Historia 


La “impotencia” no probada de Enrique IV de Castilla

Ya estoy aquí de nuevo este caluroso domingo de verano para acercarnos a conocer a Enrique IV de Castilla, conocido despectivamente por algunos  como “Enrique IV el impotente”.

Enrique IV de Castilla, dibujado en un manuscrito por el viajero alemán Jörg von Ehingen

Enrique IV de Castilla, dibujado en un manuscrito por el viajero alemán Jörg von Ehingen

Enrique IV, nació en Valladolid en 1425. Era hijo de Juan II y María de Aragón. Su hermana Isabel (por parte paterna) fue proclamada reina a su muerte, mientras que su hermano Alfonso II le disputó el trono en vida.

El Príncipe Enrique

Tres meses después de su nacimiento, Enrique sería jurado como Príncipe de Asturias. En sus inicios como Príncipe, la situación de Castilla era compleja. El control de este territorio estaba bajo el mano de Álvaro de Luna, el cual puso toda su dedicación en la educación del príncipe. En estos primeros años, Enrique contaba con un gran amigo, protagonista de los acontecimientos que sucederán en Castilla años posteriores, hablamos de Juan Pacheco, amigo y hombre de confianza del que por entonces era Príncipe. Las luchas nobiliarias entre Álvaro de Luna y los infantes de Aragón serían constantes hasta la muerte por ejecución del primero en 1453.

Enrique IV 

Enrique IV de Castilla hacia 1463. Imagen contemporánea que decora un Privilegio Real firmado en Almazán el 29 de enero de ese año

Enrique IV de Castilla hacia 1463. Imagen contemporánea que decora un Privilegio Real firmado en Almazán el 29 de enero de ese año

Tras la muerte de su padre Juan II de Castilla en 1454, fue proclamado monarca de Castilla. Entre sus preocupaciones estaba controlar al rey Juan II de Navarra, para ello estableció paces con Francia y Aragón. Además, Enrique pretendió mantener buenas relaciones y alianza con Portugal, por ello se casó con Juana de Portugal.  En relación al Reino de Granada, lanzó varias incursiones que supusieron un gran desgaste para el reino castellano.

Entre tanto, Juan Pacheco, marqués de Villena, así como su hermano Pedro Girón, maestre de Calatrava, se encargaban de los asuntos de gobierno. El rey incluyó nuevos consejeros como Miguel López de Iranzo o Beltrán de la Cueva, este último tendrá su protagonismo especial en relación a la vida privada del monarca.

Política matrimonial

En relación a la política matrimonial de Enrique, se casó en 1440 siendo Príncipe con la infanta Blanca de Navarra, hija de Blanca de Navarra y Juan II de Navarra. Este matrimonio supuso un acuerdo para las negociaciones de amistad entre Navarra y Castilla. Quince años más tarde, declararían nulo este matrimonio justificándolo por la impotencia sexual de Enrique debido a un maleficio. Evidentemente,  la nulidad respondía a cuestiones políticas. Una de ellas de gran importancia, fue el arresto y ejecución de Álvaro de Luna en 1453 que supuso un mayor control político de Enrique sobre Castilla. Además, el por entonces Príncipe, intuyendo la inminente muerte de su padre, buscaba una excusa para romper su alianza con Navarra y acercarse a Portugal a través de un matrimonio con Juana, la hija de los reyes lusos.

Enrique alegó que había sido incapaz de consumar sexualmente el matrimonio, a pesar de haberlo intentado durante más de tres años, el periodo mínimo exigido por la Iglesia, y en mayo de 1453, un obispo declaró nulo el matrimonio a causa de ” la impotencia sexual perpetua”  que un maleficio había provocado en el castellano. El maleficio transitorio justificaría porque la impotencia solo afectaba al matrimonio con la navarra y no a relaciones futuras. Se incluía además el testimonio de varias prostitutas de Segovia que declaraban haber mantenido relaciones sexuales con el castellano.

