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La magia de los fuegos artificiales

La magia de los fuegos artificiales se esconde tras unos principios básicos de la química escalonados en dos etapas y encerrados en algo tan simple como cartón o papel.

Las primeras referencias de pirotecnia usada para los mismos fines de hoy día (festejar alguna fecha relevante) datan del siglo VII en China. Pero los antepasados de los fuegos artificiales tal y como los conocemos hoy día empezaron un par de siglos más tarde con la invención de la pólvora, también en ese país. A pesar de que, en principio, tuvo aplicaciones exclusivamente militares para el disparo de proyectiles .

La primera pólvora fabricada fue la llamada “pólvora negra” la más usada y conocida. La pólvora es el elemento principal de la reacción química que se produce en las dos fases que dejan el cielo lleno de llamativas estelas de colores. Cada componente que forma la pólvora tiene una función específica en dicha reacción, el azufre modera la reacción, el nitrato de potasio actúa como oxidante y el carbón como combustible. El resultado es la producción de gases, fundamentalmente de dióxido de carbono y sulfuro de potasio. Éstos aumentan la presión del recipiente y son dirigidos por la estructura cilíndrica que los contiene para que se aproveche esa presión extra de los gases para lanzarlos hacia el cielo. Esto constituye la primera etapa.

Una vez en el aire, una segunda reacción química se desencadena (ahora tiene lugar la segunda y última etapa de la reacción química), también contando con la pólvora, la consecuencia son los sonidos, las luces y los colores y las formas que apreciamos en él. Generalmente son provocados por cobre, sales de litio, aluminio y titanio.

Los sonidos son producto de la explosión de la carcasa cuando la cantidad de gases es tal que es imposible para el papel o cartón retener por más tiempo su contenido.

Cada color se debe a un elemento o compuesto químico diferente:  el cobre tiñe los fuegos de azul; las sales de litio y estroncio producen de rojo; el aluminio y el titanio de blanco; el calcio de color naranja; el bario es para el verde; y por último el sodio sirve para colorear con tonalidades de amarillo.

Las formas dependen de las estructuras internas de los contenedores. Se deben recrear los patrones que quieran generarse en el interior de la carcasa, definiendo las formas geométricas elegidas y ordenando los componentes químicos.

Además de toda la química del asunto, no hay que perder de vista que estamos tratando con explosivos y por tanto hay leyes y medidas de seguridad que regulan la manipulación de este tipo de artefactos y que exigen estar cualificado para ello. Para lo que no se exige cualificación ni reglamentos es para disfrutar la manera en que iluminan el cielo por la noche en verbenas, ferias y fiestas señaladas.

 

Imagen| FuegosInterior

Vía| Wikipedia, Fuegos artificialesFormas

Más información | BOE Reglamento artículos pirotécnicos,  leyes y medidas de seguridad

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