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La maleta de los comienzos

Agosto se fue, tal y como vino, paso a paso, día a día, trayendo consigo un nuevo comienzo. Un nuevo principio que se abre ante ti cargado de posibilidades, un septiembre virgen e inexplorado, un libro con las páginas en blanco que sólo tú puedes escribir. ¿Estás preparado?

La vida continúa, más rápido de lo que imaginarías jamás, el pasado es un capítulo con punto y final, con párrafo de cierre, con saliva en las esquinas, tuvo su momento, el momento ahora es tuyo. Nuevas amistades, responsabilidades, estudios, trabajo, amor, en definitiva, un sinfín de oportunidades, de aventuras que te embarcan en un nuevo viaje hacia un destino desconocido.

Tu maleta está sobre tu cama, abierta de par en par, vacía, esperando a ser colmada de todo lo que creas necesario para afrontar este desafío. Pero tan sólo puedes meter lo esencial, el equipaje debe ser cómodo, la ropa siempre puede lavarse, las ideas no. La confianza es lo primero que debes meter dentro, al fondo, como base y sustento de aquello que debes colocar en la cima, pues solamente así conseguirás que la estructura del mañana se mantenga firme. A continuación, doblada, para que no ocupe más espacio del que debe, sitúa la resiliencia, te será útil a la hora de superar pequeños obstáculos que te harán tropezar en tu camino.

El orgullo, tan sólo una dosis, en frasco pequeño, al lado del paquete certificado que contiene barritas de valentía. La satisfacción puedes enrollarla y meterla dentro de ese par de zapatos de repuesto, el izquierdo es decisión, el derecho entusiasmo.

La maleta de los comienzos

La maleta de los comienzos

En el neceser te recomiendo que guardes aquello que pueda ser necesario para tu higiene espiritual, un cepillo para que puedas pensar siempre antes de pronunciar palabras desafortunadas, una toalla para quitar de tus cielos los chaparrones que empapen tu rostro, un frasco de colonia lleno de recuerdos y, lo más importante y al mismo tiempo lo más pequeño, un espejo en el que siempre te veas a ti mismo y, por lo tanto, bien.

 

No guardes nada en los bolsillos pequeños, ni cabe, ni querrás que tu alegría o tu motivación queden aplastadas, o peor aún, que se caigan y acaben pisoteadas en la terminal.

No te olvides de poner tu nombre y tus apellidos en la etiqueta que se aferra a tu equipaje, pues es lo más valioso que cualquiera puede llevarse consigo.

Y ten por seguro que ningún comienzo desaparece, ni siquiera después de los finales.

Imagen| La mente es maravillosa

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