Historia 


La memoria (II): Memoria individual y colectiva

 

Hace ya unos meses empezamos una serie que versaba sobre la memoria. Hoy la retomamos con un nuevo impulso, centrándonos en qué es memoria individual y qué la diferencia de la colectiva. Así mismo, intentaremos dar unas pinceladas de un gran debate que aparece en los años ’90 y que continúa en nuestros días: la ley de memoria histórica. Quiero recalcar que en estos artículos no se expone y se defiende mis opiniones, no. En estos artículos exponemos una serie de ideas, normalmente contrarias a la tónica general, para forzar a los lectores a pensar, reflexionar y, sobre todo, sacar sus propias opiniones. Ese es el objetivo último de estos breves escritos.

Imagen con la bandera franquista y republicana fusionadas

Imagen con la bandera franquista y republicana fusionadas

En el anterior artículo nos centrábamos en qué es la memoria colectiva. Recordemos su definición en un breve párrafo para poder observar más claramente la diferencia entre ambos tipos de memoria.

La memoria colectiva, social o, en mi opinión, mal llamada “histórica”, no es una herencia que se recibe y que se conserva inalterable. Esta memoria es un flujo de imágenes que es modificado por el paso del tiempo atendiendo a las necesidades del presente. ¡Claro que en esta memoria hay algo de heredado!, pero es, en su inmensa mayoría, una creación. Esto es muy sencillo de comprender si entendemos que nadie recuerda lo sucedido fuera del tiempo de su experiencia vivida, por lo que reconstruimos en otro/s relato/s un relato heredado. En esta creación se modifican los acontecimientos resaltando aquello que interesa en el presente y olvidando u obviando aquello que no interesa. La creación de esta memoria “histórica” es inevitable que entre en conflicto con la propia historia.

En contra posición, la memoria individual es autobiográfica, es propia del individuo que ha experimentado un acontecimiento en el pasado. Mientras que la memoria colectiva es una creación y, en cierta medida, un adoctrinamiento con el fin de crear una identidad; la memoria individual es propia y diferente al resto. Es una memoria vivida.

Mientras que la memoria individual depende de las experiencias vividas, la memoria colectiva depende de las ideologías, es una construcción del poder absoluto. Por lo tanto, a priori, la memoria colectiva no es Historia como tal.

Una vez aclarado este punto, ya de por sí controvertido, entramos a aclarar lo que se viene conociendo en el mundo científico como “memoria antifascista”, definida por Santos Juliá en su artículo Tres apuntes sobre memoria e historia.

Un estado democrático no puede diferenciar en su memoria histórica entre quienes padecieron persecuciones y violencia por razones políticas, ideológicas y/o religiosas. Para honrar la memoria de unos no se puede deshonrar ni ocultar a los otros. La historia es pluralidad de interpretación. Esto puede molestar a quien buscan un relato único, pero este pluralismo de la historia no solo no es inevitable sino que es deseable, pues si caemos en el error de menospreciar u deshonrar la memoria de un grupo no estamos haciendo historia, sino memoria de unos cuantos para unos cuantos. Esto no quiere decir que busquemos la aquiescencia, ¡por dios que nadie me entienda eso! Es obvio que hubo millares de muertos en la zona republicana, personas perseguidas por su condición social, por su religiosidad, etc., miles de muertos en la retaguardia republicana a causa de los “paseos” y las “sacas”. A este episodio se le ha denominado “Terror Caliente” y fue igual de duro que el que nos han vendido de la zona franquista. Buscar a estas personas no es, como he dicho anteriormente, buscar la aquiescencia. Es buscar lo que ocurrió, la verdad, la historia; y un estado democrático debe ser consciente de ello y aceptar su historia. La Historia es para todos no para un bando. Tampoco podemos recurrir a que estos muertos son fruto de una “violencia legítima” ­­–antifascista y democrática– ante una violencia ilegítima y fascista. Una respuesta a la violencia que va en contra del orden establecido…entonces ¿las “sacas” y los “paseos” republicanos son a favor del orden constitucional? ¿Y la revolución socialista y anarquista que se fraguó en la retaguardia republicana? Seamos honestos, las investigaciones históricas nos lo han demostrado, el POUM, la CNT, el PSOE, la UGT y el PCE no lucharon por la república. Lucharon por llevar a cabo una revolución social.

Actualmente, y no solo en España, se utiliza la memoria para ganar en el presente las batallas perdidas en el pasado, tal como nos dice Santos Juliá. Reducir todo a una confrontación entre violencia legítima contra violencia ilegitima es leer una guerra de mediados del siglo XX en clave democrática del siglo XXI. Dejemos que la historia y los historiadores hagan su trabajo. Dejémosles investigar los sucesos tanto de un bando como de otro. Dejemos de ver la guerra como el presente.


En colaboración con QAH.com| Mundo Histórico

Vía| Juliá, Santos. (2010). Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX. Barcelona: RBA

Casanova, Julián. (2014). España partida en dos. Breve historia de la guerra civil española. Barcelona: Crítica.

Imagen| Bandera franquista y republicana fusionadas

En QAH| ¿Qué es la memoria histórica?; La memoria (I): La memoria y su relación con la historia

 

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