Historia 


La memoria de las mujeres duramente reprimidas en el franquismo

 La represión franquista en la posguerra hacia las mujeres tuvo su base en hacerles pagar su compromiso y su actividad en los años de la República, que les había convertido en ciudadanas de pleno derecho y con la posibilidad de acceder a la vida pública. Hubo mujeres en el frente y una vez finalizada la guerra, organizaron movimientos antifascistas, trabajaron para el Socorro Rojo, se implicaron en  organizaciones juveniles y militaron en los principales partidos.

Muchas mujeres fueron encarceladas, en  su mayoría jóvenes, casadas y con un grado escaso de militancia política.  Un importante número de las que fueron encarceladas en 1939 fueron juzgadas con relativa rapidez y condenadas a muerte. A partir de 1940, para lavar la imagen del régimen de cara al exterior, se crearon las Comisiones de Examen de Penas. Esto produjo que en algunos casos, las penas de las mujeres condenadas a muerte fueran conmutadas por la pena inmediatamente anterior y posteriormente revisadas por la Comisión Central de Examen de Penas.

Mujeres rapadas por escarnio público ante la mirada de un sacerdote.

Mujeres rapadas por escarnio público ante la mirada de un sacerdote.

Respecto a los hijos de las presas, si lograban resistir las malas condiciones de vida en la cárcel (sin higiene, mala alimentación, carentes de atención sanitaria de ningún tipo…) podían  acabar en manos de familias leales al régimen que o los adoptaban  ilegalmente o los concentraba en instituciones benéficas que les hacían olvidarse de su familia.

Tampoco fue fácil la supervivencia para las mujeres que tenían familiares en la cárcel. Fueron obligadas a la trashumancia por la continua movilidad de los presos, a buscar comida para llevarles, a ocuparse de los hijos o nietos, a buscar avales que las autoridades locales y los poderes fácticos les negaban. La lucha por sobrevivir llevó a las mujeres a incurrir en la ilegalidad (estraperlo, mercado negro…).  Se dio la enorme paradoja de que los presos, con su trabajo en el interior de la cárcel, contribuyeron a equilibrar la economía familiar.  El trabajo de las reclusas en el interior de la cárcel (lavar ropa, coser…), era concebido como una forma de “redimir” la pena y en la práctica fue un lucrativo negocio para los intermediarios que regentaban las prisiones.

También hubo mujeres fusiladas tras pasar por el Consejo de guerra y mujeres ejecutadas que acabaron en las cunetas. El caso más conocido de mujeres fusiladas fue el de las Trece Rosas. La reciente apertura de fosas por medio de la Ley de Memoria Histórica (2007) ha revelado la presencia de mujeres en las cunetas en un porcentaje superior al que hasta hace poco se conocía. Mención aparte merecen los episodios de violencia sexual, imposibles de cuantificar y con una doble moral imperante en relación con las prostitutas. En las cárceles las mujeres también fueron torturadas pero para ellas existía un tipo específico de vejación: la violación.

“Las Trece Rosas” el 2 de Agosto de 1939.

Además de las ejecuciones directas, había que considerar las repercusiones indirectas de la política de terror, con sus secuelas de desconfianza, inseguridad e imposición sin paliativos de las consignas del Nuevo Régimen en todos los órdenes de la vida. Estas repercusiones indirectas afectaron especialmente a las mujeres que debían de cargar son su pasado republicano. Las condenas del franquismo, por lo general, no fueron largas (los condenados de 20 a 30 años salieron entre 5 a 10 años de cárcel) pero a quien salió de las cárceles, el régimen le aplicó un “buldog”, un perro de presa que ya no soltaría al expreso mediante detenciones, cartas, visitas, tensión y miedo permanentes.

Muchas mujeres tuvieron que partir hacia el exilio, pero su supervivencia a pesar de estar fuera de España, no fue fácil. Existe un número elevado de testimonios que hablan de la supervivencia en Francia, en los campos de concentración, de la coyuntura bélica que vivieron en la URSS, las peripecias del exilio en Bélgica y en otros países europeos o las peculiaridades del exilio en México. Muchas mujeres fueron víctimas directas de la represión nazi. En el campo de concentración de Ravensbrück fueron deportadas españolas. También algunas formaron parte de los “trenes de la muerte” como por ejemplo el tren de Angulema que llegó al campo de concentración de Mauthausen. Las mujeres y niños menores de 13 años fueron reenviados a España, pero un altísimo porcentaje pereció debido a las condiciones del campo y a las del trayecto. Las autoridades franquistas no hicieron nada por evitarlo.

Otra manera de represión en las mujeres era el estigma social producido por el contacto con hombres republicanos. Para lavar su imagen muchas de ellas tuvieron que acceder a un proceso de “higiene social” ejerciendo los trabajos más duros para sobrevivir. Algunas se vieron obligadas a ejercer la prostitución, otras fueron humilladas mediante el corte de pelo al cero, la ingestión de aceite de ricino, el escarnio público, la obligación de barrer las calles del pueblo o de limpiar la iglesia.

Hubo familias enteras que fueron  privadas de su patrimonio. Todo aquel encarcelado o exiliado que tuviera a su nombre una propiedad que intervenir fue sistemáticamente investigado. Muchas de las mujeres expedientadas tuvieron que responder por los varones ausentes.

Gran parte del colectivo femenino castigado por la represión posbélica sufrió de una depuración profesional. El sector más evidente fue el de las maestras ya que era una profesión tradicionalmente ejercida por las mujeres. También alcanzó al personal del Cuerpo de Prisiones (se vio disminuido en un 50 %), al de las funcionarias de Correos y a las pocas mujeres periodistas de la época.

Por último debemos hablar de la situación de las viudas. Debido a la situación del mundo rural donde todos se conocían, muchas mujeres nunca se casaron porque habían sido novias de un “rojo”.  Lo más destacable era la diferencia de trato según la ideología de las viudas. Las mujeres del bando vencedor podían honrar dignamente a sus muertos e incluso ver sus nombres grabados en piedra en las fachadas de las iglesias. Mientras que las mujeres del bando perdedor no dispusieron en la mayoría de los casos de una simple tumba a la que llevar sus flores.

Aunque muchas no pudieron soportar la presión y optaron por el suicidio, la semilla de esas mujeres ha pervivido en el tiempo. Hoy en día el compromiso del colectivo femenino es ya una realidad.

Vía| “El precio de la militancia femenina: acción política y represión”, del libro: EGIDO LEÓN, Á. y FERNÁNDEZ ASPERILLA, A. (eds.), Ciudadanas, militantes, feministas. Mujer y compromiso político en el siglo XX. Madrid, Eneida, 2011, pp. 47-74.

Más Información| “Las rapadas: El franquismo contra la mujer (Siglo XXI de España General), Enrique González Duro.” “Mujeres y Madres En El Franquismo (1939-1945), Paula Andrea Trillo.”

Imagen| Mujeres rapadas Las Trece Rosas

En QAH|La Universidad española durante la dictadura (I): de la apatía a la acción

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