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La injusticia de nuestro sistema electoral

Los resultados de las últimas elecciones generales el pasado 20 de diciembre han puesto de manifiesto, como mínimo, una realidad en la que coinciden la mayor parte de los españoles: la ley electoral es tremendamente injusta. Esto es lo que hemos podido escuchar a lo largo de estos días, de forma incansable, en todo tipo de medios. Sin embargo, conviene hacer una serie de precisiones al respecto.12-mayo-08blog

Primero de todo, puntualizar que el sistema D´hont no es el culpable de todos nuestros males. Es cierto que tal y como está configurado legalmente nuestro sistema electoral, hay partidos que obteniendo más votos que otros tienen considerablemente menos representación que estos últimos. También es verdad, que este sistema realiza un reparto de escaños que beneficia a los partidos mayoritarios y perjudica a los pequeños, generando así una importante desproporción. Está diseñado para facilitar mayorías absolutas y la concentración de poder suficiente para sacar adelante iniciativas parlamentarias. Veamos con un ejemplo sencillo cómo funciona:

Imaginemos una provincia con tres diputados a repartir entre los partidos que han conseguido superar el umbral del 3% de los votos válidos emitidos que impone la ley (recordemos que cada una de las cincuenta provincias tiene asignados un mínimo de dos diputados, salvo Ceuta y Melilla que eligen uno cada una de ellas).

Partido A:   90.000 votos

Partido B:   60.000 votos

Partido C:   30.000 votos

Ahora dividimos el número de votos de cada partido por el número de escaños/diputados, es decir, por 1, 2 y 3. De los cocientes que salgan, se escogen los tres más altos y así los escaños se asignan por orden:

A:  90.000 (1)   45.000 (3) 30.000

B:  60.000 (2)  30.000        20.000

C:  30.000        15.000        10.000

El partido A se llevaría dos diputados y el partido B conseguiría el último, mientras que el C se quedaría fuera sin conseguir representación.

Pues bien, a pesar de esta desproporción, la auténtica distorsión en los resultados no la trae D´hont, sino el tipo de circunscripción que tenemos en España. Es el artículo 68.2 de nuestra Constitución el que establece que la circunscripción electoral es la provincia. Esta es la causa de que no todos los votos valgan lo mismo. La explicación es sencilla, los partidos pequeños que tienen el voto disperso entre varias provincias no suelen conseguir en la mayoría de ellas el porcentaje mínimo de representación para poder optar a un diputado. Los grandes, por el contrario, no suelen verse apenas afectados y además se favorece a los partidos nacionalistas o autonómicos que concentran sus votos en pocas circunscripciones (es el caso de CiU, PNV y Amaiur, por ejemplo). Con estos últimos es con los que se ve de manera más clara la desproporción, ya que partidos como Ciudadanos, IU y UPyD, teniendo muchos más votos totales que los partidos regionales, adquieren comparativamente hablando, mucha menos representación. Vemos que esto se solucionaría con una circunscripción única donde se tuvieran en cuenta el total de los votos con independencia de dónde se hubieran logrado. Algunas voces se muestran partidarias del punto intermedio: la circunscripción autonómica. Esta última mantendría las influencias regionales pero conseguiría un reparto más justo de escaños.

Sin duda la gobernabilidad es un aspecto sumamente relevante que debemos analizar cuando escogemos un sistema u otro y lo cierto es que D´hont, siendo propenso a favorecer las mayorías, por regla general la garantiza. Sin embargo, la magia de la democracia es precisamente la posibilidad de que las minorías políticas tengan la oportunidad de convertirse en mayorías y que ni las leyes ni los sistemas de escrutinio impidan la evolución política de la sociedad. En cualquier caso, una cosa sí podemos afirmar; y es que tras los últimos acontecimientos a la vista está que ya ni siquiera la gobernabibilidad está cien por cien asegurada. Nuestro parlamento dará buena prueba de ello en las próximas semanas.

Dicho esto, hay un último detalle que no se nos puede escapar antes de ir a votar. Los votos en blanco benefician a los partidos mayoritarios, ya que son considerados válidos para calcular el porcentaje mínimo del 3%, lo que hace que sean necesarios muchos más votos para conseguir cada escaño.

Finalmente y por desgracia, cuando escuchemos apelar al voto útil, debemos tener en cuenta que con nuestro sistema actual, el apoyo a partidos minoritarios en según qué circunscripciones puede no servir para nada. O sí. Aquí ya entra en juego la opinión personal de cada uno, pues no sería la primera vez que un voto útil a nivel electoral, se convierte en la cosa más inútil del mundo políticamente hablando. Al menos cuando vayan a votar, sepan que si lo que quieren es que los grandes partidos escarmienten tienen dos opciones: votar a una opción minoritaria o simplemente no ir a votar. De lo contrario, indirectamente estarán favoreciéndoles a ellos y contribuyendo a su continuidad en el poder.

Si quiere saber cómo habría quedado el Congreso si se cambiara la ley electoral pinche aquí.

Más info: La culpa no fue D´hont, La Voz de Galicia.

Imágenes: viñeta, El Economista.

 

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