Salud y Deporte 


La importancia de la nutrición en el rendimiento deportivo

Demasiado a menudo observamos como muchos deportistas dedican la mayor parte de sus esfuerzos al dominio y perfeccionamiento de la técnica de su deporte y a la mejora de la condición física, descuidando otros aspectos fundamentales como el descanso y la alimentación (entrenamiento invisible). Hemos de tener en cuenta la gran exigencia física a la que se ven sometidos diariamente los deportistas de élite, tanto en el entrenamiento como en la competición, y la posible repercusión en el rendimiento que podría ocasionar el no llevar una dieta acorde a sus necesidades energéticas. Pero, ¿hasta qué punto puede llegar a repercutir la alimentación en el rendimiento deportivo de un atleta?

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La dieta puede llegar a ser un factor determinante en el rendimiento del deportista.

Cada vez existen más evidencias científicas que sostienen la importancia de la nutrición y la dieta en el rendimiento deportivo. Para Hamm (1996), citado por Quesada y Beltranena (2002), la alimentación en el deporte de alta competición, junto con las condiciones genéticas, el entrenamiento y la motivación, supone uno de los factores más influyentes en el rendimiento del deportista. Costill, Maglischo y Richardson (1994) consideran esencial el control de la dieta con objeto de reponer los nutrientes esenciales para el correcto funcionamiento del organismo. De acuerdo con Olmedilla y Andreu (2002), una dieta adecuada no basta por sí sola para mejorar el rendimiento, pero una alimentación inadecuada podría producir efectos indeseables en el rendimiento del atleta. Una dieta equilibrada, en cambio, contribuye a mejorar la salud del deportista y le permite aprovechar al máximo sus potencialidades físicas en la búsqueda de una mejora del rendimiento deportivo (Blasco y Atienza, 1994; citados por Olmedilla y Andreu, 2002).

Por tanto, para poder afrontar con garantías el entrenamiento y la competición, los deportistas deben llevar a cabo una dieta equilibrada que proporcione todos los nutrientes esenciales: hidratos de carbono (HC), proteínas, grasas, agua, vitaminas y minerales (Baechle y Earle, 2007). Se estima que la ingesta de HC en un deportista debe suponer alrededor de un 50-65% del aporte energético total al día, las grasas deben proporcionar entre un 20-30% y las proteínas alrededor de un 10-15% del total de energía. No obstante, es necesario que el deportista no tenga únicamente en cuenta los macronutrientes que ingiere, sino también los micronutrientes (vitaminas y minerales), esenciales para el crecimiento y normal funcionamiento de las células y del organismo humano (Rodríguez y Pasqueti, 2004). A pesar de que las vitaminas y los minerales no constituyen una fuente energética, son fundamentales debido a su participación en los procesos de adaptación que se producen en el cuerpo durante el entrenamiento y la fase de recuperación (Palacios, Montalvo y Ribas, 2009).

Según Baechle y Earle (2007), los HC constituyen la principal fuente de energía para los músculos durante la práctica de actividad física, por lo que una dieta rica en HC será fundamental en la dieta de cualquier deportista. En cuanto al papel de las proteínas, Delgado, Gutiérrez y Castillo (1999) destacan su función estructural, facilitando la formación de un gran número de tejidos en el organismo. Por otro lado, las grasas, como en el caso de los HC, cumplen una función principalmente energética (Palacios, Montalvo y Ribas, 2009). Sin embargo, resulta paradójico que la mayoría de los deportistas reduzcan con bastante frecuencia la ingesta de grasas en su dieta, cuando en realidad ello no se traduce en una mejora del rendimiento deportivo; de hecho, Volek, Houseknecht y Kraemer (1997), citados por Baechle y Earle (2007), afirman que una dieta con un bajo contenido en grasas, o sin grasas, puede resultar perjudicial para la salud y el rendimiento del deportista.

En definitiva, no cabe duda de la necesidad de seguir una alimentación adecuada que permita al deportista rendir de forma óptima en su deporte, así como mantener un peso corporal adecuado a través de una ingesta energética que cubra su gasto calórico (Pérez-Guisado, 2009). Parece ser que una dieta inadecuada, en cambio, puede llegar a resultar muy perjudicial para la salud y el rendimiento del deportista. Por lo tanto, una dieta óptima, tanto para deportistas como para no deportistas, debe contener calorías, proteínas, grasas, carbohidratos, minerales y vitaminas en proporciones adecuadas; ya que parece ser que una dieta bien equilibrada puede suministrar las bases para la producción de energía durante la práctica deportiva.

 

Vía| Baechle, T., Earle, R. (2007). Principios del entrenamiento de la fuerza y del acondicionamiento físico. Madrid: Médica paramericana; Palacios, N., Montalvo, Z., Ribas, A. M. (2009). Alimentación, nutrición e hidratación en el deporte. Madrid: Consejo superior de deportes

Más información| Costill, D. L., Maglischo, E. W., Richardson, A. B., (1994). Natación. Barcelona: Hispano; Delgado, M., Gutiérrez, A., Castillo, M. J. (1999). Entrenamiento físico-deportivo y alimentación. De la infancia a la edad adulta. Barcelona: Paidotribo; Olmedilla, A., Andreu, Mª. D. (2002). Propuesta de intervención psicológica para el control de hábitos alimentarios en deportistas jóvenes. Cuadernos de psicología del deporte, nº 2; Pérez-Guisado, J. (2009). Rendimiento deportivo: composición corporal, peso, energía-macronutrientes y digestión. Archivos de medicina del deporte, 26 (136), 389-394; Quesada, J., Beltranera, M. M. (2002). Evaluación de la situación nutricional y alimentaria de los nadadores de la categoría “senior” de la selección nacional de Costa Rica. Revista de Ciencias del Ejercicio y la Salud, Vol 2, nº 2; Rodríguez, M. X., Pasqueti, A. (2004). Micronutrientes en deportistas. Revista de Endocrinología y Nutrición, nº 4, 181-187.

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