Historia 


La magia en la Edad Media (II)

El mes pasado comenzábamos nuestra serie temática sobre la concepción de la magia en la Edad Media. Si en el artículo de abril hablamos sobre el período altomedieval, este mes nos sumergiremos en los siglos pleno-medievales, más concretamente los siglos XII y XIII, donde se producirá un proceso de aceptación de una parte de la magia.

Roger Bacon

Roger Bacon

Esta segunda etapa se caracteriza por ser un período de conciliación entre la religión, la ciencia, la filosofía y la “magia”. A partir del siglo XII comenzaron a llegar a Europa numerosas traducciones de textos clásicos y sus respectivas lecturas realizadas por autores árabes. El renacer del conocimiento científico empujó a numerosos autores a investigar, creando la necesidad de probar algunas teorías a través de la experimentación. Gracias a estos nuevos saberes y al mejor conocimiento del medio natural y sus relaciones, la magia natural comenzó a ser reconocida, desprendiéndose así del halo negativo otorgado en siglos anteriores. Recurriremos, pues, a la distinción que Guillermo de Auvernia, obispo del siglo XIII, hace de la magia: magia natural y magia diabólica, aunque cabe entender que los límites entre ambas no estarían muy bien marcados. De igual modo podemos diferenciar dos tipos de ciencia: la lícita y la ilícita. La magia natural estaría dentro de la lícita, mientras tanto, dentro de la no lícita estarían el determinismo astrológico, pues entraba en contradicción con el libre albedrío y la omnipotencia divina, la invocación a los demonios por medio de conjuros y sacrificios, la contaminación de observaciones astrales con círculos, figuras, caracteres sin sentido, fórmulas necias y súplicas irracionales y el uso de medios fraudulentos con ayuda de cómplices y trucos de manos. Como se puede imaginar, estas últimas actividades no lícitas se asociaban a la figura del mago o adivino. Y si la diferenciación real no estaba tan clara, ¿cómo y quién podía desentrañar esta división? Son los filósofos los que deben llevar a cabo esta tarea, pues ellos poseen la experiencia necesaria para diferenciar entre los saberes lícitos y no lícitos. Santo Tomás es un ejemplo de esto, pues justifica el acercamiento a los conocimientos ocultos siempre que sea para confutarlos.

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“Dracunculus vulgaris” o Dragontea

¿Qué entendemos por magia natural? La magia natural es aquella que se relaciona con los elementos naturales, bien sean vivos o inertes, como las propiedades de las plantas y las piedras, los animales o los metales. Se describe como aquella rama de la “ciencia” que se ocupa de desentrañar las virtudes ocultas implícitas en los elementos nombrados anteriormente. Pero, ¿qué son las virtudes ocultas? Representan lo que no se puede explicar a través de su estructura física. Como bien apunta Kieckhefer, «un poder se calificaría de oculto si estuviera basado en alguna característica simbólica del objeto que poseía ese poder, y no solamente en su estructura interna» (KIECKHEFER, p. 21). Es decir, el poder oculto del elemento puede devenir de sí mismo, como la dragontea, que tiene ese nombre porque sirve para tratar las mordeduras de serpiente, o puede venir del exterior, bien sea de los astros o de la propia divinidad, como la capacidad de algunas gemas para proteger de infortunios cuyo poder vendría dado de los astros.

Son bastantes los autores que se pronuncian sobre esta nueva bifurcación de la magia, bien hay que tener en cuenta que la propia palabra, magia, seguirá usándose con una connotación negativa. Alberto Magno, defensor de una ciencia más experimental, dirá que si se conocen bien estas propiedades ocultas se podrá alcanzar por medio natural lo mismo que se consigue por medio de las artes mágicas.

Como se ha podido observar, no se ha incluido la astrología dentro de la magia natural ¿Qué opinión le merece a los filósofos medievales? Como bien se ha dicho unas líneas arriba, el determinismo astrológico estaba concebido como un saber ilícito pero desde la Alta Edad Media se pueden ver ciertas ambigüedades. Se aceptaba la idea de que el cosmos era un organismo vivo donde sus elementos se influenciaban y relacionaban. Dentro de lo que conocemos como astrología, podemos decir que se aceptaba la idea de que los astros sí ejercen algún tipo de influencia sobre los seres humanos pero que estos, con el conocimiento necesario, son capaces de superarla, zanjando así la disyuntiva del determinismo astrológico.

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“Alquimista en su laboratorio”. Miniatura extraída del manuscrito “Janus Lacinius”, 1583.

Por último, no podemos olvidar a la alquimia, pues el método experimental fue clave para el mejor conocimiento del mundo. Su principal objetivo es descubrir el elixir o piedra filosofal, entendida como «La perfección manifiesta de los esfuerzos del filósofo, es decir, la materialización del espíritu». La alquimia tiene una base aristotélica y escolástica pues defiende que toda materia se puede reducir a los cuatro elementos primordiales: agua, fuego, aire y tierra y estos, a su vez, se podrían reducir a la materia primera: oro y plata. Además los metales estaban íntimamente ligados a los planetas. Roger Bacon y Alberto Magno son, quizás, las principales figuras del método experimental.

En esta segunda etapa hemos visto como la ciencia ayudó a la “recuperación” de una parte de la magia que al principio se consideraba diabólica. En nuestro siguiente artículo veremos la transición desde esta etapa hacia la Baja Edad Media, cuando por una serie de motivaciones se producirá el renacer de la nigromancia y comenzarán las cazas de brujas.

En colaboración con QAH| Las Hojas del Bosque

Via| KIECKHEFER, R.: La magia en la Edad Media. Barcelona: editorial Crítica, 1992/ GIRALT, S.:Magia y ciencia en la Edad Media: la construcción de los límites entre la magia natural y la nigromancia, c. 1230 – c. 1310.” en Clio&Crimen nº 8, 2011. pp. 14-72. 

Imágenes| Roger Bacon Dragontea Alquimista en su laboratorio

En QAH| La magia en la Edad Media (I)

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