Ciencia, Neurociencia 


La memoria implícita y el misterio de los sexadores de pollos

Los mejores sexadores de pollos del mundo son japoneses. Cuando nacen los polluelos, las grandes empresas comerciales generalmente los dividen entre machos y hembras, y la práctica de distinguir entre los dos géneros se conoce como sexar los pollos. Es un procedimiento necesario porque los dos géneros reciben un programa de alimentación diferente: uno para las hembras, que con el tiempo producirán huevos, y otro para los machos, de los que normalmente se deshacen debido a que no pueden poner huevos; sólo unos pocos machos se conservan y se engordan para producir carne. De modo que el trabajo de sexador de pollos consiste en coger cada polluelo y determinar rápidamente su sexo a fin de escoger rápidamente en qué recipiente colocarlo. El problema es que la tarea es tremendamente difícil: los polluelos machos y hembras parecen exactamente iguales.

PolluelosBueno, casi exactamente. Los japoneses inventaron un método de sexar pollos conocido como examen cloacal, mediante el cual los expertos sexadores son capaces de determinar rápidamente a qué sexo pertenecen los polluelos que solamente tienen un día. Desde la década de 1930, los criadores de pollos viajan desde todo el mundo a la Escuela de Sexadores de Pollos Zen-Nippon, en Japón, para aprender la técnica.

El misterio es que nadie es capaz de explicar exactamente cómo se hace. Se basa en pistas visuales muy sutiles, pero los sexadores profesionales son incapaces de decir cuáles son esas pistas. Lo único que hacen es mirar la parte trasera del pollo (dónde está el aparato excretor) y simplemente parecen “saber” en qué recipiente depositarlo.

Y así es cómo los profesionales enseñan a los alumnos. El maestro permanece junto al aprendiz y observa. Los estudiantes cogen un polluelo, le examinar la parte trasera y lo arrojan en un recipiente o en otro. El maestro simplemente les dice sí o no. Después de llevar a cabo esta actividad durante semanas seguidas, el cerebro del alumno alcanza un adiestramiento de nivel magistral, aunque inconsciente.

Esta asombrosa y verídica historia pone perfectamente de manifiesto las características de uno de los procesos cognitivos más sorprendentes: la memoria implícita. Ésta, junto con la memoria explicita (en la que generalmente solemos pensar cuando hablamos de memoria, la que nos permite retener conceptos, aprender información, aquella que tiene un claro componente de esfuerzo y voluntariedad), conforman el conjunto de nuestra memoria, aunque ambas están claramente diferenciadas. Efectivamente, hay una parte de nuestra memoria, que es involuntaria, inconsciente y que nos permite nada más y nada menos que realizar la mayoría de las actividades de nuestro día a día. Gracias a nuestra memoria implícita, además de aprender esta curiosa profesión, podemos conducir, correr, leer, tocar un instrumento y una larga lista de actividades que realizamos de forma automática, y que difícilmente podríamos explicar de forma precisa cómo lo hacemos o cómo lo hemos aprendido.

*Más información| Incógnito, las vidas secretas del cerebro. David Eagleman

*Imagen| Polluelos

*En QAH| Un pensamiento es pura magia

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