Patrimonio 


La iconografía de los frescos minoicos

El arte minoico sigue levantando muchas incógnitas y pasiones a partes iguales ya que a día de hoy sólo lo conocemos parcialmente. Y no es porque no se hayan llevado miles de estudios al respecto, si no porque lo primero que tenemos que tener en cuenta al mirar una pieza de este periodo es que la gran mayoría fueron encontrados muy fragmentados, sobre todo en Cnosos, y restaurados, interpretados y hasta decontextualizados ya que algunos los podemos encontrar en el propio sitio arqueológico de Cnosos, otros en el Museo de Heráclion y los que restan en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Las restauraciones y restituciones fueron llevadas a cabo, en su mayoría, por los artistas Emile Gilliéron (padre e hijo) durante el primero tercio del s. XX y no estuvieron exentas de errores como demuestra el caso del Recolector de azafrán inicialmente interpretado como un chico y hoy en día reconstruido como un mono.

Lo más conocido es, sin duda, los frescos y pinturas murales características del período Neo-palacial (ca. 1700.1460 a. C.) que correspondería, según algunas de las teorías más extendidas, a una etapa de concentración de poder en Cnosos lo  que favoreció la aparición de villas señoriales y la reconstrucción de los palacios. Aunque también los encontramos por toda la isla como en Amnisos, Arcanes, Festo, Galatas, Hagia Triada, Kommos, Chania, Malia, Palikastro, Psira, Tiliso, Zakros ,en menor medida, fuera de Creta en Akrotiri y algunas documentaciones en Alalakh (Turquía), Quatna (Siria), Tel Kabri (ISRAEL) y Tell el-Daba (Egipto). La aparición de la pintura figurativa parece inicialmente ser un fenómeno característico de Cnosos inspirada en la monumentalidad de sus vecinos egipcios y orientales y puede agruparse en la representación de paisajes, animales y humanos en muchas ocasiones entremezclados. El azafrán y los monos azules son elementos recurrentes como elementos de conexión con la divinidad ya que el azafrán debió de ser una de las actividades económicas destacadas del mundo minoico y su periferia, para uso culinario, elaboración de tintes, perfumes, cosméticos o medicamentos, muchas veces en conexión con el mundo religioso tanto para hacer la vestimenta ritual, el maquillaje de las sacerdotisas y para combatir el dolor menstrual. Por eso no es raro que predomine en el Santuario de Xeste 3, dedicado al rito de paso femenino.

Es evidente que la temática iconográfica mionica es mucho más amplia. Podemos encontrar lirios que también estarían ligados a la mujer, animales fantásticos como grifos que cumplen una función protectora del poder divino, multitud de representaciones femeninas como las Mujeres de azul, gran cantidad de imágenes masculinas, casi siempre jóvenes semidesnudos de cuerpos atléticos y estilizados, de tipo ceremonial o procesional, las atléticas como las escenas de lucha o las más famosas escenas de taurocatapsia como manifestación religiosa como podemos ver en el conocido Fresco del Salto del toro de Cnoso.

 

Para ir acabando, cabe destacar la ausencia tanto de escenas de poder político como las escenas violentas o relacionadas con la caza o la guerra, tan del gusto micénico, y de las que cuentan muy pocos ejemplos. Estuviera o no relacionado con un poder monárquico, sin duda el palacio de Cnoso es el edificio que mejor refleja en sus paredes la importancia de las pinturas en sus contexto y para ello los frescos se localizaban en los espacios más representativos, como pasillos y estancias ceremoniales. El período Neo-palacial ya lo hemos visto, pero en el Palacial final (ca. 1460- 1350 a.C) tuvo lugar una alteración total de la estructura política cayendo en manos extranjeras pero que mantendrá y reforzará el mismo contenido iconográfico haciendo del toro un elemento recurrente. Sus representaciones se ubican en espacios tan importantes como las entradas y espacios que desconocemos su finalidad. Las escenas de acrobacias frente a toros, vinculadas a los jóvenes de la élite aristócrática o la importancia ritual de este animal en el terreno simbólico y sacrificial forman parte de este mundo profundamente marcado por la ritualidad. Así que, en conclusión, la religión impregna por completo la vida cotidiana y la representación de la naturaleza crea una conexión mística directa con el mundo divino. ¿Pudiera ser que la aparición de una nueva élite gobernante necesitase una autojustificación que se extendió con la aparición de la pintura figurativa como expresión de ellos mismos?

* Vía: Vivó, D. (febrero-marzo 2018). Un reflejo en las paredes. La iconografía de los frescos minoicos. Número(17), pp. 40-44.

* Imagen|Las mujeres de azul, Recolector de azafrán mono, Recolector de azafrán chico, Fresco de Xeste 3Fresco del Salto del toro de Cnoso, Toro de Cnoso.

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