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La lluvia ácida: el agua “limpia” y la muerte de los lagos

“La lluvia cae. Lluvia de verano sobre la tierra. Lluvia nocturna. La oscuridad y calidez y el torrente de pasión.” James Joyce

Se llama lluvia ácida a aquella que presenta valores de pH inferiores a los de la lluvia normal (5.6). El pH es el medidor por excelencia de la acidez o basicidad de una disolución. Cuando el agua es pura tiene un valor de 7 (estado neutro), y cada bajada de unidad supone un aumento de 10 veces la concentración de protones (H+) y como consecuencia de la acidez.  Llegado a este punto podríais preguntaros: ¿si el agua pura presenta un valor de 7, y la lluvia habitual de 5.6, está realmente limpia?, ¿a qué se debe este aumento de acidez?

Esta ligera acidez se debe a que el CO2 presente en la atmósfera se transforma con las gotas de lluvia en ácido carbónico disuelto (CO32- + H+), lo que es inevitable. Sin embargo, el gran problema medioambiental que supone la lluvia ácida no se achaca al dióxido de carbono sino al aumento en las emisiones de otros óxidos. Concretamente estamos hablando de óxidos de azufre y nitrógeno (SOX y NOX) provenientes de diversas fuentes como pueden ser el transporte (por los gases liberados en la combustión de los motores), procesos industriales, eliminación de desechos sólidos, incendios, etc.

Estos óxidos sufren reacciones químicas con el oxígeno, ozono, iones hidroxilo y moléculas de agua que hay en la atmósfera para dar ácido sulfúrico y nítrico (H2SO4 y HNO3), que son absorbidas por las gotas de agua en las nubes. Posteriormente, cuando precipitan en forma de lluvia, nieve o granizo, estos contaminantes se ven arrastrados a la superficie terrestre. Así una parte  se deposita sobre plantas, suelos y edificios, y otra cae directamente sobre las aguas de ríos, lagos y océanos para comenzar de nuevo el ciclo hidrológico.

Por otro lado, aunque el nombre de a entender lo contrario, el daño a las personas por contacto no es directo. Los ácidos se encuentran disueltos y a muy bajas concentraciones a efectos de la piel. Sin embargo, sobre el resto de medios comentados la acción es mayor. Así por ejemplo, debilita a las plantas haciéndolas más vulnerables y alterando la acción fotosintética, degrada edificaciones, y es responsable de algunas muertes de lagos. En este sentido, un lago con gran variedad de fauna presenta un pH de 6,5 aproximadamente. Cuando se acidifica la población disminuye y con ello el número de aves que se alimentan de éstos. Al contrario, los insectos aumentan por acumulación pues los peces no se los comen. De esta forma, podemos decir que el lago está “muerto” cuando su pH alcanza el valor de 4,5.

En conclusión, si el problema ya es preocupante de por sí, se ve agravado por la falta de información y poca conciencia social que hay al respecto. Las emisiones de estos gases deberían reducirse en la medida de lo posible, por ejemplo mediante el uso de combustibles limpios como gas natural, o buscando fuentes de energía alternativas.  No obstante, siempre nos quedará mirar el vaso medio lleno, y decir: “al fin y al cabo, está en nuestras manos; en la tuya, en la mía, en la de todos”.

 

Más Información|European Environment Agency. Acidification, The European environment. State and outlook 2005

Imagen| Tu aporte, Kalipedia, Us Environmental Protection Agency

En QAH| Fisicoquímica de un copo de nieve: el hexágono natural

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