Coaching y Desarrollo Personal 


La importancia de la familia en la educación emocional

La implicación de la familia es fundamental para la educación emocional de los hijos e hijas. Educar emocionalmente significa desarrollar competencias emocionales y para ello la mejor forma de hacerlo es la emoción. Sin embargo, para ayudar a los más pequeños a desarrollar competencias emocionales, primero es imprescindible que se formen emocionalmente los educadores, en este caso refiriéndonos a la familia. Estos son los primeros que deben forzarse para manifestar competencias emocionales en sus comportamientos ya que, como modelos de comportamiento, tienen que ser conscientes de que los más jóvenes aprenderán más por lo que en ellos vean que por lo que se les diga. Así, como premisa, los adultos en las familias deben verse como motor de desarrollo de los niños y jóvenes.apego-vinculo1

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de competencias emocionales? Estas son “el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales” (Bisquerra, 2009; en Bisquerra, 2013: 205). El fin de trabajar esto en la familia no es sólo conseguir un hogar en el que se conviva de forma positiva, reduciendo los efectos negativos de algunas emociones como la ira o el estrés. También significa preparar a toda la familia (poniendo el foco en los más pequeños) para el presente y el futuro, ayudándoles a desarrollar, entre otras cosas: la conciencia emocional, la regulación de las emociones, la autoestima y autonomía emocional, el sentido de la responsabilidad, la tolerancia a la frustración, la aceptación de los límites y los fracasos, etc.

¿Y cuándo debemos comenzar la educación emocional en la familia? La educación emocional empieza antes de nacer. Debería empezar desde el momento en el que se es consciente del embarazo. El embarazo representa uno de los cambios vitales más importantes (tanto desde un punto de vista fisiológico como emocional) en la vida no sólo de la mujer, sino de todos aquellos que desde ese momento van a conformar la familia. Sin embargo, antes del nacimiento no se habla de la revolución emocional que un hijo/a supone. Así, es muy importante la relación de la pareja tanto antes, durante, como después de la llegada de un nuevo miembro a la familia y las competencias emocionales de cada miembro. Una vez llegado el niño/a ya es incuestionable la importancia del estado y clima emocional, pero no podemos dejar de destacar que las primeras relaciones con el bebé son un periodo crítico y básico donde el desarrollo del mismo se caracteriza por una enorme plasticidad y él se ve afectado tanto por lo bueno como por lo malo.

Por tanto, como familias, debemos recordar que cómo de preparados emocional y psicológicamente estemos, influirá en nuestro bienestar como personas, con nuestra pareja, con nuestros hijos/as y con todas aquellas personas con las que interactuemos. De ahí que la educación emocional sea de gran importancia y tenga un enfoque de ciclo vital, es decir, que no debe acabar nunca para ninguno de los miembros de la familia (ni para ninguna persona). Ya sea en niños/as o en adultos, el desarrollo de nuestra competencia emocional y sus estrategias es una materia de constante redescubrimiento y aprendizaje, pues en nuestro día a día no dejan de ocurrirnos cosas que nos afectan y debemos aprender cómo enfrentarnos a ello para garantizar nuestro bienestar personal con nosotros mismos, con los demás y ayudar a otros a su propio desarrollo emocional.

Vía|García Navarro, E. (2013) La educación emocional en la familia. En Bisquerra (coord.) Educación emocional. Propuesta para educadores y familias. Bilbao: Desclée

Imagen|La importancia de los padres.

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