Historia 


La influencia de la radio en el genocidio de Ruanda

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Refugiados huyendo de la guerra

El 6 de abril de 1994, el avión en el que viajaban los presidentes de Ruanda, Javenal Habyarimana, y el de Burundi, Ciprian Ntayamira, fue alcanzado y derribado por dos misiles justo antes de aterrizar en el aeropuerto de Kigali. Tras la muerte de estos dos mandatarios, extremistas hutus ruandeses iniciaron una sangrienta persecución contra los tutsi. Una masacre que terminó con la vida de más de 800.000 personas y en el que la emisora “La Radio de las Mil Colinas jugó un papel muy decisivo.

El papel en este caso de la radio fue muy claro, ya que fue empleada como un instrumento de propaganda de desprestigio. Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (una cadena extremista hutu de radio y TV) jugó un papel esencial en la masacre emitiendo mensajes en los que los Tutsis eran ridiculizado y despreciados. La milicia hutu fue informada por la RTML de los lugares donde estaban sublevándose los tutsis y de que estos debían ser eliminados.

A los hutus se les hizo creer que los tutsis debían ser eliminados y todo acabó con un terrorífico baño de sangre. La propaganda del odio fue tan efectiva que vecinos que habían vivido juntos en paz durante muchos años fueron asesinados por gente que ellos consideraban amigos. La gente, enloquecida, se convirtió en una enloquecida máquina de matar porque se les había hecho creer que el que vivía en la puerta de al lado era un peligroso y odiado enemigo. “Si un miliciano o un soldado pasaba junto a tu casa y te oía escuchar otra radio ue no fuera la de las Mil Colinas, por ejemplo la radio nacional o emisoras extranjeras, te daban muerte de inmediato. Había que agradarlos”, relata Léa, que vivía en un barrio al sur de Kigali.

La emisión de RTML durante el genocidio fue, además y por desgracia, brillantemente ejecutada. La emisora empleó expertos periodistas. La emisión se refirió a un contexto histórico conocido, apeló a la cultura común y a la religión, animó a acciones concretas, señaló ciudades específicas y masacres que añadían realismo. Las relaciones sociales eran importantes. Buena parte del contagio del pánico fue la excitación con que la gente se hablaba unos a otros.  “Los tutsis no merecen vivir: hay que matarlos-relata Léa al recordar mensajes radiofónicos-. Incluso a las mujeres y a los niños”

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Valérie Bemeriki en una imágen actual en la cárcel

La voz más característica de este genocidio fue la de Valérie Bemeriki, una famosa locutora de Radio Televisión Libre de las Mil Colinas. El pasado mes de abril José Antonio Guardiola, director de En Portada de Radio Televisión Española tuvo la oportunidad de entrevistarla en la cárcel. “Decíamos: están ahí. Y en cuanto decíamos eso, los asesinos se dirigían a aquel lugar y asesinaban a todo el que se encontrara por allí. Eso quiere decir que mataban a los niños, las madres, las abuelas, los viejos… A todos” relató con una voz serena. La principal arma que utilizaban era la despersonifiación, si conseguían que los hutus no llegasen a considerar ni siquiera como seres humanos a tutsi, sería mucho más sencillo para ellos argumentar esta masacre: “No mates a las cucarachas con una bala. Córtalas en trocitos con un machete”. Añadió: “Me arrepiento mucho, mucho. Y me hace estar mal. Cuando sé de alguien que ha muerto por alguna de mis emisiones, es un golpe muy duro para mí”.

Como consecuencia de esta masacre se registró uno de los mayores éxodos de refugiados de los que el mundo ha sido testigo, cuando unos 250.000 ruandeses cruzaron la frontera en Tanzania en menos de 48 horas. La atención entonces se desplazó del genocidio ruandés para concentrarse en la crisis de los refugiados de Tanzania. Es aquí donde se ubicó una iniciativa radiofónica de signo contrario, que nació justamente en el marco del mismo conflicto étnico. En 1995, en una de las organizaciones de refugiados que operaban en el oeste del país, en la localidad de Ngara, se creó Radio Kwizera con el objetivo de animar al diálogo y fomentar la paz y la reconciliación.

En la vecina Burundi, donde las tensiones étnicas eran también muy elevadas y la violencia era un hecho cotidiano en un clima de odio y desconfianza, la masacre ruandesa había puesto de manifiesto el poder que tienen los medios de influenciar los corazones y las mentes. La lección había sido aprendida y, en su afán de prevenir una repetición de aquella masacre, en Burundi la actividad periodística se orientó hacia la reconciliación.

 

Vía| Abc, Periodismo humano

Más información| Cadena Ser

Imágenes| El País, El Diario

En QAH| Los genocidios del siglo XX; El genocidio de Ruanda (I): sus causas 

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