Cultura y Sociedad, Historia 


“La Historia Oficial”; Argentina y los horrores ocultos.

La Historia es algo apasionante, algo que siempre nos tiene sorpresas preparadas, algo con lo que entender la época que nos ha tocado vivir, pero también cuenta con un gran problema: a veces está contada de una manera tan árida que muchos desisten y se ven resignados a cerrar el libro que con tanta ilusión habían empezado.

Hoy hablaremos de un episodio fundamental de la Historia de Argentina: la Dictadura Militar (1976- 1983), conocida como El Proceso. Pero no usaremos datos, cronologías y fechas, sino algo más manejable: la película La Historia Oficial, dirigida por Luis Puenzo y ganadora del Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1985.

La cinta es protagonizada por una profesora de Historia llamada Alicia (Norma Aleandro), una mujer felizmente casada con Roberto (Héctor Alterio), con una hija pequeña y perteneciente a la clase alta argentina.

Ella permanece ajena a todo lo que sucede en su país en los últimos estertores de la cruel dictadura que ha promovido una persecución sistemática de todo aquel que tuviera una ideología liberal o de izquierdas; simplemente cree aquello que sale en los medios, la “historia oficial”, ignorando que personas son sacadas de sus casas por las noches y nunca más son vistas.

Todo cambia cuando llega su gran amiga Ana (Chunchuna Villafañe), que había estado de viaje por una larga temporada. Alicia sabía que el novio de Ana era un “subversivo”, en realidad, un simpatizante de izquierdas sin más, pero lo que no sabía es que los militares entraron en casa de su amiga y la encerraron en la famosa Escuela de Mecánica de la Armada, donde fue sometida a torturas, violaciones y vejaciones, como de 5.000 desaparecidos que estuvieron allí y de los que un 90% murió, bien fusilados o bien en los macabros viajes en avión que acababan con los pasajeros arrojados al mar o al Río de la Plata.

Pero lo que deja fría a Alicia es el testimonio de cómo los niños de las embarazadas eran sacados del vientre de sus madres para nunca más verlos. Y es que ella tiene una hija adoptada, supuestamente con todas las de la ley, pero es que su marido, el que se encargó de todo, resulta que fue uno de los que, como le dice su padre en una reunión familiar, prosperaron junto con los militares mientras todo el país se hundía. Eso la escama.

Pero lo que le hace despertar a la verdad, junto con sus insistentes alumnos y uno de sus colegas, es una de esas madres de la “Plaza de Mayo” que luchan por saber la verdad, por encontrar a sus seres amados. El parecido de la niña con la joven pareja desaparecida es innegable y ella empieza a investigar, a comprobar las irregularidades del sistema de adopciones… Pero sobre todo, empieza a sentir terror al considerarse cómplice del maquiavélico plan de la Junta Militar, la cual no dudó en cubrirse las espaldas antes de su caída, siendo castigada sólo de una manera parcial por todos los crímenes que cometieron.

El final es apoteósico, drama en estado puro, pero la película deja una reflexión a modo de canción en los labios de la niña, una reflexión sobre la necesidad de abrir los ojos, revisar la Historia y hacer justicia. La canción, de Elena Walsh dice así:

“En el país de Nomeacuerdo
doy tres pasitos y me pierdo.
Un pasito para aquí,
no recuerdo si lo di.
Un pasito para allá,
¡Hay que miedo que me da!
Un pasito para atrás,
y no doy ninguno mas.
Porque ya, ya me olvidé
donde puse el otro pie”.  

Vía| La Historia Oficial, Filmaffinity

Más información|Película  La historia oficial (1985), Luis Puenzo. Violencia política y terrorismo de Estado en Argentina  : del totalitarismo de José Uriburu, 1930, a la dictadura militar, 1976-1983 : una visión bilateral. José Manuel Azcona.

En QAH|Jósef Rudoph Megele o “Doctor Muerte” (I) y (II)

Imagen|La historia oficial,Madres de la Plaza de Mayo ante la Escuela Mecánica de la Armada 

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