que el propio Velázquez pintó en Las meninas.

El lavatorio de Tintoretto, aunque concebido inicialmente para una iglesia de Venecia, y después trasladado a Londres, no podría haber encontrado mejor destino final: a escasos metros de Las meninas y en el centro de una exposición única a lo largo de la historia, que volvió a juntar las obras maestras de Tintoretto en el mejor espacio escénico posible: el Museo del Prado.

Twitter| @jbanegasn

Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”

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