Historia 


La humanista Olimpia

Centenares de nombres inundan nuestro pensamiento al evocar el Renacimiento italiano. Otras tantas imágenes de obras artísticas rodean nuestra mente. Algunas calles o monumentos de ciudades como Roma o Florencia son conocidas, aunque no hayamos visitado el enclave concreto. La resonancia que tiene el fenómeno cultural italiano, ha traspasado todas las fronteras temporales posibles. Nos resulta más familiar una pintura de Rafael, Miguel Ángel o Leonardo que cualquier acercamiento que han hecho a su obra siglos después, mucho más cercano a nosotros en el tiempo.

Sin embargo, no sucede en todas las categorías lo mismo. El género femenino sufre —como en muchas otras etapas de la historia— un gran vacío de difusión en la etapa renacentista. No faltan obras que nos recuerden figuras como Constanza Varano, Alessandra Scala o Cecilia Gonzaga, entre muchas otras mujeres cultivadas en las letras, todas ellas ligadas a grandes familias. El problema es el poco conocimiento que se tiene de ellas y el poco renombre que tienen en comparación a los más famosos artistas del Renacimiento. Por tal motivo, nos intentaremos acercar a una figura femenina renacentista, que dejó su huella en la historia.

En la corte de Ferrara, en las primeras décadas del siglo XVI, encontramos a una joven llamada Olimpia Morata (nacida en 1526/7), hija de Fluvio Pellegrino. El sitio no podía ser más idóneo para educar a una joven llena de inquietudes. Desde pequeña se percibió una avidez por el mundo de la cultura. Entre las amigas de Olimpia, estaban las camareras de la duquesa Renée, aunque su amiga íntima fue Ana, la hija de la mismísima duquesa.

Olimpia Morata

Retrato de Olimpia Morata

La educación de las dos inseparables amigas fue confiada a un humanista apodado en latín Sinapio. Era un alemán, en su lengua se llamaba Chilian Senf. Enseñó a manejar las dos lenguas clásicas (latín y griego), pero el origen y las creencias del alemán debieron influir en las inclinaciones intelectuales de Olimpia. Descuidó la lectura de los grandes autores cristianos, prefiriendo los clásicos latinos y griegos. Sinapio no escondió los escritos de San Agustín o San Jerónimo, pero nuestra joven protagonista prefirió hacer lecturas en público de Cicerón o escribir comentarios sobre Homero.

Cabe decir que Olimpia representó una singular excepción entre las mujeres que accedieron a la cultura. Todas tenían una gran predilección por la lectura de los escritores cristianos de tiempos pretéritos. Sin embargo, a los 29 años de edad, Olimpia ya elaboraba poemas y diálogos elegantes, donde se podían apreciar las lecturas de los maestros grecolatinos. También conservamos un epistolario suyo, con sus escritos más personales, prueba del exquisito manejo de la pluma.

El amor a las letras acabó llevándola hasta el Antiguo y Nuevo Testamento. Hemos dicho que no solía leer los autores cristianos, pero la Biblia era otra cosa, se encontraba a un nivel superior. Recordemos que hacía más de medio siglo que la innovación de Guttenberg repartió el libro sagrado del cristianismo por toda Europa. Fue la lectura incansable de la Biblia el principio del fin de su plácida vida.

Estatua de Olimpia en

Estatua de Olimpia en Schweinfurt

Fluvio Pellegrino murió en 1543. Tal año fue expulsada de la corte, que le obligó a irse de Ferrara casi sin ropa. Olimpia cayó en desgracia y su situación se agravó por las indagaciones que la Inquisición Romana estaba haciendo tras la chica. El acceso directo a la Biblia no gustó a los inquisidores. Mucho menos el descubrimiento de que tenía algunas personas cercanas a ella adheridas a las ideas protestantes (su propio padre, un amigo suyo llamado Celio Secundo Curione, su maestro Sinapio, el hermano de Sinapio y su futuro esposo Andrea Grunthler). Años antes, en un clima hostil hacia todo lo que no fuese católico, Olimpia empezó a ir al confesionario, pero nada le salvó.

Se trasladó con Grunthler a tierras alemanas (concretamente en Schweinfurt), desde allí escribió a los amigos que aun le quedaban en la península italiana. Entre ellos estaban sus amigas nobles, como Lavinia della Rovere, Cherubina Orsini y, como no, Ana de Guise. A todas ella les recomendaba leer obras de los reformistas alemanes. Tampoco olvidó sus amigos que estaba exiliados de Italia, como Curione o un tal Paolo Vergerio. A pesar de estar lejos de la orbita de la Inquisición Romana, las guerras de religión que asolaban las zonas centroeuropeas le afectaron irremediablemente.

curione

Amigo de Olimpia y editor de la recopilación de sus textos

En 1554 Olimpia enfermó de malaria y ya nunca más se recuperó. Tuvieron que huir de Schweinfurt a causa de un asedio. Su marido (se casaron en 1550) enfermó igualmente. La salida precipitada de su hogar les dejó con muy pocos recursos. Semanas después, la salud de Olimpia empeora. Nuestra protagonista no vería acabar el año 1555. Terminará su vida atendida por Grunthler, en la ciudad de Heidelberg.

Antes de morir, su devoción a las letras seguía intacto. Prueba de ello fue la carta que dictó desde su lecho mortuorio, para que fuese mandada a su amigo Curione, que vivía en Basilea, como editor. Unas letras muy tristes y emocionantes.

Te informo que no hay esperanzas de que viva por mucho tiempo. Ninguna medicina me alivia; todos los días y a cada hora mis amigos esperan mi muerte. Es posible que esta sea la última carta mía que recibas. Mi cuerpo y mis fuerzas se agotan; he perdido el apetito, día y noche la tos me amenaza y me ahoga. La fiebre es alta y no cede y los dolores que siento por todo el cuerpo me quitan el sueño. Adiós, excelente Celio, no te aflijas cuando te enteres de mi muerte. Te envío los poemas que he podido escribir de memoria desde la destrucción de Schweinfurt. Mis demás escritos han desaparecido. Te pido que seas mi Aristarco y que los pulas. Otra vez, adiós.

Tres años después de la muerte de Olimpia, Curione consiguió agrupar un volumen con los escritos de su amiga. El título de la obra póstuma rezaba así: Olympiae Fulviae Moratae foemina doctissimae ac plane divinae orationes, dialogi, epistolae, carmina, tam Latina quam Graeca.

Vía | KING, Margaret L, Mujeres renacentistas. La búsqueda de un espacio, Alianza, Madrid, 1993.

Imágnes | Olimpia, Curione, Olimpia en Schweinfurt

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