El futuro Rey, aparte de los auxilios espirituales como oraciones y ofrendas, recurrió a todos los remedios posibles, desde brebajes y pócimas enviados por sus embajadores en Italia. Italia se la consideraba, la metrópoli de la ciencia erótica. Incluso hubo financiaciones exóticas para expediciones a África en busca del cuerno del unicornio.

Tras la proclamación de Enrique como Rey de Castilla, una de sus primeras preocupaciones fue sellar la alianza con Portugal, que se materializó en 1455 casándose de segundas nupcias con Juana de Portugal.  Las dos décadas de su reinado (1454-1474), los nobles hicieron y deshicieron a sus anchas debido a la ausencia de autoridad y justicia en Castilla.  La mayoría de nobles no reconocía ni respetaba a los privados del Monarca.

Juana la Beltraneja

Juana la Beltraneja

A esta situación, en 1462 nacía Juana, hija del monarca cuya paternidad se vio cuestionada durante el conflicto por la sucesión a la corona. El nacimiento de una heredera el 28 de febrero de 1462 despertó toda clase de suspicacias. La niña nacida fue considerada como el fruto de una relación extraconyugal de la Reina con Beltrán de la Cueva, el favorito del Rey, el cual no solo estaba enterado del asunto sino que supuestamente lo había incentivado para acallar por fin las acusaciones sobre su impotencia. Sin embargo, sigue sin encontrarse ningún documento ni prueba que pueda demostrar que Juana “la Beltraneja” no fuera hija del Rey.

Beltrán de la Cueva

Beltrán de la Cueva

El propio Rey debía tener dudas sobre la paternidad pues, tras enormes vacilaciones a la hora de defender los derechos dinásticos de Juana “la Beltraneja”, la firma del monarca en el pacto de Guisando de 1468, desheredaba definitivamente a su hija a favor de su hermana Isabel.  La razón esgrimida para dejar a la Infanta Juana de lado no era su condición de hija de otro hombre, sino la dudosa legalidad del matrimonio de Enrique con su madre y el mal comportamiento reciente de ésta, a la que se acusa de infidelidad durante su cautiverio. Y aunque el pacto fue posteriormente incumplido por ambas partes, las dudas del Monarca dividieron aún más a la nobleza castellana, que a la muerte de “El Impotente” en 1474, se pusieron de forma mayoritaria del lado de Isabel y Fernando durante la Guerra de

Sello real de Enrique IV, Museo Arqueológico Nacional

Sello real de Enrique IV, Museo Arqueológico Nacional

Sucesión Castellana, acaecida entre 1475 y 1479.

El conflicto concluyó en 1479 con la firma del Tratado de Alcáçovas, que reconocía a Isabel y Fernando como Reyes de Castilla y obligaba a Juana a renunciar a sus derechos al trono y permanecer en Portugal hasta su muerte.

(…) habían maculado su persona real, diciendo que no era hábile para reynar, y que era hombre efeminado, y que había dado de su voluntad la Reyna su muger á su privado Beltran de la Cueva, á quien hizo Duque de Alburquerque, cuya hija afirmaban que era aquella Doña Juana, y que era odioso á la justicia, y distribuia el patrimonio real á sus privados, y á quien ellos querian con gran prodigalidad y disolucion, y que era embuelto en luxurias y vicios desordenados y otras cosas feas; y que no solo las habian dicho, mas aun las escribieron por sus letras al Papa, y las publicaron por toda la Cristiandad.

Crónica de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel de Castilla y de Aragón

Vía|http://historia.aeu.es/ArchEspUrol/LVI(3)207-245.pdf, Suárez, L., Enrique IV de Castilla. Editorial Ariel. 2003.

Imagen|Enrique IV, Juana la Beltraneja, Beltrán de la Cueva, sello real

En QAH|Dos reinas, un solo trono

RELACIONADOS