Historia 


La increíble historia de el “Che” Guevara africano: Thomas Sankara

Thomas Sankara (1949-1987)  era alguien diferente. Comenzó la carrera militar muy joven, con solo 19 años. Desde muy pronto conoció las obras de Marx y Lenin y se sintió próximo a las ideologías de izquierdas. Sin embargo, en los años setenta era más conocido en la capital burkinesa por su buen hacer tocando la guitarra con el grupo Tout-à-Coup Jazz que por sus ideas políticas. En la Agrupación de Oficiales Comunistas, allá por el año 1976, comenzó a coincidir con otro militar llamado Blaise Compaoré, con quien compartía las mismas inquietudes.

Un golpe de estado organizado por Blaise Compaore hizo a Sankara presidente el 4 de agosto de 1983, a la edad de 33 años. El golpe de estado fue apoyado por Libia, que al mismo tiempo estaba presente en la guerra con Francia en Chad.

Sankara se definía como un revolucionario inspirado por los ejemplos de Cuba (en algunos escritos se le conoce como ‘El Che africano’) y el líder militar de Ghana, Jerry Rawlings. Su política estuvo orientada alrededor de la lucha contra la corrupción, el hambre, promoviendo la reforestación, la educación, la salud y los derechos de las mujeres.

Thomas Sankara y Fidel Castro.

Thomas Sankara y Fidel Castro.

Un año después de ocupar la Presidencia, Sankara decidió cambiar el nombre del país, que entonces se llamaba Alto Volta y rebautizarlo como Burkina Faso, que significa “El país de los hombres íntegros”. Y se puso manos a la obra. Algunas de sus medidas fueron:

Renunciar a todos los Mercedes Benz propiedad del Gobierno y convertir al humilde Renault 5 en el coche oficial, prohibir a los miembros de su gabinete volar en primera (“vais a llegar al mismo tiempo en clase turista”, dijo a sus ministros) o tener chófer, bajarse el sueldo y el de todos los funcionarios y negarse a disfrutar de aire acondicionado en su despacho asegurando que esto era un lujo al alcance de muy pocos.  En Ouagadougou, convirtió el depósito de provisiones del ejército en un supermercado del estado para todos (el primer supermercado en el país).

Promovió la salud pública con la vacunación de 2,5 millones niños contra la meningitis, fiebre amarilla y el sarampión. Se redistribuyó la tierra de los terratenientes feudales y se la entregó directamente a los campesinos. La producción de trigo aumentó en tan sólo tres años de 1700 kg por hectárea a 3800 kg por hectárea, lo que hizo el país autosuficiente en comida. Se opuso a la ayuda exterior, diciendo que “el que te alimenta, te controla”. Ideó la creación un frente unido de naciones africanas que rechazen pagar su deuda externa. Sostuvo que los pobres y explotados no tienen la obligación de devolver el dinero a los ricos y explotadores.

Obligó a los funcionarios públicos a destinar un mes de salario a los proyectos públicos y como presidente, bajó su sueldo a sólo 450 dólares americanos al mes y limitó sus posesiones materiales a un automóvil, cuatro bicicletas, tres guitarras, un frigorífico convencional y un congelador roto, además de la casa donde vivía con su familia.

Thomas Sankara rodeado por mujeres que ocupaban altos cargos en su gobierno

Thomas Sankara rodeado por las mujeres que ocupaban altos cargos en su gobierno.

El gobierno de Sankara incluyó un gran número de mujeres. Mejorar el estatus de las mujeres fue uno de los logros explícitos de Sankara, una política sin precedentes en África Occidental. Su gobierno suprimió la ablación de los genitales femeninos y  condenó la poligamia. También formó una guardia personal de mujeres motociclistas.El gobierno de Burkina Faso también fue el primer gobierno africano en reconocer el SIDA como una gran amenaza para África.

Mamadou Diouf, organizador del Foro Social Mundial de Dakar 2011, cuenta otra anécdota de Sankara: “Fue durante una reunión de la Organización para la Unidad Africana en Addis Abeba. En el receso para comer, Thomas llegó a la mesa que estaba preparada y vio allí toda aquella comida que rebosaba por fuera de las bandejas, apetitosa y humeante, las copas de cristal, el agua embotellada que costaba un dineral. Entonces se dirigió a uno de sus asistentes y le dijo que pidiera al servicio una bacinilla, que la llenara de agua del grifo y la trajera a la mesa. Luego dio dinero a otro miembro de la delegación de Burkina y le encargó que fuera a la calle y a la primera mujer que vendiera comida en la calle le comprara unos muslos de pollo y un poco de arroz. Ningún burkinés probó nada de lo que había en la mesa aquel día.  Sankara acababa de dar un discurso diciendo a los líderes del continente que la única manera de salir del subdesarrollo era consumir africano y era de los que pensaba que había que empezar por uno mismo”.

El 15 de octubre de 1987, cinco años después de su llegada al poder, fue asesinado por sus propios compañeros de revolución. La víspera de su muerte habló con Landing Savané (político senegalés)  “La gente no me comprende”, le dijo. “Thomas estaba muy preocupado por los antagonismos en el seno del Ejército. Sabía que se estaba preparando algo, pero él estaba decidido a llegar hasta el final, aquel día que hablamos él ya se sabía un mártir, estaba completamente aislado. Desde la óptica de sus compañeros, él había querido ir muy rápido con las reformas”.

El crimen, en el que también murieron otras doce personas, fue orquestado por el propio Blaise Compaoré, desde entonces y hasta el 31 de octubre de 2014, presidente de Burkina Faso, quien rápidamente revocó muchas de las decisiones adoptadas por Sankara e hizo lo posible por borrar su memoria. De hecho, su cuerpo fue desmembrado y enterrado en una tumba anónima.

Blaise Campaoré, a la izquierda de Sankara

Blaise Campaoré, a la izquierda de Sankara

Thomas Sankara, con su radical discurso del cambio, se había enfrentado a poderosas fuerzas económicas y políticas que acabaron por matarle. El imperialismo que tanto combatió lo llevó hasta la tumba. Él mismo lo vaticinó varias veces. En julio de 1987, durante una reunión de la OUA en Addis Abeba dio un recordado discurso ante los líderes africanos en el que reclamó la unidad de todas las naciones del continente para oponerse a pagar la deuda externa que ahogaba y mantenía en la pobreza y la dependencia a los ciudadanos.

“Si Burkina Faso es el único país que rechaza pagar la deuda, yo no estaré en la próxima conferencia”, dijo. Tres meses después dejó para la historia su famosa frase, “aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas”. Una semana más tarde ya estaba muerto. Hoy, 28 años después, multitud  de africanos no le han olvidado.

Vía| “El África de Thomas Sankara” Autor: Carlos Batá.  ThomasSankara.net

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