Patrimonio 


La Madonna del Magnificat, de Botticelli

Autorretrato del pintor en ‘Adoración de los magos’

Sandro Botticelli es el nombre por el que popularmente se conoce al pintor del Quattrocento italiano Alessandro di Mariano di Vanni  Filipepi. Sandro nació en Florencia hacia 1444-1445, en el seno de una familia humilde de artesanos. Quizá por eso se inició en el arte de la orfebrería, oficio de gran prestigio en el siglo XV. Pero el joven cambió de planes y con 17 años entró en el taller de Fra Filippo Lippi, uno de los pintores florentinos más afamados del Quattrocento. Desarrolló un estilo muy personal, caracterizado por la elegancia en el trazo, su carácter melancólico y la fuerza expresiva de sus líneas.

Como integrante del brillante círculo intelectual y artístico de la corte de Lorenzo de Médicis, Botticelli recibió la influencia del neoplatonismo cristiano de ese círculo, que pretendía conciliar las ideas cristianas con las clásicas. Esa síntesis se expresa en La primavera (h. 1478) y en El nacimiento de Venus (h. 1485), dos obras realizadas para una de las villas de la familia Médicis, que hoy se hallan en la Galería de los Uffizi y que, probablemente, son las obras más conocidas de Botticelli. Aunque los expertos no han llegado a la interpretación definitiva de estos dos cuadros, sus elegantes personajes, que forman diseños lineales abstractos bañados por una suave luz dorada, podrían representar a Venus como símbolo del amor tanto cristiano como pagano.

Botticelli también pintó temas religiosos, principalmente tablas de Vírgenes, como La Virgen de la granada, La coronación de la Virgen  o La Virgen escribiendo el Magnificat que vamos a pasar a comentar.

 

Madonna del Magnificat. Botticelli, 1480-81. Galería de los Uffizi.

La “Madonna del Magnificat” es una obra pictórica de forma redonda (tondo), en la que se muestra una imagen del Niño Jesús, la Virgen María, algunos ángeles y personas del mundo terrenal pintados al temple. Tiene la peculiaridad de tener forma redonda a la cual se adaptan perfectamente los personajes. Este círculo se cierra en su parte inferior por las manos casi enlazadas de la Virgen y el ángel y en su parte superior la corona de oro, sostenida por dos ángeles, marca el punto de unión. En cuanto al color cabe destacar el perfecto contraste entre colores cálidos y fríos. Esta mezcla da como resultado la luz que proviene también del paisaje, creando  sensación de perspectiva y espacialidad.

Madonna del Magnificat. Botticelli, 1480-81. Galería de los Ufizzi.

Madonna del Magnificat, detalle.

Esta obra tiene una clara composición: si bien en el centro no aparece nadie (sólo el paisaje) son destacables  las figuras de Jesús y de María, que está inclinada cubriendo al Niño. La obra posee algo de simetría tal vez rota por la presencia de dos niños: aparece un ángel a la izquierda y otro a la derecha. La función de ambos es muy simple: sujetan la corona y potencian la forma circular de la obra. En posición semejante a la de María se encuentra una persona que realiza con dos niños lo mismo que María con Jesús. Es destacable la posición inclinada de algunas figuras. Esta posición recuerda a la ley de adaptación al marco del arte románico: las figuras tenían una posición que dependía de la forma del marco en que estaban insertas.

La obra tiene un gran dinamismo tal vez debido a la posición de las figuras, donde la presencia de grupos variados de personajes (ángeles−personas) evidencia la combinación entre el mundo terrenal y el celestial. Los rostros de todos los personajes son similares, tienen caras alargadas y están claramente idealizados.

Vía| ArteHistoria, BiografíasYVidas, SandroBotticelli.net, VirtualUffizi.com

Imagen| Isthar MitologíaWeb Gallery of Art

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